viernes, 25 de noviembre de 2011

TERRA INCOGNITA S.A.



Todos los días, desde la altiplanicie, observaban las montañas lejanas, siempre con la misma curiosidad y la misma displicencia. El camino a la cantera era sinuoso y descarnado, azotado por el viento frío que soplaba casi todo el invierno, y el cielo nunca variaba...era siempre de color gris. Apenas hablaban entre ellos, como si el silencio fuera un precepto de obligado cumplimiento, y las cortas frases que intercambiaban solían hacer referencia a detalles del trabajo. Nunca sonreían. Oteaban el horizonte helado que se difuminaba al pie de la cordillera mientras avanzaban con la primera luz del día. Claridad opaca de monotonía. El itinerario no era demasiado largo, ni penoso de andar, distaba tan solo dos kilómetros de sus casas, aunque sus casas distaban mucho desde la labor maquinal de su larga jornada en la cantera. Las horas no avanzaban durante la extracción de aquellas moles de piedra que los carros se llevaban por la vetusta carretera hacia un destino desconocido, más allá de las montañas. Nadie sabía a que se destinaba el material granítico, aunque lo cierto es que la demanda era incesante y el laboreo no se detenía ni un solo día al año.

Llevaban muchos años sin cobrar, pero seguían siendo escrupulosamente puntuales a su trabajo. La noche era su única evasión. Dormían exhaustos hasta que la nueva jornada se iniciaba, sin apenas unos minutos para desperezarse. Con la vista puesta en las crestas lejanas se ponían a andar todos los días. Y mascullaban en voz baja los avatares de la enorme pared que un día más les tocaba perforar. Nunca hablaban de otra cosa. Nunca enfermaban. Nunca moría nadie en aquel pueblo de trabajadores. Las órdenes de las tareas se daban con toda precisión de uno a otro sin que nadie conociera desde donde se impartían. Si alguna vez alguien rememoraba el día en que se instalaron en aquel lugar desconocido los demás hacían oídos sordos y se enfrascaban aún más en su labor. Todos aguardaban en silencio cuando las tinieblas se extendían desde el horizonte. Entonces regresaban a sus casas, camino de vuelta ya en plena oscuridad.