lunes, 16 de octubre de 2017

Paseo de la Vida, s/n: Si no amanece....dialogamos

Paseo de la Vida, s/n: Si no amanece....dialogamos: Diálogo. ¿Pero que diálogo? ¿El del sí o sí? ¿El del cómo y cuando? Ningún diálogo puede apoyarse en la ruptura unilateral de ...

Si no amanece....dialogamos





Diálogo. ¿Pero que diálogo? ¿El del sí o sí? ¿El del cómo y cuando? Ningún diálogo puede apoyarse en la ruptura unilateral de las leyes democráticas establecidas. A eso, concretamente, se le llama sedición. Por más que una parte, y solo una parte que además no alcanza ni la mitad de los ciudadanos de Catalunya, haya emitido su opinión a favor de la independencia en un referéndum fraudulento y carente de todas las garantías, el Govern de Catalunya no tiene ninguna fuerza moral para exigir un diálogo dirigido a fracturar una realidad consolidada en un Estado de Derecho. Es un ejemplo palmario de un gran absurdo intelectual, que en román paladino  equivaldría a una gran "tomadura de pelo".

Por más que los tiempos que ahora vive el mundo en general se hayan vuelto menos rigurosos, en aras de una supuesta humanización de los usos y costumbres sociales, lo del  Ejecutivo catalán traspasa la falta de cordura ampliamente. Ninguna referencia, desde su sede, al delito de saltarse,  de manera reiterativa, las leyes nacionales y las propias de su Parlament, algo que es consustancial a todo aquel que comete cualquier tipo de delito: violo lo prescrito para obtener mi fin. Así que descartado ese sentido ético de la conducta todo lo demás huelga: es ilegalidad. Todo ser humano puede cometer actos delictivos, está en su propia naturaleza, pero quien ya los ha cometido flagrantemente es muy probable que reincida. Esto se sabe desde que el mundo es mundo.

Mi visión del problema es multifactorial, ya que no en vano soy catalán y he vivido la mitad de mi vida en Barcelona. Siempre hubo, sectorialmente, un rechazo a lo español y críticas despiadadas a los venidos de fuera, pero se mantuvieron en una equidistancia de convivencia fáctica. El horror al forastero fue una característica de las comunidades antiguas desde su establecimiento social, es decir, desde las cavernas. Con el eufemismo de xenofobia se han rebautizado estos fenómenos desde hace unas décadas aunque significando lo mismo: rechazo hacia aquellos que no tienen patente de corso tribal. Este sentimiento se ha amplificado con el otorgamiento, legal y democrático, de competencias políticas y administrativas. Pero todo ello no es la única causa. Hay más.

El "procés", intencionadamente, se ha ruralizado, haciéndose mucho más virulento fuera de los grandes núcleos urbanos donde persiste, de forma natural, un relativo aislamiento primitivo. Ya escribía sobre eso Josep Plá (denostado por los independentistas aunque sin duda la más lúcida pluma de las letras catalanas) y advertía de los atavicos payeses (Véase Viaje a pie). La generación siguiente, en gran parte, abandonó el campo y se estableció en las ciudades. De aquellos polvos estos lodos. Toda esa precariedad intelectual, desconfiada y torticera, dio un fruto nuevo, menos tosco pero igual o más resentido. Con el advenimiento de la modernidad, con la mejora del nivel vida, esas semillas ancestrales han brotado y crecido en un escalón superior, en los tiempos de la abundancia, pero sin dejar de mantener los perjuiciosétnicos.  Resultaría ocioso investigar en los orígenes, más o menos recientes, no solo de los conductores del secesionismo sino de los palmeros que les jalean para concluir que  se trata de una adoctrinada revolución campesina.

Por último aprecio en todo este desaguisado un componente de neurosis colectiva.  En concreto parece existir un contexto sediento de aventura dentro de una sociedad avanzada pero plana emocionalmente en donde nunca pasa nada que excite el super yo del subconsciente y en la que el hartazgo de ocios y pasatiempos ha desquiciado a ese sector que busca a toda costa algo más potente que hincarse en vena para obtener placer. Rozando la locura.

Curar este patología no es nada fácil. No hay medicación específica, en términos figurados, ni tratamiento quirúrgico erradicador aplicable para sanar este desafío. La evolución es imprevisible, como en toda enfermedad infrecuente, ya que el concierto de las naciones occidentales está por las uniones y no posee experiencia suficiente en el manejo de separatismos. No quiero pecar de reduccionista y permanecer esperanzado en que la normalidad institucional, al amparo de las leyes, resuelva la cuestión. Hay un problema que no es baladí y sí preocupante. Quizás sobran todos los políticos, de ambos bandos, para resolverlo y solo los ciudadanos sean capaces de poner fin a la pesadilla. Veremos de que forma.

martes, 26 de septiembre de 2017

El extraño caso del 1-O y Mr. Hyde



A mí todo el proceso secesionista me parece una conjura de necios, y lo extiendo al nacionalismo catalán y al nacionalismo español. Se trata de sectores, no de grandes colectividades. A lo largo de más de quinientos años España y sus habitantes han convivido y conocido penas y glorias en su conjunto. Ya es mucho tiempo. Cuando por fin continuamos el camino histórico como Estado de derecho, la más noble aspiración de cualquier pueblo que se precie de ser digno y respetable, eclosionan las furibundas minorías para romperlo todo y destilar odio. No es de recibo. La paradoja está servida.

