sábado, 17 de octubre de 2009

Bravo por Mamadou

LA LECCIÓN DE MAMADOU

En un cajero automático de Manresa, Mamadou se ha encontrado 800 euros. Es una pequeña fortuna para un inmigrante, una oportunidad, un regalo del destino. Pero no. Se ha puesto en contacto con la Policía Autonómica y ha devuelto ese dinero. ¿Suena extraño el suceso?. Suena muy extraño, casi inverosímil, pero es rigurosamente cierto. Nos parece tan insólito que fluya la honradez, tan extraordinario para unos y tan ridículo para otros que ha llegado a los medios como una primicia en los titulares. Es noticia. Debe serlo, pero hay mucho más que aprender de Mamadou.
En sus declaraciones señala que ha actuado así por sus fundamentos religiosos islámicos así como por la educación recibida de sus padres. Rotundo. Directo, inmediato, una decisión interior que pasa a la acción desde un código de ética en perfecto estado. No es solo un buen ejemplo, es un argumento para reflexionar en profundidad.
Ignoro quien es Mamadou pero, sin conocerlo, intuyo que es un buen tipo. Resulta antropológicamente positivo, o encarna una tendencia de superación, o se ha instalado en la fe verdadera. Verdadero es devolver lo que no es de uno. Eso es una verdad, no un relativismo, ni una monserga. Que sustente esos valores no es una casualidad, son los nemes de una tradición antigua transmitidos a través de unos preceptos religiosos intachables y de una comunidad familiar sólida. En nuestra sociedad esos rasgos van decayendo, somos más modernos, más libres, más progres, aunque nuestra refundación laica no consiga cuajar la esencia de los valores y en su lugar se le llene la boca con peculiares altruismos. No sé cuantos de nosotros habremos entregado 800 euros para el tercer mundo, ese que compadecemos, dolemos y reivindicamos, ese tercer mundo que se abastece de armas con las limosnas, limosnas, de Occidente. Nuestro credo debe ser la demagogia, y de paso la indolencia. Convendría recordar que es el prestigio moral de los pueblos, definitivamente, lo que hace avanzar la civilización y no sus riquezas. Tampoco la institución de la familia goza de un merecido respeto en nuestra sociedad del bienestar, colmada de muchas cosas (muchas inútiles, por cierto). La referencia de Mamadou es clara: sus padres. ¿Se dan ustedes cuenta?. Aquí, disolución progresiva de la entidad familiar y persecución incruenta de valores religiosos. ¿Pero aún no les suena?.
La lección de Mamadou es magistral. Está construida con sencillez, con honradez, con verdad. Nosotros vamos en dirección contraria. Nunca nos encontraremos con Mamadou. Si ellos no se corrompen, o no son triturados, poseerán el mundo.