jueves, 23 de agosto de 2012

Bravo por Cecilia Giménez



No sufra Cecilia, usted no ha hecho  más que arte, no puede avergonzarse de su restauración, ha pintado con dignidad y libertad. Si los canones dicen una u otra cosa que más da, en sus trazos está lo mejor de usted. Yo así lo reconozco, como una vibración benigna que me sugiere ese rasgo  de otra naturaleza bien distinta  a la de aquel “Grito” de Edvard Munch,   éste mucho más triste.

Celia, le admiro por esas horas de dedicación, y le admiro aún mas porque ha dejado claro que son muchos los legados culturales que necesitan atención. El aspecto del ecce homo antes de restaurarlo es el de un alma que se va, que se desintegra en el tiempo, que nos sobrecoge en la soledad del pasado lejano. Sin embargo hoy ha renacido y circula de uno a otro confín. Veo algo misterioso en el nuevo aspecto del rostro atormentado de Cristo, lo ha redondeado y lo ha desprovisto de esa crueldad clásica que imprimían los pintores de antaño. Es posible que el nuevo rostro sea más acorde al presente y al futuro, es un retrato menos hiriente y menos herido, tal vez más caricaturesco para un mundo que no puede asirse a los convencionalismos clásicos del sufrimiento desbocado del martirio y se vaya transformando en una  simplicidad, o mejor en una sencillez existencial,  que resuma la pretendida voluntad de Cristo, ser un hombre más.

Como mejor ha sabido usted  ha insuflado vida a la obra, gracias por haberlo hecho. Recuerde que ya otros lo han dicho y que yo  lo suscribo: El espíritu con el que se hacen las cosas es lo que me interesa” (Robert Filliou. Artista destacado del Fluxus Art).
Animos Cecilia, que por algo usted ya es parte de la historia de la Pintura.