En los sistemas tribales se atacan duramente las diferencias por el miedo a ser dominado y a ser conminado por lo desconocido o distinto. Es la primera derivada: la ignorancia. Las cosas no suelen quedar ahí, por desgracia, y la hostilidad crece en sus formas más deletéreas. Todo ello ya es bien sabido, sin embargo, nosotros no estamos en esa fase evolutiva. Somos una sociedad global que como ciudadanía ha dejado atrás esos atavismos, y somos mayoría los que creemos en el progreso simétrico de la Humanidad. Entonces...¿qué esta ocurriendo aquí y ahora?

Lamentablemente el ser humano es más vulnerable en su mente que en su cuerpo. Me parece que, parafraseando a Sakespeare, "algo huele a podrido en Dinamarca" en todo esto. De la inquina sectaria ha nacido un huevo de serpiente cuyo fruto es la transformación de los cerebros humanos en reptilianos. La situación económica y cotidiana no es. intrínsecamente , mala y sin embargo se esta viviendo como prebélica. Algo ponzoñoso ha ocurrido y se ha amplificado desproporcionadamente. No quiero pensar en una causa de bajas pasiones. No quiero pensar en una causa étnica excluyente. No existe conflicto religioso.  No hay ninguna razón consistente para tanto odio.

Propongo que ambas minorías  depongan su actitud, se estrechen las manos, y resuelvan civilizadamente los flecos discordantes, que en realidad son menores. Acudan a la sensatez sin romper nada, aunque cada bando quede insatisfecho, porque esa conclusión (la de aceptarse mutuamente) es un paso de gigante en la Historia.

La cultura del odio termina en tragedia. Siempre. Basta ya.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Turismofobia






Algo ha cambiado substancialmente en la percepción que tenemos  de los forasteros que nos visitan, los turistas. El sentimiento generalizado ya no es el de grata sorpresa e incluso de admiración  sino  todo lo contrario. Ahora cunde el hastío contra esas hordas que invaden todos los espacios de las ciudades, no solo los lugares de interés o emblemáticos, y esa desazón crece sin parar hasta generar acciones de repulsa explícitas. Lo estamos comprobando en los últimos meses aunque en verdad ya lleva fermentando unos años. Todos cuantos habitan  un territorio experimentan un antropológico  resorte tribal en mayor o menor grado, y aunque la civilización moderna ha incluido en su ética contemporánea la aceptación de los ajenos al sitio como turistas o transeúntes existe un dintel de tolerancia en el alma común de los lugareños. Este fenómeno es real y se pone en franca evidencia cuando se sobrepasan unos límites que amenazan con perturbar los usos y costumbres de los nativos.


La cuestión no es baladí. Sin entrar en maniqueísmos trasnochados reconozco que todos cuantos sobrepoblamos, como turistas, las ciudades, de alguna manera estamos interfiriendo en su normal desenvolvimiento cotidiano, aunque dejemos dinero con nuestra presencia. También, como no, lo pecuniario se convierte en una variable a contemplar dentro del rechazo al foráneo. Se trata, ni mas ni menos, que de un gran (o grandísimo ) negocio que sustenta la economía de muchos Estados, como es el nuestro. Todas las grandes fortunas, y el turismo lo es, generan controversia e insatisfacción en muchos ante la irregular distribución de las ganancias, y además, en este caso, se añade el enojo de quienes sufren las consecuencias negativas sin participar (al menos directamente) de los beneficios. 

Con este panorama, que no tiene visos de moderarse ni de reordenar la cuestión, el problema va a seguir creciendo. ¿Hasta dónde? Tiene que aceptarse que   la libre movilidad de las personas es un pleno derecho al que no se puede renunciar ni puede impedirse, pero  debe conciliarse con cierta sobriedad personal. Ocio por ocio es uno de los males de las sociedades occidentales y mejor es dejar ese bucle de aburrimiento infestando pueblos y ciudades porque no solo de hacer turismo vive el hombre.  

Llenar espacios concebidos y diseñados para el solaz descanso y el disfrute de unas vacaciones puede ser una opción válida, unos días desvinculados de lo cotidiano para cambiar de aires y gozar de lo natural (respetuosamente) o de lo artificial. Otra cosa bien distinta es invadir e incluso pervertir la vida de los vecinos, abarrotar las instituciones culturales o artísticas. alterar la paz ciudadana, o recorrer en tropel las calles y plazas. La cuestión exige soluciones ponderadas, pero sobre todo criterio cívico individual. 

