viernes, 21 de diciembre de 2012

Generaciones






Hace poco más de un año cayó en mis manos un artículo médico titulado Effect of Generational Composition on the Surgical Workforce,  que traducido significa Efecto de la composición generacional en el personal quirúrgico, firmado por Kimberly Vanderveen y Richard J. Bold, dos cirujanos de la Universidad de California dedicados a la Cirugía oncológica. El texto no hace referencia a aspectos técnicos  ni clínicos de los tumores malignos, sino que  analiza las diferencias psicológicas y sociológicas de los profesionales quirúrgicos  en relación a su edad y por tanto bajo qué influencias globales, familiares, y de entorno,  se han formado como personas y como médicos.  Diferencian  cuatro generaciones: Veteranos (nacidos entre 1900 y 1945), Generación del  Baby Boom (nacidos entre 1945 y 1965), la Generación  X (nacidos entre 1965 y 1980), y la Generación de fin de Milenio  (nacidos entre 1980 y 1999). De cada una de ellas definen desde sus rasgos humanos más relevantes hasta los arquetipos más genuinos de sus respectivas infancias y adolescencias, pasando por el entorno familiar de aquellos años,  los movimientos sociales y los progresos tecnológicos acontecidos. Así, los Veteranos están fuertemente influidos por el patriotismo, su rasgo psicológico más destacado es la lealtad,  y se hallan inmersos en una organización profesional de corte militar. Las cosas cambian en la siguiente generación, la del Baby Boom (estallido de natalidad),  que alcanza la prosperidad, en un tiempo en el que aflora el optimismo general como señal de la época, en la que se produce la Guerra fría, llega la televisión a todos los hogares, y en la que nace, por ejemplo, Bill Gates. Los siguientes van a ser menos favorecidos por las circunstancias, la denominada Generación X. Son la generación del escepticismo, la de los niños cuyos padres se divorcian y tienen la llave de una casa vacía al volver del colegio, en tiempos de escándalos políticos como Watergate, de jóvenes estrellas del rock que se suicidan por la incapacidad de asumir el éxito masivo sin el hipotético consuelo de las drogas como Kurt Cobain (cantante de Nirvana). Una generación acuciada que no digiere la fuerza expansiva de un materialismo creciente impulsado por la irrupción  de las tecnologías informáticas, o la pandemia del SIDA. Gente más difícil que no acepta el mando, que busca dirigirse a sí mismo. Con esta perspectiva, y con la progresiva implantación de los medios de masas, la previsible evolución de la siguiente generación no se presume esperanzadora, pero de nuevo el rumbo  varía. La Generación de los nacidos a fin del Milenio  se desarrolla en un ambiente de multiculturalismo que  aproxima posturas y resiste mejor la invasión del boom tecnológico, se unen a él en lugar de temerlo, se tornan más realistas. Ese realismo es su rasgo personal más destacado, y se adhieren a colaborar en distintas causas al servicio de un teórico mundo mejor. El perfil de los cirujanos de los últimos cien años queda así esquematizado. En el texto se discuten los pros y los contras de cada generación con una acertada ponderación basada en la experiencia de los dos autores. 

Lo más interesante es que el artículo baraja las interrelaciones de esas distintas generaciones que coexisten en mayor o menor medida en los equipos quirúrgicos, aunque los más jóvenes se encuentren todavía en fase de formación profesional. Todos interactúan y hacen complejo el desarrollo de las misiones y actividades. Complejo no significa difícil ni imposible, significa más laborioso y más multifactorial. Las tareas delicadas requieren muchas sensibilidades, aceptando aquellas innovaciones y aportaciones de interés de los profesionales involucrados en los procesos. Requieren entente cordial y concentración para lograr el buen fin, siempre bajo objetivos  razonados y razonables. En cualquier caso debe balancearse con el mayor acierto posible el impacto de cada profesional con su peculiar estilo de vida, incluyendo lo mejor de cada generación sin que ninguna de ellas capitalice de forma exclusiva el modo de hacer individual.

Este papel, publicado  en 2008, puede hacerse extensivo a cualquier aspecto de la vida profesional de nuestra sociedad. En cualquier ámbito laboral o social estas generaciones están presentes, trabajan codo a codo, y el verdadero talento reside en darles a cada cual su proyección y expectativas, pero también en restringir sus peculiares tendencias negativas. Todo desiderátum perfeccionista no es viable, por lo que es mejor quitárnoslo de la cabeza. Sin embargo, no sería mala cosa recuperar la confianza en la siguiente generación, la que ha empezado a nacer en el nuevo milenio y que es todavía una incógnita. Visto todo lo anterior solo apostando por ella desde nuestro rol de predecesores, es decir, dedicándoles atención y esfuerzos, es probable que obtengamos un digno relevo. Probable.

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