sábado, 17 de noviembre de 2018

La nonagésima edad








La tarde brumosa y otoñal, brillando los focos ferroviarios con fulgor en todo lo alto, potentes como un halo níveo bajo el cielo.  Allí aguardaba yo la llegada del tren, mi esporádico y rutinario tren veloz desprovisto de toda poesía. Tiempos modernos. Tiempos nada románticos. Tiempos grises como la mismísima tarde. Era toda una recurrencia que se me antojaba dolorosa por más que tratase de animar mi corazón. Esos  viajes al pasado, cuando ya  no existe gozo alguno ni aún con la misión del deber familiar por medio, se vuelven tediosos en el espacio-tiempo de la  vida , máxime cuando esta es tan larga que termina por convertirse en una amiga  farragosa y cansina. Vivir mucho tiene sus tributos. Sobrevivir es otra cuestión.

El Intercity llevaba retraso pero ese día ya no importaba. Nada ni nadie que no pudiese esperar me aguardaba en la ciudad. Así que ni tuve que echar mano de la paciencia tántrica sugerida por los santones orientales, taoístas o sacerdotes Zen. Iba a la morada de los recuerdos todavía vivos y salvos (aunque no exactamente sanos).

A mi me hieren las añoranzas a las primeras de cambio, nada más salir a fumar a la trasera de la estación cuando llego ávido de nicotina. El barrio que desde allí contemplo, desfigurado hoy,  me llama la atención con vehemencia por el simple hecho de mirarlo. ¿Qué miras, desvergonzado? Márchate inmediatamente, esto es propiedad privada y no nos gustan los fisgones.  Aunque lo observo sin malicia, sin rabia, sin resquemor alguno, me echa a cajas destempladas, De nada vale que hace cincuenta años anduviese por sus calles con mi guitarra a cuestas tarareando canciones de amor y juventud. Parece que perdí la ciudadanía para siempre. Lo que sigue después en el trayecto de metro y autobús es más de lo mismo. No pertenezco a ninguna parte de estos confines, por más que mis súplicas  sinceras clamen sin cesar ante la puerta del tiempo.  

Aquí no tienes nada que hacer, vete de una vez; no queda ninguno de aquellos ni aquellas; ni siquiera los nombres de las calles y plazas son los mismos; esto es otro mundo; tu  época se fue para no volver. Y tan enérgicas son las órdenes que al final me rebelo y planto cara...¡será posible tamaña desfachatez! Pero de nada sirve. ¿Quo vadis? A mi casa, a mi barrio, a mis orígenes, y nadie me lo va a impedir. ¿Cómo que no? Espera y verás.

Lo que veo, cuando llego, es el declive, la fragilidad, la penumbra y la quietud aposentada más lancinante. La calle está silenciosa, casi desierta. Las puertas y ventanas entornadas, La luz exterior, tamizada por unos feos árboles (que antes no estaban), tiñe de sepia las paredes y los cuadros que en ella cuelgan. Ningún sonido, salvo el de la televisión(con obscenidad y alevosía). Se cierne la noche como una ola gigantesca de soledad. No salen los nombres de las personas evocadas en la conversación, mandoble feroz al rostro de la memoria. Te cuentan la misma historia de hace pocas semanas, porque ya no hay días ni semanas en el calendario para ellos, y escuchas triste la repetición como una primicia.  Voy a comprar pan.

¿Me da una barra? Sorry, I speak only english. El hombre del badulaque es oriental, me parece que pakistaní. O.K. I like bread, this one. Y le señalo una barra. How much? Eighty. El resto de locales, de las antiguas tiendas, están cerrados. Ya hace años que echaron la persiana para siempre. Pero ellos y yo seguimos aquí. Es toda una incongruencia. ¿Seguro?

Al volver miro la imponente fachada de mi antiguo colegio, Allí sigue, impertérrito. Menos mal. Le dedico una mirada tierna y empiezo a escuchar las voces de los escolares en el recreo, los balonazos y los goles celebrados. Si, aún están, conmigo siempre estarán. Subo a casa y dejo el pan en la cocina Bread.  En el salón ellos siguen sentados viendo la televisión y son reales, viven. Es una suerte, una gran suerte tenerlos.