Me declaro en contra del turismo de masas. Prometo no ir nunca a Nueva York (la he visto ya muchas veces desde mi casa) ¿Es eso turismofobia?


domingo, 20 de agosto de 2017

Lazos negros




Es una de plagas que nos toca sufrir en estos tiempos, aunque no la única. Siempre hay, en todas  las épocas, avatares sangrientos que duelen y hacen mucho daño sin que los seres humanos nos acostumbremos a ellos por más que se repitan, a veces hasta la saciedad. No existe inmunización contra el terror, y ese rechazo perpetuo y colectivo puede ser una de las virtudes más elevadas de las personas. Las guerras son otra cosa (aunque el terrorismo también es una guerra). Se entra en ellas en nombre de un país (justificada o injustificadamente) como acción extrema de una sociedad. Esa es la gran diferencia. Con estas nos suelen engañar pero con el terrorismo nunca. Matar es un acto repugnante en todo caso, incluso en defensa propia, aunque suponga la activación  "in extremis" del instinto de conservación. Sin embargo, el terrorismo es una gratuidad macabra que no admite excusas, por más que algunas mentes bochornosas lo traten de justificar incluso dentro del bando ofendido y aún condenando su realización. Son gentes desafectas y carentes de alguno de los órdenes naturales que la inmensa mayoría de los humanos llevamos en los genes, más allá de las impregnaciones filosóficas o religiosas  adquiridas a lo largo de milenios.

En las Ramblas y en Cambrils, el pasado jueves,  se produjo una violación execrable del derecho inalienable a la vida de las gentes a manos de unos elementos indignos de llamarse hombres, ni de llamarse animales siquiera (estos tienen bastante más ética de lo que suponemos que los asesinos). La esencia de este Mal, con mayúscula, obedece a una quimera repulsiva: apoderarse del mundo  para esclavizar a la especie humana bajo el yugo  de una teocracia dictatorial. Ya tuvimos una lección horrible en el siglo XX, cuando el nazismo intentó lo mismo, por otros medios, sin conseguirlo. De lo que no estoy tan seguro es de que  estos islamistas radicales no lo vayan a conseguir, a base de tiempo y de paciencia, salvo que todos al unísono pasemos a la concienciación real de ese peligro.

Dado que esto no es una guerra convencional, y de que no hay posibilidad de contrarrestar con armas bélicas la clara ofensiva, debemos pasar a otro tipo de acción: sin dejar de hacer con normalidad nuestras vidas hemos de mantener los ojos muy abiertos ante toda sospecha enemiga e informar a las fuerzas y cuerpos de seguridad. No se trata de un espionaje político, sino de una  acción  lícita y necesaria para protegernos entre todos. El cerco policial y la vigilancia, que me consta son firmes y continuados, no son suficientes. Todos hemos de ayudar y poner en alerta lo extraño y anómalo relacionado con esta ofensiva. Tampoco se trata de discriminar a los musulmanes ni de invadir sus vidas o sus actividades, nada de eso, sino de comunicar lo atípico o lo anómalo a las autoridades, y no solo acerca de esa respetable etnia  sino de cualquier circunstancia insólita proveniente de quienes quiera que  sean.

Los minutos de silencio, las oraciones, las banderas a media hasta, y los lazos negros, son símbolos necesarios de dolor y condena pero no suficientes. Si hemos incorporado a nuestras vidas la lectura repetitiva de las pantallas de nuestros móviles, varias veces al día, no parece imposible que dediquemos algunos minutos a mirar alrededor de nuestros pasos cotidianos e interpretemos lo que vemos. También vale como higiene mental y conexión (inalámbrica y gratuita) con nuestro entorno.

Ruego por todas y cada una de las víctimas de este atentado.

jueves, 29 de junio de 2017

Muchas, muchas, prohibiciones





- Perdone señor, pero están prohibidos los animales en esta terraza  -dice la camarera sin displicencia pero muy taxativamente´- Es la normativa sanitaria, lo siento. Aquí servimos alimentos y...

El lugar está en plena acera de una gran avenida por la que no cesa el tráfico, y hace calor, mucho calor.

- Me parece extraño porque en el bar de al lado nunca me han puesto pegas, aunque no hay problema. Me levanto y me voy, Lástima, me gustaba el sitio,
- Ya se que ha venido en otras ocasiones, siempre a esta hora, pero sin el perro. Son las leyes, ya sabe.

Se levanta y  toma la correa que sujeta al animal. Recoloca la silla y emprende camino. Ni un solo ladrido. Paso maniobra (como dicen los militares), paso jubilado (actualizado). Antes de desenfilar los toldos de la terraza el hombre hace una última aclaración.

- Deberían servirle algo al perro, si es que vuelve, solo, por aquí. Es mejor que su dueño, y creo que está mas sano. No fuma ni bebe. Yo no volveré más, ni con perro ni sin perro, pero si Cookie viene póngale lo que pida, que suele ser agua sin gas.

La camarera se queda estupefacta, algo contrariada, pero no indignada. La perrita es simpática.

-Y cárguelo a mi cuenta. Yo siempre pago.

viernes, 16 de junio de 2017

Más allá de la gastronomía hay vida inteligente





- Vive solo, y dígame...¿ que come usted un día normal?
- Siempre hago lo mismo. Todos los días del año -responde el anciano desde la cama de hospitalización-. Bueno, no es exacto, en Nochebuena  ceno con mis sobrinos,. me vienen a buscar ese día, y en Nochevieja voy al "Casal de los Viejos".

Es un anciano, si, pero no decrépito ni demenciado. Ha sido operado de hernia estrangulada y evoluciona bien. Eso da pie a departir con él, sin pretender ninguna encuesta nutricional. Es mas curiosidad del cirujano por adentrarse en el inframundo de los solitarios añosos que otra cosa.

