jueves, 17 de mayo de 2018

Hoy era el día







Hoy era la fecha en la que yo quería jubilarme, pero resultó ser un año antes y el tiempo ha llegado hasta aquí, al día de hoy.  Dicen que el hombre propone y Dios dispone, y algo de cierto habrá en ello, al menos metafóricamente, porque no era capricho mi aspiración a seguir en mi trabajo sino un designio interno que contenía además de razones personales algunos proyectos coyunturales bien definidos en el ámbito profesional. Pero la historia no fue así, y todo ello quedará como una ucronía más en la vida. Ahora, con la ingrávida perspectiva que da el pasado, puedo empezar (y terminar) de hacer balance de estos cuarenta años como cirujano.

Yo me hice médico por alguna misteriosa y profunda razón que todavía no me explico. Cierto era que por entonces un halo casi sobrenatural revestía a nuestra profesión y que su trascendencia social era muy palpable. No obstante, ingresé en la carrera cuando el estatus económico del gremio empezaba a declinar aunque ese aspecto nunca fuera mi prioridad ni mi objetivo vital  He recogido, biográficamente, la trayectoria de mis estudios y de mi etapa de especialización en Cirugía en una novela que probablemente nunca publicaré y en la que me reafirmo en unos principios bastante acusados de entrega al servicio público y de crítica a la rentabilidad comercial de la medicina privada sin que ello suponga un enfrentamiento radical a la misma, solo que, yo, no nací para poner precio a mis actividades. Nunca he considerado este posicionamiento como  fruto de adscripciones políticas ni ideológicas, ni siquiera religiosas, sino desde una concepción gratificante del ejercicio profesional hasta los umbrales del gozo, tal vez como buen hedonista nacido en mayo.

A lo largo del tiempo he vivido la excelencia de los avances científicos y técnicos, ese brazo armado de la Medicina tan poderoso, pero al mismo tiempo he sufrido (en propias carnes) el hostigamiento creciente de la política y de la invasión burocrática hasta extremos asfixiantes. Sin duda es una lacra difícil de combatir, toda vez que la salud de las personas ha sido capitalizada por los poderes  y se ha convertido en moneda de cambio electoral sin más objetivo que los intereses individuales y personalistas de las castas mandatarias, un claro ejemplo de como se puede subvertir una razón social  universal en un negocio particular y fraudulento. No hay excepciones en ninguna de las formaciones políticas que han detentado el poder a lo largo de mi vida profesional aunque es probable que la Corporación Médica, como Ente, hubiese actuado de forma similar de haber retenido íntegramente el control global de la Sanidad. Parodiando el tema pienso que ha sido una lucha entre piratas o entre cárteles con un claro vencedor, y no me retracto de mis palabras ya que ambos engendros son equiparables en su miseria moral y en sus abyectas intenciones.

De la convivencia humana en mi trabajo, experimentada durante todos estos años, puedo resumir que no es exactamente igual que la vida misma. Aunque hay buenos, regulares , y malos, he conocido innumerables categorías de compañeros en todos los estamentos. En la cara amable del sistema ha predominado la sociabilidad, la inmediatez, el trato llano y directo, y unos pocos (muy pocos) han sido los verdaderamente comprometidos con la misión, mientras que  la cara oculta ha estado poblada de indolentes  y haraganes así como por algunos francamente peligrosos. Las Instituciones Públicas que manejan material (humano) sensible, concretamente vidas, no deberían aceptar una estructura tan irregular de cualificación profesional, moral, y laboral, pero sus procedimientos de selección de personal son atávicos y todavía llenos de prevaricación administrativa. Aunque siempre me quedaré con el recuerdo entrañable de cuantos han derrochado su categoría y buen hacer debo reconocer que han sido demasiados los sinsabores y decepciones con muchos en cualquier momento.

Por último quiero incidir en un aspecto demográfico observado que contiene potenciales amenazas ya en el presente y para el futuro. Se trata de la distribución de profesionales en los distintos niveles sanitarios. He podido comprobar que la cualificación profesional elevada se asentó hace varias décadas en hospitales periféricos fruto del bloqueo de puestos de trabajo en los grandes hospitales por diversas razones. Ese efecto ha sido muy positivo en comarcas alejadas de las ciudades durante el tiempo que ha durado pero actualmente ha empezado a declinar porque son ahora los grandes Centros quienes retienen e incorporan a los mejores en detrimento del ámbito rural que parece haber perdido su capacidad de atracción y tampoco cuenta con ningún tipo de incentivación.  Con este panorama puede generarse una peligrosa asimetría en términos de asistencia eficaz, pueden multiplicarse los traslados a grandes hospitales hasta colapsarlos, y sobre todo pueden instaurarse dos modelos sanitarios desiguales en función de la geografía humana. Tomen nota de ello los jerarcas.