Acedía impertinente: tengo grandes razones para estar aquí. Te has equivocado. No me voy ni me iré.

Cuando regreso. al día siguiente, a la estación vuelvo a fumarme otro cigarrillo en la trasera. No escucho ninguna advertencia, algo es algo. Observo los rótulos de las oficinas colindantes. Consulting. Meet Point. Business Center, Management entreprise.   Fast food.

Apago la colilla y exclamo a media voz: Gilipolling.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Estación de Ripoll






Mi dibujo no es perfecto, ni mucho menos . Los que solo somos diletantes de las artes tenemos en común esos errores que siempre acaban por expresar una tendencia infantil que luego no se ha corregido con un entrenamiento pictórico adecuado. Nos hemos quedado, más o menos, ahí, en la niñez. Lo aprecio cada vez que voy a una exposición de artistas desconocidos actuales, o no tan actuales, pero no consagrados. El arte exige demasiado para ser estéticamente bello y son pocos los  capaces de someterse al implacable mandato de su disciplina. Al margen, este dibujo si refleja una época que ha quedado para siempre en mi memoria con tanta nostalgia como advocación. Esa estación fue para mí, por las ocasiones en que estuve en ella, el Finisterre  de España. Los cielos encapotados del Ripollés (de un gris tan vernáculo), la cercanía de la frontera francesa, los trenes eléctricos circulando entre la humedad y los valles angostos significaban el punto final  de una tierra soleada en inmensas llanuras que hablaba y sentía de otra forma. La barrera y la guardia civil sellaban la terra incognita que yo intuía y anhelaba detrás de los Pirineos sin solución de continuidad con ese misterioso aire ferroviario: la Francia prohibida por entonces. Se me antojaba, siendo niño, un lugar que exaltaba y prolongaba todavía más esa placentera tristeza de lluvia y tonos grises. Creo que fue el mismo Picasso quien dijo que "adoraba la tristeza porque era español".

La RENFE es toda institución pero llena de toscos empleados, aún ahora. No importaba esa geografía humana de revisores amargados, despachadores imbéciles, y maquinistas alcohólicos, importaba el escenario, el portento majestuoso de aquellas locomotoras suizas o francesas que arrastraban el rosario de vagones vetustos, los convoyes de una miseria patente entre los viajeros. Y viajeros éramos todos, Lo excelso era el ambiente, desaparecido para siempre, crucial y extremo, porque había que subirse a un tren tiritando de frío para llegar a casa, vender en un mercado, o  visitar a unos familiares. Ese tren que partía de Barcelona con dirección a Puigcerdà anunciaba en los paneles del andén: "Dos primeros coches a San Juan de Asas". ¿De Asas?. Si. La economía de medios de aquellos tiempos   llegaba a la rotulación: Asas significaba Abadesas. En Ripoll se bifurcaba la línea, en mi dibujo lo sigue haciendo y en mi memoria también. El  ramal terminaba en Sant Joan de les Abadeses, en un umbrío valle bajo la imponente mole granítica de los montes., fin de trayecto hacia el Mundo.

No fue un tiempo gozoso, por más que la infancia segregue incesantes endorfinas, ni siquiera cómodo, sino todo lo contrario, pero... sueño con ese pasado y lo dibujo.
¿Porqué?

viernes, 19 de octubre de 2018

Antiguos alumnos




Hoy he tenido una interesante  (y esotérica) conversación con  un antiguo compañero del Instituto. No sé si me habría gustado tener un vis a vis real con él en uno de esos bares castellanoparlantes de Barcelona (casi todos) porque  el tempo actual y nuestras circunstancias se comportan como imanes a polos idénticos. Este chico, cuyo hermano ha proclamado recientemente una soflama sobre muertos para lograr la independencia  exprés de Catalunya, ya era un enconado catalanista  en aquellos tiempos lejanos de 1968 y ha aparecido en mi memoria como quien se lo topa de cara en el Paseo de Gracia después de cuarenta años.