- Veamos, entonces ¿que es lo que come?, lo que se prepara o le preparan.

El hombre mira al médico con  absoluta franqueza y le responde.

- Hiervo ensaladilla rusa con dos pechugas de pollo. Una parte me la tomo al medio día y la otra por la noche. Así todos los días. Es muy sencillo, me da muy poco trabajo y me alimenta.
- Me deja atónito, caballero. ¿Está diciéndome que no varia NUNCA el menú ? ¿No se cansa? ¿No le gustan otras cosas?

El paciente responde con decisión.

-Claro que me gustan otras cosas, pero esto es lo más fácil y lo más barato. Y sano. Aunque bebo un trago de vino, rebajado con agua. Una botella me dura casi una semana. No me emborracho.

La escena ha alcanzado el surrealismo y  parece finiquitada. Casi no hay más que hablar de comidas con este octogenario gastronómicamente monotemático, reduccionista y seguro de lo que hace para mantenerse vivo. El cirujano divaga. Echa un último órdago.

-Pero la buena cocina es una delicia, estará usted de acuerdo - le dice casi en tono persuasivo, incitador.
- Yo le digo lo que hago y que no me cansa. Me va bien.
- Entonces no le atraen las suculencias de la cocina moderna. ¿Conoce a Ferran
Adriá?
- No sé quien es ese señor. ¿Qué hace?
-Es el chef mas famoso del mundo. Hace virguerías con los alimentos. por ejemplo espuma de salmón caramelizada.
-Espuma también hace mi olla cuando hierve la ensaladilla y las pechugas.

La conversación declina pero antes de darla por concluida el anciano apostilla.

-Yo me alimento con cosas sencillas y sanas. Soy feliz así. La gula es mala cosa, siempre -sentencia con vehemencia-. Se de lo que me habla usted, pero mire, si le voy a ser sincero considero esos alardes culinarios auténticas  mariconadas, y ya disculpará por la expresión. Créame, como muy a gusto y no me complico la vida. La vida es otra cosa que comer bien, Tiene bastantes más contenidos.

(Está fue una conversación real mantenida en mi hospital con un paciente en 1997)


martes, 13 de junio de 2017

Apuntes sobre el separatismo





Los estudiantes, desde la más tierna infancia, tomamos apuntes, y seguimos haciéndolo durante toda la vida. Como si fuera un tic. Así fue como en 1958 yo empecé a tomar algunos, y  esos primeros - oh casualidades!- fueron sobre el separatismo. Mis padres me matricularon en una escuela (Escuela Laietania) que al parecer gozaba de gran prestigio docente por su innovación metodológica. Pero lo cierto es que entré sabiendo leer y salí, en julio de 1959, siendo un disléxico en toda la regla. Cosas progres de aquel tiempo. Eso sí, llevé a casa innumerables trozos de barro cocido, amasado con los dedos, que no daban  ni para cenicero. Pero lo peor no fue ese "año sábatico" sino la convivencia con aquellos cachorros furibundos del catalanismo (ya independentismo entonces) , mis compañeros de clase. Recibí toda clase de vejaciones en el patio, por hablar en castellano, por no pertenecer a los boy-scouts, por no bailar sardanas, por ser del RCD Español, y , así de estigmatizado y con tamaños resultados, mis padres decidieron no volver a matricularme. Sabiamente.

 De aquellos polvos son estos lodos. Gentes hieráticas, obcecadas, bien posicionadas  socialmente. intransigentes, agresivos, y sobre todo empapados de odio hacia cualquiera que no cumpliese con los requisitos exigidos. Para mí fue un suplicio pero lo peor fue que entonces, en ese colegio, se ensayaba la propuesta  secesionista anunciada hoy, el sistema  mas execrable de sociedad: el feudalismo. Todos aquellos "encantadores" niños recién comulgados ya se habrán jubilado este año, como yo, no sin haber contribuido a acrecentar el movimiento separatista y muchos participando, aún, del impresentable circo actual. Razonada y razonablemente les digo que no son buena gente: especulan con la xenofobia, y eso....si es muy grave.

Uno nace donde le toca nacer, sin  "derecho a decidir". Yo lo hice en el barrio de Can Baró,  que por entonces albergaba casas, barracas y torres modernistas, y en el que la convivencia era mucho mejor que la actual. La mezcolanza de orígenes era extraordinaria y enriquecedora Teníamos tenderos de Burgos, árbitros vascos, zapateros gallegos, andaluces por doquier, extremeños de la construcción, y catalanes artistas de teatro, mecánicos de Lérida, sacerdotes de Tarragona, tapiceros de Gerona, todos juntos pero no revueltos. Hermosa hermandad en  medio de las justezas de la época, Alli me críe y allí crecí, satisfecho de esa humildad real y patente que me enseñó como es posible hacerse amigo del hijo de un guardia civil y del de un profesor de música catalán y pasar innumerables tardes de verano ramoneando por las calles o en el parque Güell (que por entonces no solo no era de pago sino que era propiedad fáctica de los chavales del barrio).

