jueves, 29 de junio de 2017

Muchas, muchas, prohibiciones





- Perdone señor, pero están prohibidos los animales en esta terraza  -dice la camarera sin displicencia pero muy taxativamente´- Es la normativa sanitaria, lo siento. Aquí servimos alimentos y...

El lugar está en plena acera de una gran avenida por la que no cesa el tráfico, y hace calor, mucho calor.

- Me parece extraño porque en el bar de al lado nunca me han puesto pegas, aunque no hay problema. Me levanto y me voy, Lástima, me gustaba el sitio,
- Ya se que ha venido en otras ocasiones, siempre a esta hora, pero sin el perro. Son las leyes, ya sabe.

Se levanta y  toma la correa que sujeta al animal. Recoloca la silla y emprende camino. Ni un solo ladrido. Paso maniobra (como dicen los militares), paso jubilado (actualizado). Antes de desenfilar los toldos de la terraza el hombre hace una última aclaración.

- Deberían servirle algo al perro, si es que vuelve, solo, por aquí. Es mejor que su dueño, y creo que está mas sano. No fuma ni bebe. Yo no volveré más, ni con perro ni sin perro, pero si Cookie viene póngale lo que pida, que suele ser agua sin gas.

La camarera se queda estupefacta, algo contrariada, pero no indignada. La perrita es simpática.

-Y cárguelo a mi cuenta. Yo siempre pago.

viernes, 16 de junio de 2017

Más allá de la gastronomía hay vida inteligente





- Vive solo, y dígame...¿ que come usted un día normal?
- Siempre hago lo mismo. Todos los días del año -responde el anciano desde la cama de hospitalización-. Bueno, no es exacto, en Nochebuena  ceno con mis sobrinos,. me vienen a buscar ese día, y en Nochevieja voy al "Casal de los Viejos".

Es un anciano, si, pero no decrépito ni demenciado. Ha sido operado de hernia estrangulada y evoluciona bien. Eso da pie a departir con él, sin pretender ninguna encuesta nutricional. Es mas curiosidad del cirujano por adentrarse en el inframundo de los solitarios añosos que otra cosa.

- Veamos, entonces ¿que es lo que come?, lo que se prepara o le preparan.

El hombre mira al médico con  absoluta franqueza y le responde.

- Hiervo ensaladilla rusa con dos pechugas de pollo. Una parte me la tomo al medio día y la otra por la noche. Así todos los días. Es muy sencillo, me da muy poco trabajo y me alimenta.
- Me deja atónito, caballero. ¿Está diciéndome que no varia NUNCA el menú ? ¿No se cansa? ¿No le gustan otras cosas?

El paciente responde con decisión.

-Claro que me gustan otras cosas, pero esto es lo más fácil y lo más barato. Y sano. Aunque bebo un trago de vino, rebajado con agua. Una botella me dura casi una semana. No me emborracho.

La escena ha alcanzado el surrealismo y  parece finiquitada. Casi no hay más que hablar de comidas con este octogenario gastronómicamente monotemático, reduccionista y seguro de lo que hace para mantenerse vivo. El cirujano divaga. Echa un último órdago.

-Pero la buena cocina es una delicia, estará usted de acuerdo - le dice casi en tono persuasivo, incitador.
- Yo le digo lo que hago y que no me cansa. Me va bien.
- Entonces no le atraen las suculencias de la cocina moderna. ¿Conoce a Ferran
Adriá?
- No sé quien es ese señor. ¿Qué hace?
-Es el chef mas famoso del mundo. Hace virguerías con los alimentos. por ejemplo espuma de salmón caramelizada.
-Espuma también hace mi olla cuando hierve la ensaladilla y las pechugas.

La conversación declina pero antes de darla por concluida el anciano apostilla.

-Yo me alimento con cosas sencillas y sanas. Soy feliz así. La gula es mala cosa, siempre -sentencia con vehemencia-. Se de lo que me habla usted, pero mire, si le voy a ser sincero considero esos alardes culinarios auténticas  mariconadas, y ya disculpará por la expresión. Créame, como muy a gusto y no me complico la vida. La vida es otra cosa que comer bien, Tiene bastantes más contenidos.