Si volviera a nacer no se si escogería la misma profesión porque las opciones en la vida, afortunadamente, son tan ricas y diversas que ponen muy difícil la elección del camino a la realización profesional. Por lo pronto no sucumbiré a las nostalgias y esta etapa la doy por cerrada aunque no por olvidada. La existencia de toda persona es un mosaico, un mosaico gaudiniano de muchos colores cuya combinación debe  configurar la perspectiva necesaria  para  expresar el arte, aunque predomine  el blanco.

domingo, 6 de mayo de 2018

Nechaev y las mujeres








Desde hace algún tiempo el populismo está reeditando El Catecismo revolucionario, al menos  en ciertos pasajes y por fortuna no en todos. Su autor, Sergei Nechaev, fue un siniestro personaje de la revolución rusa al que los mismos Marx y Engels tacharon de infame y  el propio Bakunin (fundador del anarquismo) aborreció cuando captó su malvada esencia nihilista. No obstante, su legado panfletario ha resucitado entre aquellos que hoy abrazan enardecidos las tesis mas radicales en la actualidad. No se dan cuenta de que lo único que persiguen sus soflamas es la aniquilación total de la sociedad sin considerar el futuro y sin atisbo alguno de esperanza humana. Una inquietante  propuesta para "cambiar el mundo".

Al hilo de ello me he detenido, leyéndolo, en uno de los puntos textuales menos sangrientos pero más perverso de la obra, el que hace referencia a las mujeres:

21. La sexta, y muy importante, categoría, son las mujeres. Éstas deben ser divididas en tres categorías. Primero, aquellas mujeres "cabeza hueca", inconscientes y desalmadas, que pueden ser utilizadas de la misma manera que los hombres de las tercera y cuarta categorías. La siguiente categoría es la de aquellas mujeres que son apasionadas, devotas y talentosas, pero no son propiamente nuestras, ya que no poseen aún una comprensión cabal, austera y revolucionaria. Ellas deben ser utilizadas como los hombres de la quinta categoría. Finalmente, están aquellas mujeres completamente nuestras, es decir, aquéllas que han aceptado nuestro programa y están totalmente dedicadas a él. Ellas son nuestras camaradas, y deberemos considerarlas como nuestro tesoro más preciado sin cuya ayuda no podemos triunfar. 

Obviamente los años finales del siglo XIX fueron convulsos, que duda cabe, y los primeros del siglo XXI parece que también, salvando las coyunturas. Hay un tufo agrio y desolador en  todos los radicalismos, incluyendo el feminista, e intuyo que algo de estas pestilentes ideas esta germinando en la tierra contaminada que pisamos. La lucha por la igualdad entre hombres y mujeres no admite reservas, es un objetivo inapelable, pero hay que tener mucho cuidado con las categorizaciones femeninas cuando se impulsan desde sectores populistas. Ser mujer es algo tan grande como ser hombre y así debe considerarse en cualquier circunstancia. Lamentablemente los aprendices  y aprendizas de Nechaev no lo entienden de esta forma. Ese texto revolucionario apologiza la destrucción de todo sentimiento y de cualquier valor sensible, en cuyo caso estamos ante una ideología exterminadora que no sostiene más que al objeto de la revolución en  si misma. Para mí, tan delirante finalidad subyace amenazante en las recientes manifestaciones contra la inefable sentencia de "La Manada". ¿Es la víctima una de sus "camaradas", como puntualiza El Catecismo Revolucionario? Me lo pregunto ya que tamaña  reacción feminista en nuestras calles no se ha dado en otros casos con infausto desenlace incluido. Tal vez, esas otras mujeres violadas y asesinadas fueran de cuarta o quinta categoría según el protocolo revolucionario,

Yo creo en los seres humanos, sean del sexo que sean, pero me niego a tomar partido en esas tóxicas manifestaciones que discriminan a las mujeres dentro del propio sexo femenino. Eso lo considero execrable.

martes, 24 de abril de 2018

La novela de Stocker



Con detenimiento he releído Drácula, la mas famosa novela de Bram Stocker, y me ha parecido, de nuevo, interesante a pesar del uso y abuso que se ha hecho de la obra en sus ciento veinte  años de vigencia. Interesante no significa excelsa, porque no lo es literariamente, pero si provista de cualidades y recursos, así como dotada de un ritmo narrativo casi actual , Veamos.