Y uno, en pleno derecho, piensa y siente como quiere sin perturbar ni excluir a los demás. Seguiré siendo catalán, bajo esas premisas, pero sin pertenecer al clan del odio que aspira a segregar seres humanos y a apropiarse de lo que nos pertenece a todos. Bárbaros feudales. Recuérdenlo.




domingo, 4 de junio de 2017

Maniqueismos








El maniqueísmo fue una antigua religión que sostenía la dualidad del bien y del mal, atribuyendo el mal cometido no a la voluntad del hombre sino al efecto de las tinieblas (Ahrimán) sobre su conducta. Esto era, por entonces, a grandes rasgos. Hoy el maniqueísmo es la doctrina  que inspira a toda la política y a gran parte de la sociedad, convirtiéndose en la fe más abrazada del orbe.

Me río, por no llorar, de la metodología discursiva de quienes nos gobiernan, gobierno y oposición  (oposición y gobierno), porque  rebosa de maniqueísmo, los buenos y los malos, los delincuentes y ladrones para quien siempre existe el beneficio de la impecable probidad inicial y al final el de la duda irresoluble, por más se dicten sentencias desde los juzgados. Dan, todos ellos, un bochornoso espectáculo de mezquindad, y a pesar de ello insisten en que "cuando toque" les votemos. Visto así, pretender nuestro beneplácito en las urnas supone no  solo una gran ironía sino una inmensa burla hacia los ciudadanos. Y todo ello en "aras" de la gobernabiidad. Gran falacia. La gobernabilidad es un concepto metafísico, sobre todo esa a la que ellos apelan, y esa, precisamente, es una pura entelequia.  Ya sabemos quien manda y mueve los hilos de nuestra sociedad, e incluso de nuestro mundo, y no son ellos, por más que insistan.

Los maniqueos también se dividían en dos castas: los elegidos (que eran célibes y vegetarianos, a diferencia de los parlamentarios actuales) y los oyentes, que aspiraban, en el más allá, a convertirse en  elegidos (nosotros ni eso). Queda clara, pues, la religión que profesan quienes nos dirigen, aunque con  matices.

Propongo que gobernemos los ciudadanos. No vayamos nunca más a votar. Tal vez sea la única "regeneración política" viable. Desterremos el maniqueísmo.

domingo, 21 de mayo de 2017

Fair play



Ni Pedro Solé, ni Antonio Fábregas, ni Juan Escoda, mis entrenadores durante los seis años que jugué en el R.C.D. Espanyol, jamás dieron consignas de agresión a los rivales en el vestuario, siempre...fair play (juego limpio). Eran aquellos tiempos de mi adolescencia, casi en blanco y negro, en los que el fútbol se jugaba con un discreto romanticismo aunque con la exigencia propia de la categoría del equipo. Cuatro entrenamientos semanales y un partido los domingos, autobuses y tranvías todos los días y el festivo roto por los horarios del encuentro. Así toda la temporada, con el orgullo de jugar y defender al equipo, recibiendo golpes y patadas, abrasiones al caer sobre la tierra del campo, e insultos desde las gradas. Lo peor, ya por entonces, era el público, no los jugadores rivales. Escuché de todo y aguanté sin rechistar  ese oprobio de hiel que descargaban unos energúmenos llamados espectadores con una fiereza inusitada. Hay algo maligno en el deporte  de competición por equipos que trasciende las quejas por decisiones arbitrales, o los lances violentos de algunas jugadas. Hay vesania.

El problema ha ido creciendo y amenaza convertirse en una cuestión seria de seguridad. Alguien dijo que el fútbol es un deporte de caballeros jugado por hooligans, y no estoy de acuerdo. En los terrenos de juego hay muy pocos desalmados. Es en el aforo donde se sitúan los peligrosos, algunos capaces de asesinar, como tristemente ya hemos comprobado. Urge corregir esta deriva.

Manchar el deporte con todo tipo de violencia es destruir la cultura, lo cual no es admisible, Desde las escuelas hay que empezar a inculcar el respeto entre rivales. Desde los medios de comunicación hay que desterrar el enconamiento irracional. Desde las propias instituciones, deportivas y gubernamentales, redoblar los esfuerzos contra la violencia.

Qué bello es aplaudir una victoria de tus colores, pero que elegante es encajar la derrota sin vituperar al contrario. Aunque no le felicites- Fair play.

martes, 18 de abril de 2017

Regreso al Píngrato (III)



La draga se ha enganchado con los restos de un Dodge Dart que reposa en el limo del puerto. Son los restos de una tragedia acontecida en una exhibición casi suicida unos pocos años antes en la que  dos aguerridos  aceleran el vehiculo en una rampa y vuelan hasta caer en las aguas. Todo muy espectacular. Dos muertos, Esa misma tarde, tras el luctuoso hallazgo, subo en el ascensor de la casa de mi tía-abuela.

      - Buenas tardes -dirijo al vecino que toma conmigo el vetusto elevador.

El hombre va uniformado con charreteras y galones en la bocamanga, pero al estilo oficial, como un bedel o algo parecido, en 1973.

       - Buenas tardes -responde el hombre con voz recia y varonil- me llamo    Angel González            vecino del segundo segunda, excombatiente de la División Azul, para servirle.
        - Yo voy al primero segunda a casa de mis familiares, no vivo aquí.
        - Da igual, lo que necesite, quedo a su servicio, para servirle
,
El ascensor se detiene en el primero y yo desciendo apreciando un tufillo de Osborne en su aliento.
En casa de  mi tia-abuela. recabo información del susodicho.