(Está fue una conversación real mantenida en mi hospital con un paciente en 1997)


martes, 13 de junio de 2017

Apuntes sobre el separatismo





Los estudiantes, desde la más tierna infancia, tomamos apuntes, y seguimos haciéndolo durante toda la vida. Como si fuera un tic. Así fue como en 1958 yo empecé a tomar algunos, y  esos primeros - oh casualidades!- fueron sobre el separatismo. Mis padres me matricularon en una escuela (Escuela Laietania) que al parecer gozaba de gran prestigio docente por su innovación metodológica. Pero lo cierto es que entré sabiendo leer y salí, en julio de 1959, siendo un disléxico en toda la regla. Cosas progres de aquel tiempo. Eso sí, llevé a casa innumerables trozos de barro cocido, amasado con los dedos, que no daban  ni para cenicero. Pero lo peor no fue ese "año sábatico" sino la convivencia con aquellos cachorros furibundos del catalanismo (ya independentismo entonces) , mis compañeros de clase. Recibí toda clase de vejaciones en el patio, por hablar en castellano, por no pertenecer a los boy-scouts, por no bailar sardanas, por ser del RCD Español, y , así de estigmatizado y con tamaños resultados, mis padres decidieron no volver a matricularme. Sabiamente.

 De aquellos polvos son estos lodos. Gentes hieráticas, obcecadas, bien posicionadas  socialmente. intransigentes, agresivos, y sobre todo empapados de odio hacia cualquiera que no cumpliese con los requisitos exigidos. Para mí fue un suplicio pero lo peor fue que entonces, en ese colegio, se ensayaba la propuesta  secesionista anunciada hoy, el sistema  mas execrable de sociedad: el feudalismo. Todos aquellos "encantadores" niños recién comulgados ya se habrán jubilado este año, como yo, no sin haber contribuido a acrecentar el movimiento separatista y muchos participando, aún, del impresentable circo actual. Razonada y razonablemente les digo que no son buena gente: especulan con la xenofobia, y eso....si es muy grave.

Uno nace donde le toca nacer, sin  "derecho a decidir". Yo lo hice en el barrio de Can Baró,  que por entonces albergaba casas, barracas y torres modernistas, y en el que la convivencia era mucho mejor que la actual. La mezcolanza de orígenes era extraordinaria y enriquecedora Teníamos tenderos de Burgos, árbitros vascos, zapateros gallegos, andaluces por doquier, extremeños de la construcción, y catalanes artistas de teatro, mecánicos de Lérida, sacerdotes de Tarragona, tapiceros de Gerona, todos juntos pero no revueltos. Hermosa hermandad en  medio de las justezas de la época, Alli me críe y allí crecí, satisfecho de esa humildad real y patente que me enseñó como es posible hacerse amigo del hijo de un guardia civil y del de un profesor de música catalán y pasar innumerables tardes de verano ramoneando por las calles o en el parque Güell (que por entonces no solo no era de pago sino que era propiedad fáctica de los chavales del barrio).

Y uno, en pleno derecho, piensa y siente como quiere sin perturbar ni excluir a los demás. Seguiré siendo catalán, bajo esas premisas, pero sin pertenecer al clan del odio que aspira a segregar seres humanos y a apropiarse de lo que nos pertenece a todos. Bárbaros feudales. Recuérdenlo.




domingo, 4 de junio de 2017

Maniqueismos








El maniqueísmo fue una antigua religión que sostenía la dualidad del bien y del mal, atribuyendo el mal cometido no a la voluntad del hombre sino al efecto de las tinieblas (Ahrimán) sobre su conducta. Esto era, por entonces, a grandes rasgos. Hoy el maniqueísmo es la doctrina  que inspira a toda la política y a gran parte de la sociedad, convirtiéndose en la fe más abrazada del orbe.

Me río, por no llorar, de la metodología discursiva de quienes nos gobiernan, gobierno y oposición  (oposición y gobierno), porque  rebosa de maniqueísmo, los buenos y los malos, los delincuentes y ladrones para quien siempre existe el beneficio de la impecable probidad inicial y al final el de la duda irresoluble, por más se dicten sentencias desde los juzgados. Dan, todos ellos, un bochornoso espectáculo de mezquindad, y a pesar de ello insisten en que "cuando toque" les votemos. Visto así, pretender nuestro beneplácito en las urnas supone no  solo una gran ironía sino una inmensa burla hacia los ciudadanos. Y todo ello en "aras" de la gobernabiidad. Gran falacia. La gobernabilidad es un concepto metafísico, sobre todo esa a la que ellos apelan, y esa, precisamente, es una pura entelequia.  Ya sabemos quien manda y mueve los hilos de nuestra sociedad, e incluso de nuestro mundo, y no son ellos, por más que insistan.

Los maniqueos también se dividían en dos castas: los elegidos (que eran célibes y vegetarianos, a diferencia de los parlamentarios actuales) y los oyentes, que aspiraban, en el más allá, a convertirse en  elegidos (nosotros ni eso). Queda clara, pues, la religión que profesan quienes nos dirigen, aunque con  matices.

Propongo que gobernemos los ciudadanos. No vayamos nunca más a votar. Tal vez sea la única "regeneración política" viable. Desterremos el maniqueísmo.