martes, 22 de enero de 2013

El chiste sebáceo







Hablemos de la extirpación de un quiste sebáceo, la operación más común  en Cirugía General, realizada bajo anestesia local y sin ingreso. ¿Una simpleza? No. Tiene enjundia la cuestión cuando ésta se realiza en un hospital público. Veamos.

La Señora Margarita entra en la consulta. Viene con un volante de su Médico de Cabecera (ahora de Familia,  aunque la  familia  se encuentre en entredicho actualmente), volante redactado varios meses atrás. Pero llega la paciente y me muestra un “hermoso” quiste en su espalda. Redacto una sucinta historia clínica y cumplimento la inclusión en Lista de Espera, que mi enfermera se encarga de diligenciar. Somos 2 atendiendo a la Señora Margarita. La hoja de inclusión en Lista de Espera llega a Admisión. Allí 1 administrativa lo introduce en el soporte informático. Ya somos 3. Pasan los días, las semanas, algunos meses, y otra administrativa llama por teléfono a la Sra. Margarita para comunicarle  que la han programado para extirparle en quiste sebáceo tal día a tal hora. Ya somos 4. Llega el día de intervención. Acude  Doña Margarita y una auxiliar clínica la recibe y le entrega ropa en el vestuario. Somos 5. Un celador la traslada del vestuario al quirófano. Alcanzamos 6. Por fin llega el momento. En el quirófano estamos enfermera quirofanista,  auxiliar clínica y cirujano, 3 más. Hasta aquí ya somos 9. Extirpamos, con éxito, el quiste. La Sra. Margarita está encantada. Le damos un pequeño informe para su Médico, haciendo constar que tal día la enfermera del Centro de Salud le retire los puntos de sutura. Llegamos a 10. Pero, como todo lo que se quita en un quirófano es preceptivo analizarlo, remitimos el quiste extirpado al Patólogo. Somos 11. Al fin terminamos con el quiste, todos muy contentos, la Sra. Margarita la que más. Once retribuciones, once funcionarios, once para vencer el azote de una glándula obstruida en la piel. Así es  siempre, en miles y miles de casos,  cada año en nuestro país.

Esta es la secuencia absolutamente real y verídica del proceso, y estamos hablando de uno de los más simples. ¿Eficiencia? Esto es España y su gestión administrativa de la Sanidad. Función Pública, como quieran llamarlo. Esto es lo que hay.

P.S. He desestimado remitir este post al Consejero de Sanidad de mi C.A. y mucho menos a la Ministra de Sanidad. Creerían que les cuento “un chiste sebáceo”.

viernes, 11 de enero de 2013

THEO







                

                Imagino que al poner  pie a  tierra, en la pista del aeropuerto, le invade una profunda emoción. Ha regresado a su país después varios años de ausencia. Ni el cielo, ni olor del aire, se parecen en lo más mínimo al de donde, varias horas antes, ha despegado. Contempla los aledaños con viveza y se percata de que las cosas han cambiado hasta que un leve escalofrío le recorre las entrañas. Ya en el edificio terminal, mientras aguarda por el equipaje, rememora su partida hacia España, vía Bruselas, desde este mismo lugar. De eso hace mucho tiempo, todo el que ha transcurrido en estudiar su carrera, trabajar, y escribir una tesis. Años de formación para regresar ahora junto a los suyos e iniciar una nueva etapa. Sabe que trabajo no le va faltar ni oportunidades para desarrollar su profesión, eso sí  con bastante precariedad de medios, pero qué más da… ha vuelto a casa.

               Entre la niebla, el ferrocarril se detiene chirriando. Por el andén caminan hinchas del Bilbao con banderas rojiblancas, txapelas e ikurriñas. Es domingo. Algunos lo miran con cierta sorpresa. El ya está acostumbrado a despertar esa reacción en los feudos de Euskalerria. La extrañeza de ser negro en esos pagos. Desciende a buen paso entre regias casonas  hasta su destino. Al finalizar la ceremonia me lo presentan. Este es Theo. Un tipo magnífico, de semblante amable, que irradia bondad y humildad. Hablamos de todo un poco y me cuenta que está preparando la tesis que terminará en Francia. Me conmueve, hasta el punto de percibir una serena  vibración, y presiento que estoy ante un gran hombre. Sus palabras son justas y simples, acertadas  sin esfuerzo. Veo el rostro auténtico de la sencillez.

               En el Congo sigue la guerra. Se libran combates en el nordeste, escaramuzas e incursiones sangrientas. Todo sigue ardiendo en la vorágine de la lucha por una supervivencia asimétrica entre tribus. Hay mucho peligro. Desconcierto. Hambre. Persecuciones étnicas, religiosas, políticas.  El odio es ahí  como una plaga biológica de la que enferma la población. Es el odio de los ancestros espoleado por las armas automáticas que venden los países occidentales. El destino de Theo y su puesto de trabajo, después de años de estudio, se encuentra allí. Se ha preparado muy bien y está  deseoso de ponerse manos a la obra. El sueldo está negociado: no tiene sueldo, ni afiliación a la seguridad social: no existe. Theo es cura y ha emigrado a su tierra.