-Joan Ramon, son molt desencertades les declaracions del teu germà. Et dones compte?

- Qué vols que et digui, es la acció política, l’avinentesa d'afegir la peça que cal en cada moment d’aquest procés.

- Tú també ho creus així?

- No importa el que jo cregui, el que importa es tirar endavant  l’alliberament de Catalunya.



En el aula de Sexto de Bachillerato, todos, incluyendo a los profesores más adictos al Régimen, teníamos respeto a sus ideas ultranacionalistas. Por entonces él no hablaba de independencia, era una palabra que ni existía en el diccionario de la vida cotidiana, hablaba (en catalán) de libertad y en contra del franquismo. En eso coincidíamos. La causa era común, en mayor o menor medida, y los acusados tintes vernáculos del muchacho eran aceptados con toda naturalidad.



            -Eras un bon alumne, llest, estudiós, pero capficat en el teu catalanisme amb la disfressa de la lluita política en contra de la dictadura. La teva familia et determinaba moltíssim, ho compreng. Malgrat tot, jo et veía una mica desequilibrat, hiperbólic, aillat de l’ambient jove del nostre curs.



            -Tenía una tasca mes important que la vostre. Un activista com jo, com tots els veritables activistas, es deu a la causa. Només coincidiam en la inefable obligació d’aprovar amb la millor nota posible, de preparar-nos per assolir un nivell profesional i potenciar la lluita amb mes recursos per aconseguir els objectius. Un activista te l’obligació d’allunyarse de tot el que destorbi l’ideari. Ni festes ni plaers comuns, ni collonades. Els diumentges eran díes d’intensa activitat política per mí mentre vosaltres ballàveu amb la música del grup d’en Verdejo al gimnás i assetjàveu nenes maques.



No sé qué fue de Verdejo, un auténtico rockero que desapareció de clase sin dejar rastro. Decían que se dedicó por entero a la guitarra eléctrica, pero nunca supe más de él. Supongo que acabó en alguna oficina de administrativo y un día guardó la Fender en su funda para siempre.



            -El que está passant es greu, pero no es massa greu. No hi estás d’acord?

            - Guanyarem.

            -Qui?

            -Nosaltres, els auténtics catalans. El procés ja ha crescut prou per donar redits, es imparable. Domini asegurat.

            -I l’indepèndencia?

            -Aixó es tan sols un concepte ideologic. No cal arrivar-hi. L’objectiu es catalanitzar al máxim. Erradicar costums i habits espanyols. Netejar cualsevol relèvancia vinguda de fora, pulir la llengua i fer-la única. Gestionar, en exclusiu, els diners. Anomenar gent de confiança no només als cárrecs ans a la totalitat de treballadors i treballadores de l’Administració, negociar estrictament amb els empresaris adictes al Catalanisme. També impossar una cultura cent per cent catalana. Un cop aconseguit aquest estatus prendrem possesió per sempre de la nostre terra, “de facto”. No volem res que no sigui catalá. I aixó es tot.

            -Será posible?

            -No ho dubtis.

            -Sense morts?

            -Ningú vol morir actualment. Aixó está descartat. Ningú vol morirse mai, ja ho saps.

            -Escolta…tot el que dius hem recorda al Carlisme del segle XIX. Es quasi identic, només us falta Deu, encara que teniu de la vostre part als capellans. Recordes com va acabar tot alló? Amb bombes sobre Barcelona i una derrota militar esgarrifosa.

            -Sí, pero l’Estat espanyol avui no té Esparteros ni Prims. La gent, fora de Catalunya, ja no tan sols es gandula i borratxa… es abúlica. Viu ensopida en una societat subsidiada. Catalunya es productiva i innovadora, convençuda d’un sol ideal que dinamitza com la cocaína. Es el fruit de la nostre lluita, Tots els ingredients están cuinats. Ja es pot parar taula.



