viernes, 16 de septiembre de 2011

Terapia de Maggot



El término maggot significa gusano, larva, y desde la Antigúedad existen referencias de sus aplicaciones en el tratamiento de úlceras cutáneas con componente de necrosis. Las larvas de la mosca Lucilia sericata poseen, específicamente, la propiedad de producir unas larvas que actúan devorando el tejido desvitalizado o muerto, por lo que dicha propiedad le ha valido, al insecto, el sobrenombre de mosca cirujana. La aplicación terapéutica de dicho método ha sido cuestionada en algunas épocas, pero en la actualidad se emplea en miles de hospitales, sobre todo norteamericanos.
Una mañana, pasando visita en el hospital, lo pude comprobar. Un paciente que había ingresado unas horas antes presentando una extensa úlcera crónica en la pierna izquierda llevaba el correspondiente vendaje que hice levantar para la inspección de la lesión. Cuando observé la úlcera note que algo brillaba de forma borrosa en su superficie. Me quite las gafas y las limpie, creyendo que mi visión no era del todo fina. Pero al volver a mirar comprobé como numerosas larvas se movían en la extensión de la úlcera. Quedé estupefacto, la enfermera casi se desmayó y salió torpemente, y nauseosa, de la habitación. Al regresar, con un frasco de alcohol, la detuve.
" No, esto no hay que matarlo, está haciendo su trabajo con eficiencia" -le expliqué con un convencimiento primordial y emocionado-. Pongamos solo un leve apósito húmedo y dejemos que estos diminutos seres operen con destreza la lesión necrótica". Fue toda una experiencia.

Se me ocurre, por analogía de conceptos, si la situación necrótica de nuestra sociedad, seriamente afectada, no respondería mejor a una terapia de maggot que a grandes e invasivas actuaciones políticas y económicas, es decir, desde la pequeñez de la actuación cotidiana, personal y perseverante de todos los comprometidos con los valores filantrópicos, para ir eliminando toda la podredumbre a pequeños bocados. Cierto es que en esta última década hemos enfermado de gangrena moral, pero al final todo depende de quien más cree en lo que hace, y no de los vendedores de humo y demás farsantes. Está en nuestras manos. Viva la Lucilia sericata.