domingo, 1 de abril de 2012

El Dr. Guasch



Yo lo había visto visitar, en verano, sentado en un velador de la fonda en plena calle. Los pacientes aguardaban en los aledaños, y algunos tomando algo en las mesas contiguas. Era su fórmula asistencial de aquel tiempo. Sobre el mármol circundado de latón cromado, una máquina Underwood con la que tecleaba sus notas y las recetas de la Seguridad Social. Era un genuino bohemio, pero de aquellos que en los años sesenta sabían mucho de su profesión. Aquella Medicina ya no existe, ya no se basa en sabiduría sino en pruebas y análisis exhaustivos que muchas veces no conducen a ningún diagnóstico y vacían las arcas de la Sanidad Pública.
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Nuestras vacaciones eran protocolarias en aquel pintoresco pueblo de la Garrotxa, como si de una extensión de nuestra casa se tratase. Verlo auscultar, desde la acera, era todo un espectáculo, era una lección más que de Propedéutica de lucidez creativa. Uno tras otro, los que aguardaban en fila y los que consumían un café o un vaso de vino tinto con sifón iban pasando a aquella consulta a la intemperie donde se les exploraba, diagnosticaba y recetaba. Eran los tiempos de las sulfamidas y la Acucilina D.A., de los cigarrillos balsámicos del Dr. Andreu, de las enfermedades comunes en el común destino de todos, Pero si algo me impactó de aquel personaje que ejercía como Médico Rural era su perfecto equilibrio entre sabiduría y extravagancia. Todas las noches pedía para cenar "una Pepsi-Cola amb una rodantxa de llimona, aixi de gran" (una Pepsi-Cola con una rodaja de limón, así de grande). Esa era su frugal colación nocturna.

Uno de aquellos días, mi hermano empezó a quejarse de la mano, y mis padres lo llevaron al Dr. Guasch. Lo examinó y exploró su mano detectando unos incipientes signos de fluctuación. Fue categórico hacia mis padres: "el niño tiene un absceso en el espacio de Parona, requiere tratamiento quirúrgico por un cirujano experto". Y nos remitió sin dilación al cirujano.

Muchos años después estudié Medicina. Fue entonces cuando corroboré sus conocimientos y preparación. Sabía, sabía mucho aquel excéntrico venido de las tramontanas ampurdanesas. Con los únicos recursos disponibles había hecho la mejor labor posible (a eso le llaman ahora Calidad los engolados de la Gestión Sanitaria, concepto no solo ya inventado entonces sino utilizado día a día en aquellos tiempos). Hoy las cosas son bien distintas. No hay Médicos Rurales que visiten en el velador de una fonda, que vistan traje oscuro entallado y camisa blanca, ni que sepan donde se encuentra el espacio de Parona ni las indicaciones de su drenaje en caso de absceso). Para muchos el Dr. Guasch fue un loco, para otros muchos un sabio, y para mí un profesional de una casta extinguida llena de conocimientos y amor a su oficio, eso sí...con el toque mágico de su personalidad.

No albergo fundadas esperanzas en ver conjugada, algún día, esa Medicina romántica con la biotecnología digital, pero que quieren que les diga... soy un soñador.