domingo, 25 de septiembre de 2011

AGNOSTICISMO TEOLOGICO



La fe sigue siendo un misterio, una de esas cuestiones también probabilísticas, como las órbitas de los electrones. No hay una sola fe, inalterable y compacta, hay muchas formas de orbitarla. Eso es lo que me imagino ha querido decir Benedicto XVI en Alemania cuando se refiere a la cercanía de Dios en los agnósticos versus el alejamiento de los meapilas rutinarios. A ver... la Iglesia, todas las Iglesias, son el ente pedagógico de la fe, de lo espiritual, de la conexión humana-divina, lo cual no significa su excelsa divinidad.

A través de los tiempos las religiones, res humane, han asumido el papel de traductor del lenguaje divino, estrictamente, aunque hayan cometido el profundo y reiterativo error de irrogarse poderes divinos que no tienen, en modo alguno. Los fundamentalismos, las adscripciones políticas, sociales, económicas, o de influencia histórica, son el más genuino fracaso de las Iglesias, su alejamiento esencial de Dios en la desidia de su papel lúcido e iluminador. Se han degradado en la connivencia con lo no espiritual, alegando su adecuación inmovilista y guardiana de la fe. A medio camino de todo, que es el peor sitio donde situarse en materia de fe.

Es, por ejemplo, dentro de un viejo templo donde se puede racionalizar el sentido de la fe con perspectiva en el espacio y en el tiempo. La interpretación del misticismo, en ese ambiente de recogimiento, puede reducirse a aquella inmemorial frase shivaítica "el mayor secreto es que no hay ningún secreto", o lo que es lo mismo : con la sencillez se puede llegar a comprender todo. Si a lo largo de los siglos millones de seres dedicados a la oración y a la abnegación han mantenido un grado de conciencia en lo espiritual es porque cuantas menos necesidades tiene el hombre más libertad atesora. No es esto una apología de la vida monástica sino, más bien, una conclusión en la esencia de la fe. No hay más premio que la vida, esos minutos de eternidad que nos han otorgado existir. El más ferviente cristiano debe descartar un premio eterno, un Paraíso infinito, y dedicar su tiempo a compartir lo mejor de si mismo en su pasaje terrenal. Ese es su mismo Cielo. Esa es probablemente su auténtica fe, su único modo de contribuir a la existencia de un Dios.

Lo más equivocado en la negación de Dios es hacerlo con la misma irracionalidad que la Iglesia tradicional proclama su existencia. Dejen en paz a Dios, los unos y los otros.