La temática no era nueva en 1897, recordemos el relato Carmilla de Sheridan Le Fanu (también irlandés como Stocker) y que le precedió,  así como el ambiente de fin de siglo cuajado de devociones espiritistas y fantasmagóricas. Aunque Stocker nunca estuvo en Rumania se había documentado lo suficiente o al menos le habían "piado" las particularidades de dicho país, y dentro de una trama que no profundiza en su historia  política ancestral (Vlad III si existió y fue un rey muy cruel) supo encajar las descripciones de los lugares de forma acertada.  No obstante, a mi modo de ver, lo más relevante de la obra no es la dimensión de terror que  contiene sino los elementos conceptuales que incluye en el tiempo en que fue escrita, como algunos aspectos de rabiosa modernidad tecnológica, y oscuras premoniciones. 

Aparece la grabación sonora de notas habladas en el fonógrafo de cilindros de cera que utiliza John Seward, uno de los personajes clave. El grafoton fue introducido por Graham Bell en 1880.

La comunicación entre el grupo que dirige el profesor Van Helsing  es incesante y se hace mediante telegramas,  lo que suponía, por entonces,  algo similar a un correo electrónico en los albores de la era informática.

La dinámica, a veces electrizante, de trabajo en equipo, reuniones, y su coordinación, se incorpora como clave del objetivo,  un modelo superponible a la estructuración  empresarial de la actualidad,,

Los continuos viajes de Van Helsing entre Londres y Amsterdam reflejan el imprescindible papel de la rapidez en las comunicaciones para cualquier organización moderna.

La mecanografía que claramente substituye a los manuscritos se exalta a lo largo de toda la novela, compitiendo claramente con la taquigrafía, cuya primera patente se registró en Nueva York en 1872, y no se comercializó en Europa hasta unos años más tarde.

La psiquiatría científica,  como estudio profundo de la patología mental frente al confinamiento indefinido de  pacientes,  se escenifica en el personaje de  Renfield recluido en el hospital y bajo  el control médico de Seward. Freud había nacido en 1856 y en el año de la publicación de Drácula  tenía tan solo 21 años.. 

El tratamiento con hidrato de cloral, un  fármaco sedante y somnífero descubierto y puesto en circulación en  la década 1870,  estaba al alcance de muy pocos pacientes..

El empleo de linternas eléctricas a pilas durante la navegación en lancha de vapor por los ríos rumanos, inventadas en la misma década en la que Stocker escribió la novela.

Las armas modernas, semiautomáticas, utilizadas en el apresamiento de la caravana de gitanos que transporta  al Conde hacia su morada, como el Winchester 1894, que data de ese año.

Evidentemente Stocker no reparó en diseñar una novela novedosa pero, sobre todo agregó el concepto de contaminación por la sangre de una lacra, en este caso la trasformación de los seres humanos en vampiro, que  supone una extraña premonición, tal vez, de la pandemia del SIDA. Esclavizadas las víctimas para siempre, estas replican y transmiten  la condición de lo infernal, por inoculación. Si bien no existe en toda la novela una escena erótica implícita (el mundo de la época victoriana no lo permitía) si pueden inferirse sin rebuscamiento momentos cifrados de sexualidad y hasta de pornografía, como el ataque del Conde a Mina Harker a quien obliga a lamer la sangre de su pecho después de haber mordido su cuello, o en la escena del castillo en la que Jonathan Harker es acosado por tres vampiras voluptuosas.

Para concluir, Drácula  es una novela clásica que va más allá de lo que realmente pretendió Stocker y que contiene, misteriosamente, aspectos malignos encriptados como profecías.

sábado, 31 de marzo de 2018

Vestigios del Agua






Parajes como éste solo pueden describirse con la poesía



Muda la vaguada expira
en el gris de los fantasmas,
ellos, los que se han quedado
redivivos entre errantes.

No hay más eco que el silencio
en el trasiego del tiempo.
No hay más susurro en el aire
que el del llanto en el pasado.

Lenguas ávidas de vida,
de oraciones a los dioses,
a la lentitud pagana,
de los labradores nuevos.

A estas tierras alejadas
llegaron los argonautas,
los que nunca regresaron
al vino de sus tabernas.

