sábado, 9 de julio de 2011

CAN BARÓ



De los orígenes históricos de aquella casa solariega, que perteneció al Barón de San Luis, nunca nos hablaron en clase. El colegio era público y asesorado por los Jesuítas en aquellos años, pero salvo el Padre Espiritual el resto del claustro docente eran seglares. Teníamos un director mallorquín y farmacéutico, creo que también era falangista aunque nunca lo publicitó. De los profesores los había de toda casta, un exalférez provisional, un rojillo valenciano, un joven de Soria, lánguido y muy alto, un maestro aragonés pura cultura, un alcohólico de Reus, y un expolicía armada. También los había muy ancestrales, de Lérida. Tuvimos a un cura pederasta que a mi solo me besaba las manos cuando me confesaba pero que con otros alumnos la cosa pasó a mayores por lo que el director tomo cartas en el asunto y amenazó a las autoridades eclesiásticas con tirarlo por la ventana. A los pocos días lo trasladaron como capellán a una leprosería de Alicante. En su puesto llegó un gran hombre, también sacerdote jesuíta, que nos enseño el mundo y nos llevo de campamento a Ibiza, en los tiempos de Pink Floyd. ¿Extraño?. Puede, pero no lo creo.
Estas son algunas de mis reflexiones, mejor que recuerdos, que tal vez no vayan ninguna parte, pero si algo es obvio es que desde aquel tiempo atrabiliario de Can Baró he llegado hasta aquí. No es apología del pasado, no es pensar que el ayer fue mejor, es simplemente reconocer que cada cual debe recomponerse con los restos del naufragio intransferible de su adolescencia.

Hice buenos amigos, y aún conservo algunos con los que incluso me veo y con los que me comunico por internet, porque la amistad nunca fue reprimida en aquel tiempo, y con la amistad se puede superar hasta lo más aciago.

Todavía existe mi colegio, es el de la foto, con su tejado ondulado de dos aguas recogiendo y drenando las lluvias y las esperanzas de quienes allí nos educábamos. Sentado a horcajadas, en la arista roma de ese tejado siglo XVIII, vi claro el inmutable entorno social: hay gente buena y gente mala, por partes iguales, entre ricos y pobres, solo la grandeza interior define a las gentes. Que no se nos olvide.