domingo, 9 de octubre de 2011

AÑOS DE VINO Y ROSAS



Es tiempo de lamentos, aunque también debería serlo de propósito de la enmienda. Pero no, sino todo lo contrario, porque la razón de esta crisis no es económica, es social. Cuando las cosas se ponen "fáciles" se inicia un proceso de acomodamiento en aquellas sociedades que no profundizan en el progreso, y nuestro país ha hecho exactamente eso. Para los gobernantes es muy simple, es el "laisser fair", apoltronados mientras corre el pan y el vino por doquier, vengan de donde vengan los sustentos. Y ese ha sido el gran error, la inacción durante los años de vacas gordas que ahora hemos empezado a pagar, y cuya duración no puede ser estimada. Sin ser agorero, creo que esto va para largo. Una rancia anécdota puede servir de ejemplo.

La escuché, con nombres y apellidos, durante una intervención quirúrgica hace muchos años, cuando era Residente de Cirugía (sepan que los cirujanos hablamos de muchas cosas mientras operamos, y sirva esto no para desmitificar sino para declarar sinceramente que estamos hechos de la misma pasta que el paciente a quien operamos). Pues bien, el relato fue de Ramón Trías, mi Jefe entonces y personaje extraordinario y cultísimo. Un amigo de su padre, allá por los años veinte, tenía una importante fábrica textil con otro socio, al 50%, y dos hijas jóvenes pero ya en edad de merecer. El negocio era próspero y se hallaban instalados en la alta burguesía catalana, que por entonces atesoraba pingües beneficios al rebufo del noucentisme industrial. Un día, mientras cenaban, el padre se dirigió a sus hijas y les dijo: " debéis casaros pronto, casaros bien, antes de que sea demasiado tarde". Las hijas quedaron atónitas ante la imperativa recomendación del pequeño magnate de las hilaturas y le respondieron alteradas. "Pero, por qué, tenemos solo veintipocos años, nos gusta vivir la vida antes de formar una familia, y nos lo podemos permitir en nuestra situación, no tenemos prisa". El cabeza de familia reiteró su consejo, hasta la obstinación, y las hijas, extrañadas, le preguntaron por el motivo de tanta premura en un buen casorio. "Pare, ¿quin problema hia?". El industrial les respondió: "Cada día dedico menos tiempo al trabajo, y mi socio cada vez más, y aunque todo marcha bien creo que acabará quedándose con el 100% de la fábrica". Las hijas desestimaron la misteriosa advertencia que su padre especulaba, y sonrientes le llenaron de arrumacos sin hacerle ningún caso. Pasó un tiempo y las sospechas se cumplieron. La familia se arruinó y las hijas se quedaron para vestir Santos.

Ignoro lo que nos ocurrirá a todos en el panorama económico y social, pero me preocupa más nuestra actitud como hijos del escenario actual que la consabida pereza de nuestro padres gubernamentales. Sabemos de lo haraganes y mafiosos que son , pero...¿quienes somos nosotros? y ¿qué podemos hacer?. La respuesta es nuestra.
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