         - Es un casquivano empedernido, borracho y putero.
         -Vaya. yo le he visto un cierto aire marcial.

El excombatiente tiene un gran amigo en la escalera que es asiduo de la bodega de Lucas Lopez, en la planta baja del edificio. Es Sebastian, alcoholizado hasta las cejas y expiloto de motociclismo de alta competición, en aquellos tiempos muy peor pagados que los actuales.. Una grave caída le dejó fuera  de los circuitos y desde el suceso se refugia , mañana tarde y noche en el coñac Tres Cepas con sifón (aproximademente dos litros al día). Angel le comprende y paga sus rondas con caridad cristiana. Pero no es en balde.

         - "Nen, pagam dugues rondes mes avans de pujar a casa" (nene, págame dos rondas mas antes de subir a casa). -exclama Sebastian en la banqueta de la bodega.
          - Imposible, amigo, es día 29 y solo me quedan los diez duros que me cuesta tirarme a tu mujer, como cada jueves. La semana que viene tendré liquidez, "tingues una mica de paciencia borratxí" ( ten un poco de paciencia borrachito).

Sebastian hace un ademán de puñetazo pero se cae del taburete al suelo, y los beodos circundantes lo ayudan. Angel sale del  local y toma el ascensor.

Se ha roto una "bella amistad", allá por julio de 1973.

Unos meses después Sebastián muere de cirrosis. Angel ya no tiene que pagar más rondas, solo diez duros los jueves. pero un año después se lo lleva un cáncer de estómago. C'est la vie.



domingo, 2 de abril de 2017

Pániker





En dos ocasiones escribí a Salvador Pániker sendas cartas acerca de dos de sus libros: Cuaderno Amarillo y Diario de otoño, y en ambas ocasiones me respondió aún siendo yo un anónimo lector entre miles y miles. A eso le llamo categoría personal, un punto más allá de la buena educación. Y no fueron cartas protocolizadas sino comentadas punto a punto. Lo más curioso es que, ayer mismo, mientras ordenaba un cajón de mi despacho aparecieron esas cartas y las releí, pocas horas antes de su muerte. Luego hay, todavía, quien niega la dimensión espiritual e intangible del ser humano.

Sus obras,o la mayoría, contienen "pensamiento" en estado vital por encima de filosofía y eso es precisamente lo que me identifica con él y lo que ha propiciado mi admiración. Su dinámica personal ha sido conjugar una existencia variopinta, y en ocasiones casi frenética, con un estado de reflexión permanente, bien fuera en sus correrías sensuales de la Barcelona de los años sesenta como en la ancianidad más admirable. No ha sido un arquetipo de nada porque, por desgracia, ese estado de inteligencia holística nunca ha abundado en nuestra sociedad, más bien ha sido excepcional y anecdótico. Lástima que sus correligionarios de aquella progresía del tardofranquismo se hayan reducido a meros oportunistas de la política o de los negocios, bazofia humana que aún colea en la fracturada realidad catalana. Solo él ha mantenido claras las ideas de una acción intrínsicamente positiva ante  las experiencias  personales y colectivas que nos retan  día a día..

También yo soy defensor de la eutanasia, no se si como  él lo fue exactamente o de manera más directa como médico que soy. También yo ando entre contradicciones espirituales. También yo creo en el "sexo" aderezado con inteligencia en todos los casos. También yo me rebelo contra cualquier forma de autoritarismo  esclavizante, pero acepto el cumplimiento de las órdenes bien dadas. También yo intuyo, aunque sin certeza, lo sobrenatural. También yo  le agradezco su literatura hiperrealista que censura y dignifica los errores sin mandarnos al infierno.

Salvador ha definido una fórmula de vida asequible  a cualquiera: encauzar las actividades propias hacia la búsqueda de la senda de la felicidad, un camino que nunca esta señalizado de antemano.

Un fuerte abrazo Pániker.

sábado, 25 de marzo de 2017

El escaparate



Estaba haciendo tiempo para tomar el tren y di un paseo por los pasillos comerciales de la estación. El trasiego de gente no cesaba, pero resultaban tan amplios los espacios que era casi posible aislarse del mundanal ruido de los viajeros y plantarse frente a cualquiera de los numerosos escaparates. Así lo hice, frente a una inútil exposición de artilugios para el descorche de vinos que recordaba, vagamente, a un tosco arsenal quirúrgico aunque más coloreado y endeble. Cosas del " merchandising" (o cómo quiera que se escriba). Pijadas, en roman paladino.

Tras los gruesos cristales divisé a un hombre, ya entrado en años, que también curioseaba las mismas fruslerías que yo pero desde el interior de la tienda. Reparé en su aspecto y me hice una instantánea composición de él. Hombre muy vivido, rictus serio, indumentaria nada ostentosa pero consistente Lo observé un poco más. Triste. A saber de qué tipo de tristezas.

