sábado, 22 de octubre de 2011

El comunicado



Era una crónica anunciada, el comunicado de ETA. A título personal lo considero una celada más de la banda terrorista dentro de su organigrama político-militar, ya que así es como se ha estructurado desde su fundación. Ahora es terrorismo político, y no vale aquello del cese de la violencia, es la continuación de la violencia por otros medios (parafraseando a Clausewitz). Sin asesinatos se vive mejor, sin duda, pero va a seguir la extorsión, ahora institucionalizada,"legal",va a seguir el acoso moral y ciudadano contra los que no piensen como ellos, el apartheid de los que no son sus correligionarios, y la imposición de una sociedad monolítica que no guarda respeto ni equidad hacia otras formas de pensamiento. Es el triunfo final de "su proceso", el que arranca desde mucho antes de 1959. Veamos.

Los vascos fueron desde el siglo de Oro el pueblo de élite de las sucesivas monarquías españolas. San Ignacio de Loyola, un personaje extraordinario donde los haya, fue un militar de la Corte de los Reyes Católicos, es decir en la fundación de España. Su vida fue una epopeya digna de las más alucinantes novelas de ficción, pero superándolas con su realidad. En su insólita biografía hay un pasaje que para mí define el peso social del pueblo vasco dentro de la nación española. Se le instruye un proceso por la Inquisición en Salamanca, dentro del cual se le acusa de judío entre otros cargos. Es entonces cuando uno de los ponentes del Tribunal aduce lo siguiente: "Judío no puede ser, porque es vasco", constando en acta. Queda libre con cargos menores. Un argumento salvador a todas luces, una condición de privilegio, de esas que se otorgan a aquellos que más próximos se encuentran al gran Poder. Y durante casi cinco siglos los destinos de España se han regido, directa e indirectamente, con la estrecha colaboración de esos personajes nacidos en el País vasco. La conquista de América, su colonización, está plagada de nobles vascos, sin ir más lejos. Puede que las clases de tropa sean extremeños, manchegos y castellanos, pero sus mandos, son vascos mayoritariamente. Así transcurren los siglos, en esa influencia de la predilecta sociedad de nuestros Reyes hasta que algo drástico ocurre en el siglo XX: la guerra civil española y los cuarenta años de franquismo. A pesar de que los años de dictadura siguen confiriendo relevancia a las castas vascas muy católicas y a sus entidades financieras e industriales, el futuro se empieza a ensombrecer para dicha oligarquía. En 1959 se organiza ETA, dispuesta a asestar golpes directos al Régimen y convirtiéndose en un problema nacional. El devenir histórico no resulta propicio a la élite: llega la Democracia. Para ellos supone la liquidación definitiva en su acceso al interior del Gobierno de España, el fin de la prebenda por designación directa, la imposibilidad de alcanzar puestos importantes en Madrid, porque las urnas, y solo las urnas, son quienes deciden. Es entonces cuando ETA se recrudece y golpea con sangre a un País que ha puesto fin a las oligarquías políticas con los votos libres de sus ciudadanos.

A mi juicio creo que esa sociedad, la vasca, siempre ha estado enferma de poder, y dicha patología ha ido cambiando de paciente, Desde aquel insigne Santo a estas hordas de Bildu. Siempre por el poder reaccionario. Ahora quieren seguir mandando sin límites, con su autodeterminación, reduciendo el mundo a un pequeño territorio tras el fracaso histórico de dominar el mundo en el Renacimiento español.

No es un problema menor, es muy contagioso. Recordando a un enciclopedista francés de la Ilustración: "la injusticia hecha a un hombre es una amenaza dirigida contra todos". Si triunfan las tesis de ETA y de Amaiur se cometerá una injusticia contra una pequeña sociedad, y quedarán todas las demás amenazadas. Al tiempo.