Hay un aliento de niebla
en la vaguada desierta,
y una fuente embalsamada
que fluye lágrimas viejas.



lunes, 26 de marzo de 2018

Marvila

Todo se acabó en Marvila, aquel martes lisboeta pasado por agua y por sol como un presagio exacto y fácil de interpretar. El tren me dejó lejos, en un arrabal absurdo desde el que se contemplaba el Tajo inmenso, y tuve que descender, volver en la dirección opuesta para dar con el barrio. Solitarias calles sin vida, viejos caserones entre ruines huertos urbanos, hasta llegar al Braço de Prata, convertido en un inerme edificio trasnochado, ajado, y abanderado por la estulticia municipal. A unas pocas manzanas, el restaurante que un periódico amarillista había recomendado (recientemente) como un hallazgo de oro en paño para el paladar y el bolsillo estaba cerrado, o abandonado, o al menos la pátina polvorienta de sus cristaleras y el  mate reseco de su carta, expuesta a la entrada, así lo atestiguaban. Unos pasos más allá encontré el lugar al que me dirigía expresamente: el comercio de Abel Pereira Da Fonseca. Allí estaba, con toda su prestancia decimonónica, exhibiendo la pretérita grandeza vinícola. Fue un instante conmovedor, un regreso sereno a otros tiempos. En su "Amazem" las puertas estaban abiertas y de la penumbra surgió un menudo tabernero. Comprobé que, a esas horas de la mañana, no había cliente alguno en las mesas ni en la barra. Envuelto en los ecos silenciosos del bar pedí un café, pero el buen hombre me dijo que no era posible porque no había corriente y la máquina no funcionaba. Gustosamente me indicó la esquina donde si había uno de esos impersonales locales de consabidos desayunos, tan deleznable como vulgar. Y entonces decidí marcharme.

Mientras aguardaba un tranvía que nunca llegó, y cuya parada abandoné a los diez minutos, me quedé contemplando esa geometría circular tan poética que imponía el viejo edificio. Traté de imaginar aquellos cónclaves de fuerzas vivas portuguesas en ese lugar iniciático, aquellos años de claveles y literatura libertaria, pero mi interior no captó nada. Todo se lo habían llevado las tormentas fluviales y - ¡quién sabe!- si los mismos prohombres que cosecharon de esa clandestinidad una nueva vida mucho mejor remunerada. Al final Marvila me dejó como al último romántico extraviado en sus calles. Salí a la calzada urbana que discurre paralela a las riberas del estuario y esperé, con una dolorosa desazón de fracaso, que un determinado autobús me devolviese a la bulliciosa Baixa plagada de mercachifles turísticos.

Ese martes de febrero yo no sabia que aquel recorrido fallido por Marvila era síntesis y premonición de mis circunstancias. Ahora, instalado en el tedio del limbo vital, ahora cuando ya las advertencias se han consumado no puedo ni complacerme en su genuino esoterismo, ni por pasar al catálogo registrado de vidas anodinas

jueves, 8 de marzo de 2018

Drácula: más que Stoker y más que una novela



Al terminar de leer una prolija biografía de Bram Stoker llego a la conclusión de que, aparte del género literario en el que se clasifica, Drácula no es más que la continuación de Frankenstein y que ambas novelas corresponden a un pálpito premonitorio del futuro  en lugar de a escalofriantes relatos de terror. Mary Shelley murió cuatro años después del nacimiento de Stoker, es decir que no se conocieron nunca, lo cual no invalida su conexión conceptual con el Romanticismo más profundo, y aunque sus vidas fueron bien distintas compartieron la visionaria idea de un mundo en el que las transformaciones, en todos los órdenes -y hasta lo impensable-, habían recibido el pistoletazo de salida. Siglo XIX, el siglo que lo rompía todo para permitir que los fragmentos de su fractura se combinaran  en infinitas probabilidades, como más tarde Kurt Goedel puso en clave matemática con sus celebres teoremas de la incompletitud ( si un sistema es coherente no puede ser completo). En ese trasiego misterioso del pensamiento a la idea y de la idea a su demostración, y de su demostración a la aplicación, y de la aplicación a la interacción real en lo físico psíquico y social, discurre la nueva Era por una vereda nunca sospechada en tiempos pasados, dentro de los cuales el determinismo lógico y los axiomas teológicos cerraban a cal y canto cualquier alternativa diferente. A Stoker le tocó dar la última pincelada con sus redivivos ambientados en Transilvania, donde por cierto nunca estuvo.

