miércoles, 13 de marzo de 2013

Jorge Mario


           




           A Jorge Mario le espera una tarea impresionante, difícil y compleja. Aunque las profecías son vaticinios que no siempre se cumplen, las de San Malaquías ahí están pronosticando que este es el último Papa, y tratándose de un auspicio medieval produce una enigmática y misteriosa sensación.  ¿Qué va a ocurrir bajo la mitra de Francisco I? Es impredecible, pero sin duda algo se va a mover.

            La historia de la Compañía de Jesús arranca con un militar herido que abandona las armas para convertirse en ermitaño. Parece increíble que un hombre con secuelas de guerra que huye del mundo y se  refugia en una cueva del macizo de Montserrat se convierta en uno de los más influyentes personajes del inicio del Renacimiento. Una epopeya digna de un guión y un film antológicos, sugerencia que le hago a Steven Spielberg. Todo el proceso de los jesuitas descansa bajo el signo de la regeneración, como adalides de la Contrarreforma. Designados para la enseñanza (creo que como encargo peyorativo de aquella Curia en aquel tiempo) y enviados al Nuevo Mundo para evangelizar (otro encargo áspero y difícil). Baño de dureza para modelar una doctrina de rigor intelectual, sutil metamorfosis de la espada hacia la pluma, y hacia la fe.
            He conocido, en mis años escolares, a algunos sacerdotes jesuitas y debo confesar que eran personas inteligentes, directas, y combativas, por lo que guardo un recuerdo más que aceptable de ellos. Ignoro si lo que percibí de su ministerio religioso y formativo de jóvenes todavía persiste en la actual Compañía de Jesús, pero es probable que Jorge Mario intente algo decisivo para salvar la zozobra de la Iglesia. Se precisa abnegación, disciplina, rapidez de movimientos, y puntería para realizar con éxito la misión, y no estoy hablando de una acción bélica sino de algo más crucial. Aunque se parezcan.

                   Por cierto, este Papa no dimitirá.