viernes, 16 de junio de 2017

Más allá de la gastronomía hay vida inteligente





- Vive solo, y dígame...¿ que come usted un día normal?
- Siempre hago lo mismo. Todos los días del año -responde el anciano desde la cama de hospitalización-. Bueno, no es exacto, en Nochebuena  ceno con mis sobrinos,. me vienen a buscar ese día, y en Nochevieja voy al "Casal de los Viejos".

Es un anciano, si, pero no decrépito ni demenciado. Ha sido operado de hernia estrangulada y evoluciona bien. Eso da pie a departir con él, sin pretender ninguna encuesta nutricional. Es mas curiosidad del cirujano por adentrarse en el inframundo de los solitarios añosos que otra cosa.

- Veamos, entonces ¿que es lo que come?, lo que se prepara o le preparan.

El hombre mira al médico con  absoluta franqueza y le responde.

- Hiervo ensaladilla rusa con dos pechugas de pollo. Una parte me la tomo al medio día y la otra por la noche. Así todos los días. Es muy sencillo, me da muy poco trabajo y me alimenta.
- Me deja atónito, caballero. ¿Está diciéndome que no varia NUNCA el menú ? ¿No se cansa? ¿No le gustan otras cosas?

El paciente responde con decisión.

-Claro que me gustan otras cosas, pero esto es lo más fácil y lo más barato. Y sano. Aunque bebo un trago de vino, rebajado con agua. Una botella me dura casi una semana. No me emborracho.

La escena ha alcanzado el surrealismo y  parece finiquitada. Casi no hay más que hablar de comidas con este octogenario gastronómicamente monotemático, reduccionista y seguro de lo que hace para mantenerse vivo. El cirujano divaga. Echa un último órdago.

-Pero la buena cocina es una delicia, estará usted de acuerdo - le dice casi en tono persuasivo, incitador.
- Yo le digo lo que hago y que no me cansa. Me va bien.
- Entonces no le atraen las suculencias de la cocina moderna. ¿Conoce a Ferran
Adriá?
- No sé quien es ese señor. ¿Qué hace?
-Es el chef mas famoso del mundo. Hace virguerías con los alimentos. por ejemplo espuma de salmón caramelizada.
-Espuma también hace mi olla cuando hierve la ensaladilla y las pechugas.

La conversación declina pero antes de darla por concluida el anciano apostilla.

-Yo me alimento con cosas sencillas y sanas. Soy feliz así. La gula es mala cosa, siempre -sentencia con vehemencia-. Se de lo que me habla usted, pero mire, si le voy a ser sincero considero esos alardes culinarios auténticas  mariconadas, y ya disculpará por la expresión. Créame, como muy a gusto y no me complico la vida. La vida es otra cosa que comer bien, Tiene bastantes más contenidos.

(Está fue una conversación real mantenida en mi hospital con un paciente en 1997)