miércoles, 30 de septiembre de 2009

Reflexiones nada espúreas


TODO PASA Y TODO QUEDA

Corrían los años sesenta, años de adolescencia. Dicen que fueron difíciles esos tiempos, y menos mal que lo fueron. Para ir a cualquier parte había que caminar, sano ejercicio. Para comprar o diligenciar papeles había que hacer cola, santa paciencia. No siempre teníamos el estómago lleno, y mucho menos agradecido, bendita templanza. Pero soñábamos, como nunca. Soñábamos con lo tangible, o con lo intangible humano, tan real como el agua del mar. Trolebuses en el amanecer para ir a jugar al fútbol los domingos. Tranvias abarrotados en el anochecer, de vuelta a casa. Todo impecablemente esforzado, todo en consonancia con nuestra propia realidad, ninguna virtualidad. Y es que la realidad, per se, es infinitamente prolija. Abarca lo inabarcable, contiene todas las oportunidades y nos ofrece un horizonte inmenso. De aquellos días han quedado cosas para continuar, a pesar de muchos. Nos queda la ilusión, una vez perdida la esperanza. Nos queda el sentimiento, una vez perdida la fe. Nos queda el honor, una vez perdida la compostura.
Que todo pasa y todo queda, ya se ha dicho, y no por rimar unos versos. Tampoco se trata de volver al pasado, eso es termodinamicamente imposible, sino de reflexionar las estrofas del poeta y conservar lo que queda, y sumar la experiencia, reconocer los errores y aprender, como dijo Popper.
Me quedo con una imagen y un sonido, la magia de la música de rock en una calle de Gracia. Una caterva de chavales apostados frente a la puerta de un almacén escuchando los acordes de las guitarras ensayando una mañana festiva de primavera. Que, ¿quiénes eran los músicos?. ¡Y que más da!. Era un instante de encantamiento sideral.
Pasados mas de cuarenta años, si, me he comprado una Fender stratocaster. Es la fuerza del ayer.