martes, 24 de enero de 2017

Pandemia










Llevaba un violin y una carpeta de partituras . Volvía a casa  en autobus a media tarde, cuando ya había oscurecido. Un viernes mas, otro más, en el que había concluido la sesión con el remoto compañero musical de los últimos años, también jubilado, como él.  Y no había más. Esa era toda su actividad recreativa. La raída parca que vestía le confería un semblante cercano a la invisibilidad Y así fue como despareció de mi vista al bajarse en su parada. Solo le esperaba la escalera de vecinos, reformada hacía cuarenta años, y la omnipresente soledad de su casa, en un tercero segunda con vistas a otras ventanas cerradas y débilmente iluminadas.

Alli se aposentaría frente al televisor hasta que la programación coagulase sus retinas y le matara otro pequeño grupo de neuronas. Una noche más. Luego vendría el día, que daría paso a otra noche. Siete lunas y de nuevo, en autobús, ida y vuelta, a la melancólica sesión de piano y violín. En esas justezas,  andaba el hombre...viviendo hacia ninguna parte, sin darse cuenta que esa lenta desesperanza era la mas común de las enfermedades que sufren millones y millones de seres humanos: la enfermedad de la insignificancia.

La gran pandemia

sábado, 14 de enero de 2017

Regreso al Píngrato (II)



Sitúense en 1972, hospital infantil del más grande hospital de la Ciudad. Son las 12.30h de un radiante día de primavera pero en el interior de la cafetería de personal como si fuera un lluvioso día de noviembre.  Hay mucha concurrencia en las mesas y en la barra, todo batas blancas y uniformes, cofias y faldas incluidas,  En un extremo, el corrillo de ad lateres de la Cirugía Pediátrica rodea a la figura mayestática del Jefe de Departamento que esta sorbiendo un cortado.

-Barreiro, ¿cómo es que hay tantos seromas este mes? - interpela el prócer quirúrgico a uno de sus adjuntos meneando sobre el entrecejo sus gafas de pasta.

El gallego, menudo y atiplado, se encoge de hombros sin abrir la boca, algo ruborizado por la inesperada  pregunta de cierta mala intención. Es como si le hubieran preguntado porqué las vacas han bajado del monte a la vaguada.

- ¿No será porque habéis cambiado de suturas? -insiste el entronado jefe.

Barreiro se queda pensativo unos segundos y le responde de forma natural.

- Doctor...lo único que ha cambiado es...la luna.

La ciudad resplandece en la intensidad de la mañana. En el puerto la draga se  ha enganchado con algo muy pesado que reposa en el fondo.



martes, 10 de enero de 2017

Esa mala dicción...






                   Ya hace tiempo que viendo películas españolas, algunas de las cuales (pocas) contienen talento argumental e interpretativo, me he dado cuenta de que nuestro cine falla estrepitosamente en la dicción  de los actores y actrices, Sin duda eso resta un elemento trascendental  a las obras y les rebaja en gran medida su calidad.  Propongo a directores y productores españoles que hagan doblar, por los  excelentes especialistas de la locución que todavía tenemos, todos los diálogos subvertidos por esa nefasta dicción de los intérpretes en las cintas, las cuales, de incorporar la majestad de la palabra bien dicha, pronunciada, y entonada para cada ocasión y para cada escena, aumentarían de forma mas que notable su calidad cinematográfica.
                Es una simple y sencilla observación, pero, a veces, las simplezas cosechan grandes éxitos.
Háganme caso cineastas. No permitan que la realidad de una mala dicción, en la desafinada  lengua de los divos/as actuales, les impidan alcanzar un éxito  (aún con historietas subvencionadas llevadas a la gran  pantalla). 

               Doblen. por favor, a los cacofónicos y analfabetos  de la voz que campan por nuestros platós Es fácil. Ni siquiera necesitan traductores.

domingo, 8 de enero de 2017

Regreso al Píngrato (I)










No pretendo analizar la insobornable timidez de Kafka, ni alcanzar el código para descifrar el rumbo de la Literatura que viene, sino zambullirme en el encriptamiento de las palabras en caso de que alguien se atreva a romper de una vez los caducos moldes de la obviedad y  de vestir con esmero a la diosa de  la  escritura, que sigue desnuda después de tantos siglos. Lo que se  escribe ahora es pura basura, pura subversión hacia la idiotez. Preocupa que pésimos autores de pésimas novelas remoloneen mientras nos echan el forraje a la mente, sin más vergüenza que la desvergüenza comercial. A tanto incontinente de  excretas cerebrales habría que leerle la cartilla y pedirle que no siga por ahí que se retire de esos lances tan hediondos  e intente escribir y no describir,formular pensamientos y no inmundicias contagiosas,  moldear ideas y amasarlas en líneas en lugar de abrasarnos con  tediosas parrafadas. Si el glorioso tuberculoso de las letras tuvo tantos  escrúpulos  a la hora de entregar unas pocas cuartillas manuscritas a sus editores teutones por algo sería, sin duda por respeto a las palabras, verbos y adjetivos. Tan vacíos nos hemos quedado en las artes que dan ganas de llorar.