Inclinó su cabeza para fijarse en un estuche repleto de accesorios y se quedó inmóvil. Se diría que había encontrado el artículo que buscaba, pero no, volvió a desviar su mirada con cierta desazón. Sin duda era un hombre poco motivado, al menos para esos géneros tan cursis.  Echó un ojo a  su reloj con presteza y metió sus manos en los bolsillos, cómo si algo le apremiara. Le miré al rostro con disimulo y percibí una expresión de hastío  tan profunda como la de un poeta que no encuentra la última palabra del último verso. Entonces sentí un escalofrío indescriptible. 

Ese hombre era yo, reflejado en los taimados cristales del escaparate.

sábado, 11 de marzo de 2017

¿Y si no fuéramos tan buenos?




Resultado de imagen


Puede que la maldad no sea más que la continuación de la desesperanza por otros medios, excusándome de parafrasear la semántica de Clausewicz,, y es que. acabo de comprender  que la aberración de la conducta surge como un meteoro imprevisto que arrasa el pequeño huerto de la existencia ajena para devastar sentimientos como el granizo hace con  los cultivos. No es retórica, Todos perdemos, en algún momento,  ese cabal pensamiento que nos insufla la estabilidad emocional, y lo mas extraño es que casi no depende del ser social en el que nos recocemos propiamente. Explotamos y agredimos sin proporcionalidad  impulsados por una misteriosa fuerza oculta y traicionera. No hace tanto he experimentado ese terrible vértigo que por ser irresistible nos atrae fatalmente al vacío. Toda una deleznable actitud, demoníaca para los espiritualistas, o en palabras llanas:  miserable. Si. Llegamos a ser miserables cuando nos abandona la esperanza  esencial  en nuestro camino vital.

De nada me sirve bucear en las ciencias psiquiátricas para buscar explicación patológica a este incendio como causa, porque no está en ningún genero de locura, ni siquiera en amargas reacciones ante la adversidad, ya que cuando se hace daño a alguien  se desparrama la única fortaleza genuina de nuestra especie: la confianza en uno mismo,

Romper con ese mágico aliado, en un momento dado, supone la gran derrota de nuestra entidad y noción del yo respetable y extinguir los derechos de la inocencia primigenia, esa que nos otorgamos justo en el momento de nuestro nacimiento, cuando el primer suspiro llena de esperanza nuestros pulmones como un bautismo, regalo de la Naturaleza, al ingresar en el mundo de los vivos.

Me temo que he vulnerado esa gracia, como otros muchos, tantos y tantos. Tal vez haya perdido parte
de mi ya precaria bondad, pero lo peor es que con las maldades se hace perder mucho más a quienes ofendemos.

¿Y si no fuéramos tan buenos como nos creemos?

domingo, 19 de febrero de 2017

Todo pasa y todo queda





Estos días, cuando terminaba de escribir la Memoria Anual del Servicio de Cirugía, me di cuenta de que estos cuarenta años como cirujano se han pasado volando, casi como un puente festivo. Es cierto que bien desglosados contienen innumerables horas de trabajo, miles de pacientes que aproximadamente rondarán los siete mil, pero al final pronto concluirá mi actividad profesional y todo se convertirá en historia, a ratos melancólica a ratos reflexiva en si misma. No quiero pronunciarme como un sentimental perdido porque sería incurrir en una grandilocuencia innecesaria. Sin líricas ni  romanticismos hay que afrontar lo que han significado los años dedicados a la Medicina y convenir que nadie ni nada me deben un especial reconocimiento, más allá de los protocolos postreros a la sazón. En todo caso soy yo el que está en deuda con el ámbito de mi profesión porque he recibido más que suficiente para hacer bien las cosas encomendadas y tal vez no siempre he estado a la altura de las circunstancias. Ello merece una explicación autocrítica honesta.

Uno es fruto de su origen y de sus circunstancias, y en ese sentido no puedo quejarme. Criado en el seno de una buena familia, sin pasar estrecheces económicas, sin sufrir avatares psicológicos de ningún tipo, e inscrito en esa generación optimista del baby-boom. Formado en la mejor Universidad de sus tiempos, la Autónoma de Barcelona, y titulado como cirujano en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. Todos eso me ha dado un importante caudal que excede, sin duda, lo que después he sabido hacer al respecto. Hay poco mérito en la gestión de lo recibido. Por decirlo de otra forma: no he sabido acrecentar la dote que  tantos y tantos, desde mi familia hasta mis  maestros, me han aportado. Creo que me ha faltado energía para capitalizar, en beneficio sobre todo de los pacientes y de mis compañeros de trabajo, ese legado vital tan generoso. Así que pido disculpas, de corazón, por mis errores, por mi escasa contribución a  esta labor tan importante, y por mi falta de convicción en las metas, nunca alcanzadas con suficiencia,  que a lo largo de estos años se han presentado.

Perdón  por los pacientes que no he sabido tratar con éxito, algunos de ellos fallecidos por errores míos. Perdón por mi indolencia ante los problemas del entorno Perdón por los desaciertos en mis relaciones humanas y profesionales con las personas que han trabajado a mi lado. Finalmente, perdón a mis allegados y a mi familia por tantas faltas de sensibilidad.

