domingo, 4 de junio de 2017

Maniqueismos








El maniqueísmo fue una antigua religión que sostenía la dualidad del bien y del mal, atribuyendo el mal cometido no a la voluntad del hombre sino al efecto de las tinieblas (Ahrimán) sobre su conducta. Esto era, por entonces, a grandes rasgos. Hoy el maniqueísmo es la doctrina  que inspira a toda la política y a gran parte de la sociedad, convirtiéndose en la fe más abrazada del orbe.

Me río, por no llorar, de la metodología discursiva de quienes nos gobiernan, gobierno y oposición  (oposición y gobierno), porque  rebosa de maniqueísmo, los buenos y los malos, los delincuentes y ladrones para quien siempre existe el beneficio de la impecable probidad inicial y al final el de la duda irresoluble, por más se dicten sentencias desde los juzgados. Dan, todos ellos, un bochornoso espectáculo de mezquindad, y a pesar de ello insisten en que "cuando toque" les votemos. Visto así, pretender nuestro beneplácito en las urnas supone no  solo una gran ironía sino una inmensa burla hacia los ciudadanos. Y todo ello en "aras" de la gobernabiidad. Gran falacia. La gobernabilidad es un concepto metafísico, sobre todo esa a la que ellos apelan, y esa, precisamente, es una pura entelequia.  Ya sabemos quien manda y mueve los hilos de nuestra sociedad, e incluso de nuestro mundo, y no son ellos, por más que insistan.

Los maniqueos también se dividían en dos castas: los elegidos (que eran célibes y vegetarianos, a diferencia de los parlamentarios actuales) y los oyentes, que aspiraban, en el más allá, a convertirse en  elegidos (nosotros ni eso). Queda clara, pues, la religión que profesan quienes nos dirigen, aunque con  matices.

Propongo que gobernemos los ciudadanos. No vayamos nunca más a votar. Tal vez sea la única "regeneración política" viable. Desterremos el maniqueísmo.