martes, 22 de septiembre de 2009

reflexiones espúreas


Demasiadas palabras huecas que superan la masa crítica de la idiotez humana. Asi estamos en este valle de lágrimas precocinadas. Hay tanta sedición estéril, tanta protesta por pruritos anales, tanto botarate alimentado con pilas alcalinas, que muy pronto será difícil la circulación mental y quedaremos atrapados en el gran atasco del Supremo Absurdo. Entonces veremos quien pita y restablece la circulación. Amenazante enigma.

Cierto es que ..."cuando una impostura se comete reiteradamente acaba por convertirse en norma". No se si eso forma parte de la evolución, que se lo pregunten a Darwin. Pero que nadie se estremezca por las hambrunas de Etiopía ni por los orgasmos de las fiestas neoyorquinas en plena luna llena de cocaína. Las indolencias hay que aceptarlas como las calamidades, y los sobresaltos llevarlos al psiquiatra de la Seguridad Social. Me "conmueven" las "solidaridades lejanas junto a la mala hostia cotidiana por un cambio equivocado al comprar el pan. Mucha letra menuda cuelga de las ordas filisteas que se revuelcan en las miserias universales. Si se mirasen, verdaderamente, el ombligo, su ombligo, se darían cuenta de la cantidad de mierda que se les acumula alli, en equilibrio con la de su cerebro. Pero vivimos de las falsas promesas, de las esperanzas pardas, y de los puntos omega de plexiglás. Hay que recrudecer ciertos odios, no vaya a darse la triste impresión de beatitud y serenidad.Lo adecuado es insultar, fiscalizar, todo aquello y a todos aquellos que hayan sido definidos como muñecos del pim-pam-pum. Odiar es una magnifica terapia para esta progresía estreñida, por más fibra y vegetales que ingieran en su iterativa dieta sana. Yo les sugiero un buen tinto con sifón y unos taquitos de queso. (No incluyo el jamón por ser pecado en la multiculturalidad establecida). Pero el vino si, por mucho que quien lo beba no se acostará con once vírgenes al llegar al paraíso.