viernes, 27 de agosto de 2010

San Francisco de Asís

Luminosas cristaleras de la Iglesia de La Porciúncula, convento franciscano que visité en 1959, siendo niño. Volví este verano y junto al viejo seminario, sobrio y muy mallorquín, se había construido una joya de iglesia en 1965. Diseño circular, no muy grande, como un corazón acristalado con vidrieras espectaculares recreando la vida del Santo y su empatía absoluta con la Naturaleza. Aquella mañana percibí soledad en el lugar, siendo yo el único visitante, un vacío que no era doloroso pero si nostálgico. Al salir, entre los frondosos pinos de la finca, intuí que algún día recobraremos la fé.