De nada sirve ese "reconocido prestigio" que no significa nada más que  cortesía ciudadana al uso desde la romanización de nuestra raza.  Me voy del oficio dejando muchos cabos sin atar con una sola esperanza: ser relevado por otros mucho mejores que yo. 


martes, 24 de enero de 2017

Pandemia










Llevaba un violin y una carpeta de partituras . Volvía a casa  en autobus a media tarde, cuando ya había oscurecido. Un viernes mas, otro más, en el que había concluido la sesión con el remoto compañero musical de los últimos años, también jubilado, como él.  Y no había más. Esa era toda su actividad recreativa. La raída parca que vestía le confería un semblante cercano a la invisibilidad Y así fue como despareció de mi vista al bajarse en su parada. Solo le esperaba la escalera de vecinos, reformada hacía cuarenta años, y la omnipresente soledad de su casa, en un tercero segunda con vistas a otras ventanas cerradas y débilmente iluminadas.

Alli se aposentaría frente al televisor hasta que la programación coagulase sus retinas y le matara otro pequeño grupo de neuronas. Una noche más. Luego vendría el día, que daría paso a otra noche. Siete lunas y de nuevo, en autobús, ida y vuelta, a la melancólica sesión de piano y violín. En esas justezas,  andaba el hombre...viviendo hacia ninguna parte, sin darse cuenta que esa lenta desesperanza era la mas común de las enfermedades que sufren millones y millones de seres humanos: la enfermedad de la insignificancia.

La gran pandemia

sábado, 14 de enero de 2017

Regreso al Píngrato (II)



Sitúense en 1972, hospital infantil del más grande hospital de la Ciudad. Son las 12.30h de un radiante día de primavera pero en el interior de la cafetería de personal como si fuera un lluvioso día de noviembre.  Hay mucha concurrencia en las mesas y en la barra, todo batas blancas y uniformes, cofias y faldas incluidas,  En un extremo, el corrillo de ad lateres de la Cirugía Pediátrica rodea a la figura mayestática del Jefe de Departamento que esta sorbiendo un cortado.

-Barreiro, ¿cómo es que hay tantos seromas este mes? - interpela el prócer quirúrgico a uno de sus adjuntos meneando sobre el entrecejo sus gafas de pasta.

El gallego, menudo y atiplado, se encoge de hombros sin abrir la boca, algo ruborizado por la inesperada  pregunta de cierta mala intención. Es como si le hubieran preguntado porqué las vacas han bajado del monte a la vaguada.

- ¿No será porque habéis cambiado de suturas? -insiste el entronado jefe.

Barreiro se queda pensativo unos segundos y le responde de forma natural.

- Doctor...lo único que ha cambiado es...la luna.

La ciudad resplandece en la intensidad de la mañana. En el puerto la draga se  ha enganchado con algo muy pesado que reposa en el fondo.



martes, 10 de enero de 2017

Esa mala dicción...






                   Ya hace tiempo que viendo películas españolas, algunas de las cuales (pocas) contienen talento argumental e interpretativo, me he dado cuenta de que nuestro cine falla estrepitosamente en la dicción  de los actores y actrices, Sin duda eso resta un elemento trascendental  a las obras y les rebaja en gran medida su calidad.  Propongo a directores y productores españoles que hagan doblar, por los  excelentes especialistas de la locución que todavía tenemos, todos los diálogos subvertidos por esa nefasta dicción de los intérpretes en las cintas, las cuales, de incorporar la majestad de la palabra bien dicha, pronunciada, y entonada para cada ocasión y para cada escena, aumentarían de forma mas que notable su calidad cinematográfica.
                Es una simple y sencilla observación, pero, a veces, las simplezas cosechan grandes éxitos.
Háganme caso cineastas. No permitan que la realidad de una mala dicción, en la desafinada  lengua de los divos/as actuales, les impidan alcanzar un éxito  (aún con historietas subvencionadas llevadas a la gran  pantalla). 

               Doblen. por favor, a los cacofónicos y analfabetos  de la voz que campan por nuestros platós Es fácil. Ni siquiera necesitan traductores.

domingo, 8 de enero de 2017

Regreso al Píngrato (I)










No pretendo analizar la insobornable timidez de Kafka, ni alcanzar el código para descifrar el rumbo de la Literatura que viene, sino zambullirme en el encriptamiento de las palabras en caso de que alguien se atreva a romper de una vez los caducos moldes de la obviedad y  de vestir con esmero a la diosa de  la  escritura, que sigue desnuda después de tantos siglos. Lo que se  escribe ahora es pura basura, pura subversión hacia la idiotez. Preocupa que pésimos autores de pésimas novelas remoloneen mientras nos echan el forraje a la mente, sin más vergüenza que la desvergüenza comercial. A tanto incontinente de  excretas cerebrales habría que leerle la cartilla y pedirle que no siga por ahí que se retire de esos lances tan hediondos  e intente escribir y no describir,formular pensamientos y no inmundicias contagiosas,  moldear ideas y amasarlas en líneas en lugar de abrasarnos con  tediosas parrafadas. Si el glorioso tuberculoso de las letras tuvo tantos  escrúpulos  a la hora de entregar unas pocas cuartillas manuscritas a sus editores teutones por algo sería, sin duda por respeto a las palabras, verbos y adjetivos. Tan vacíos nos hemos quedado en las artes que dan ganas de llorar.