domingo, 2 de abril de 2017

Pániker





En dos ocasiones escribí a Salvador Pániker sendas cartas acerca de dos de sus libros: Cuaderno Amarillo y Diario de otoño, y en ambas ocasiones me respondió aún siendo yo un anónimo lector entre miles y miles. A eso le llamo categoría personal, un punto más allá de la buena educación. Y no fueron cartas protocolizadas sino comentadas punto a punto. Lo más curioso es que, ayer mismo, mientras ordenaba un cajón de mi despacho aparecieron esas cartas y las releí, pocas horas antes de su muerte. Luego hay, todavía, quien niega la dimensión espiritual e intangible del ser humano.

Sus obras,o la mayoría, contienen "pensamiento" en estado vital por encima de filosofía y eso es precisamente lo que me identifica con él y lo que ha propiciado mi admiración. Su dinámica personal ha sido conjugar una existencia variopinta, y en ocasiones casi frenética, con un estado de reflexión permanente, bien fuera en sus correrías sensuales de la Barcelona de los años sesenta como en la ancianidad más admirable. No ha sido un arquetipo de nada porque, por desgracia, ese estado de inteligencia holística nunca ha abundado en nuestra sociedad, más bien ha sido excepcional y anecdótico. Lástima que sus correligionarios de aquella progresía del tardofranquismo se hayan reducido a meros oportunistas de la política o de los negocios, bazofia humana que aún colea en la fracturada realidad catalana. Solo él ha mantenido claras las ideas de una acción intrínsicamente positiva ante  las experiencias  personales y colectivas que nos retan  día a día..

También yo soy defensor de la eutanasia, no se si como  él lo fue exactamente o de manera más directa como médico que soy. También yo ando entre contradicciones espirituales. También yo creo en el "sexo" aderezado con inteligencia en todos los casos. También yo me rebelo contra cualquier forma de autoritarismo  esclavizante, pero acepto el cumplimiento de las órdenes bien dadas. También yo intuyo, aunque sin certeza, lo sobrenatural. También yo  le agradezco su literatura hiperrealista que censura y dignifica los errores sin mandarnos al infierno.

Salvador ha definido una fórmula de vida asequible  a cualquiera: encauzar las actividades propias hacia la búsqueda de la senda de la felicidad, un camino que nunca esta señalizado de antemano.

Un fuerte abrazo Pániker.