martes, 27 de septiembre de 2011

VICENTE


Ayer supe que Vicente había muerto hacía pocos días, y lo sentí sinceramente. Con su pérdida se liquidaba toda una época, con más sombras que luces, un tiempo descarnado desde que naciera hace ahora 50 años. Vicente fue un ser timado por la Providencia, llegado al mundo con una grave e incurable enfermedad mental, que marcó su vida desde la infancia. La Psiquiatría más rancia lo etiquetó de oligofrénico, y después de esquizofrénico, esos síndromes que van cambiando de nombre en función de la historia social del mundo. Ahora ha muerto con un trastorno bipolar, o algo así. Pero durante 50 años ha sido un niño loco, un adolescente psicótico, y un hombre marginado. Crueldades de la miseria en la que nació, rayando la pobreza, y de la desquiciada insensibilidad de una sociedad acorralada, entonces, y más adelante desvergonzada.

Debió de sufrir mucho en su vida. Al principio con las palizas escolares de los maestros ruines que nada comprendían de su trastorno y más tarde en el infierno de un hospital psiquiátrico en el que permaneció ingresado largos años durante su adolescencia. Pero sin duda, su maltrecha biografía, ha sido como un inquietante murmullo en la noche y más tarde un gruñido leve que se ha ido haciendo más estridente para terminar por convertirse en un grito desgarrador contra nuestra hipocresía arribista.

Después numerosas fugas del Psiquiátrico, en las que alcanzaba lugares muy lejanos como polizón en los trenes, la Psiquiatría "moderna" lo "excarceló" y fue confiado a sus padres, ya mayores, hasta que estos fallecieron. Solo, realizando pequeños trabajos como repartidor y con la ayuda de un pequeño subsidio, supo mantenerse y hasta se echó una novia con la que pasó algunas temporadas. De su antigua agresividad, reactiva y también esencial, ya no fue quedando más que un status vecinal acompasado por un orden aceptable, ese orden que solo otorga la libertad en su sentido más literal. Era Vicente. Y Vicente era nuestro vecino. Tal vez el destino le ha redimido de unos años inciertos y de nuevo dolorosos, ahorrándole la indignidad de una vejez delirante y dependiente. Quien sabe. Su corazón no estaba bien, padecía insuficiencia cardíaca, y hace pocos días lo han encontrado muerto en su cama. Solo.

Me pregunto porqué nos cuesta tanto asumir nuestra realidad más cercana mientras andamos preocupados por guerras lejanas. Me pregunto porque no sentamos a nuestra mesa a los que desde tan cerca nos necesitan y nada nos piden. Me pregunto porqué explotamos de vanidad mientras tan cerca está la miseria vital de alguien con nombre y apellidos. Me pregunto para qué las limosnas y donativos de incierto destino mientras en el piso de al lado crece una desesperanza monstruosa. Me duele todo esto, y me siento avergonzado. Me duele más que el día en que su madre me dejó su DNI para redactar una instancia y en el reverso, donde figuraba su profesión, ponía...subnormal.

Descansa en paz Vicente, te pido perdón en nombre de todos.