Entre los dublineses egregios han habido grandes literatos, curiosamente,  como Bernard Shaw, Oscar Wilde, Sheridan le Fanu, y el propio Stoker, aunque este nunca alcanzara la maestría  de los demás. Todos ellos fueron contemporáneos y llevaron vidas radicalmente distintas en sus glorias y en sus avatares. A Stoker le tocó servir a un grande de la escena, Henry Irwing, y se ganó la vida  como secretario y "chico para todo" del divo teatral.  A priori no resultaba probable que alguien esclavizado por el ingente trabajo de una gran compañía en continuas giras por Inglaterra y Estados Unidos tuviera visos de escribir una novela tan extraña, tan exitosa, y sobre todo tan visionaria. Pero así fue. El resto de sus obras no alcanzaron la fama y tampoco su ambiente laboral y social en Londres. pudo suponer un claro acicate para crear una obra tan exclusiva como Drácula, sin embargo, algo que no recogen sus numerosas biografías, incluso las más documentadas, le trajo la inspiración. Parece que el éxito editorial radicó en incluir aspectos de modernidad científica a los horrores sobrenaturales del vampiro en el texto, pero aún con todo falta una pieza clave que explique  la intuición de Stoker en un fluido (la sangre en la novela) que  garantice una existencia eterna.. ¿Quién le susurró la idea, aun con toda la parafernalia gótica del momento, de cobrar vida absorbiéndola de otros seres por los siglos de los siglos?

Por el momento he empezado a releer la novela, con gran detenimiento.

viernes, 16 de febrero de 2018

Oxfam et alteri





La parábola del buen samaritano es, sin duda, políticamente correcta pero ahora lo correcto, en política, y las parábolas, en religión, ya no existen. Por eso a mí no me ha extrañado la noticia de abusos sexuales por parte de algunos miembros de Oxfam e intuyo que tan solo es la punta de un  oscuro iceberg en el que se agrupan TODAS las  organizaciones no gubernamentales así como las gubernamentales. Ya es bien sabido que el asunto de la jodienda no tiene enmienda.

Aunque a titulo personal colaboro con una asociación benéfica ( y no lo digo en plan fariseo) se trata de una lejana adscripción  que hace años contraje, cuando aún veía las cosas bajo un prisma coloreado. Ahora ya no doy nada a esas entidades ni a los mendigos de la calle. ¿Me habré vuelto malo y egoísta?. Es posible, pero razonadamente. Ahora pienso que la caridad es cosa de cercanía, de inmediatez, y por supuesto no expresaré en este post si la practico o no. Ahora pienso que los sentimientos son patrimonio exclusivo de la privacidad personal. También pienso que lo espiritual, e incluso la religión, son cosas absolutamente íntimas .y no me acerco a los ritos colectivos. He dejado de hacerlo por una convicción: las creencias son lo único que hoy en día aún están a salvo del cibercontrol y de la geolocalización, es decir que ya es lo último que nos queda en el pleno dominio de nuestra intimidad. Existió una frase, una recomendación muy sabia y muy antigua, que decía "que tu mano derecha no sepa lo que da tu mano izquierda" , Gran gran verdad perdurable por los siglos de los siglos, amén.

Cuando la miseria, la tragedia, el hambre, se convierten en negocio (siempre) la dignidad desaparece por completo. Allí donde sobreviene el horror social se inician pingües oportunidades de todo orden, Un economista alemán experto en temas africanos, creo que se llamaba Brytner o algo así, dijo que "la limosna de occidente va a parar a los bolsillos de los poderosos africanos". Muy lapidario, pero muy cierto, porque las pompas de las ONG cautivan a las almas sensibles pero naufragan en la tempestad de la codicia propia y ajena. Demasiados fraudes en sus cuentas. demasiadas connivencias políticas, demasiadas oportunidades para aventureros en busca de fortuna, demasiado efecto mediático manipulador. La caridad no es eso, ni por asomo.

Hay algo que si puede hacerse sin suscripciones ni reparos ni incertidumbres: ayudar y colaborar en nuestra vida diaria con  las necesidades del prójimo, nuestro prójimo cercano. Creo que, en esa nocturnidad (sin alevosía) puede generarse una ayuda eficaz y eficiente, sin luces ni cámaras, sin redes mediáticas. Hay tanto por hacer en proximidad que no cabe pensar más allá. Tal vez cuando nuestra actitud individual mejorase significativamente descubriríamos que "milagrosamente"empieza a mejorar la situación en el tercer Mundo.