Recuerdo una foto de Joan Ramón sentado en primera fila en un acto catalanista celebrado en la abadía de Montserrat. Se le ve muy joven, casi cuarenta años atrás, atento a la ponencia.  Cierto, han cocinado a fuego lento este proceso y está casi a punto. El horno despide un aroma magnífico y queda poco para poder servir el festín.



            -Som un gran poble, de  gent espabilada. Com tu esmentabes, despres de 1714 varem reixir, despres de les guerres carlistes també, amb Franco les forçes vives del catalanisme es varen forrar amb les seves industries. Aquest es el plá estrategic: aprofitar la feblessa espanyola, una i altre vegade, sempre. No et dones compte?



            - I si cambiés la ratxa, si Espanya accelerés i es convertís en un país modern i eficient?

            - Aixó es imposible. L’alternativa a una vella monarquía, avui, es una república comunista. Encara pitjor.



Como gurú no sé si tiene cualidades, pero maneja bien ciertos conceptos de lógica filosófica, claro que eso en el mundo actual no es ninguna garantía de acierto. Resulta que después de este rato no me ha convencido su discurso pero reconozco que lo tiene muy elaborado. Lo malo es que cuando alguien consigue ser algo diferenciado en la vida tiene dos caminos siempre: compartir su éxito o quedárselo para si mismo. Joan Ramón y los independentistas han sucumbido a lo segundo. Lo malo, también, es que cuando los demás observan el éxito de alguien también tienen dos caminos: quedarse quietos a la sombra o ponerse a trabajar para superarlo.



            - Que tinguis un bon día Joan Ramón. Seguim com companys de clase. Per cert, no et dius Companys de segon  cognom? No serás parent d’en LLuis Companys?

- No

-Ets supersticiós?

lunes, 25 de junio de 2018

La noche de San Juan




Salí de casa ya entrada la noche de San Juan con el propósito de aspirar su esencia mágica y de paso...recordar. Los estruendos de los petardos, cercanos y lejanos, eran incesantes mientras en  el cielo de la ciudad los fuegos de artificio explotaban sin tregua, bella imagen aderezada con la prodigalidad de tanta pólvora. Recorrí calles abajo mi barrio  hasta llegar a Gracia, la Meca de las verbenas, y comprobé la inmortalidad de la Fiesta. Allí se mantenía el fuego de una tradición en todo su esplendor con su paisaje humano intacto. Me regocijé. Llegado a ese punto un torbellino de recuerdos apareció como un fantasma y se unió al bullicio y a las gentes que bebían y bailaban por las plazas y calles.

Allí estaba mi primera novia, Pilar, la entrañable morena de melena azabache y anchas caderas, Elías el taciturno de barba cerrada que organizaba guateques en domingos y fiestas de guardar, Pedro el instruido de porte inglés y dicción perfecta en castellano, Miguel el ser más educado de este mundo, los rockeros del grupo "Et Vinces"  (nombre genial para aquellos tiempos) colegas del barrio y currantes que ensayaban los domingos por la mañana, Cristina la chica buena pero fea que un día se marchó a vivir a Madrid para siempre,  Juan Jérónimo el apóstol  extraviado veinte siglos después, y Federico y una pléyade de caras perdidas para siempre (algunas pobladas de acné). Todos andaban conmigo por esas calles de fábricas textiles, talleres y tiendas de comestibles, cincuenta años después. No me asusté para nada. Ellos, y yo, habíamos vuelto retrocediendo la física cuántica al emporio del verano en la noche de San Juan.  Íbamos de verbena, de nuevo y juntos, como si el tempo cíclico pasara como un cometa orbitando el cielo iluminado por la pirotecnia. He de confesar que sentí una gran emoción porque les tuve a todos otro veintitrés de junio.

Terminé sentado en un velador de la Plaza del Sol mientras el DJ ponía el frenético "Black is black".  Al fin había podido regresar a la gloria del ayer y mezclarme con la alquimia mágica de esa noche aunque  lo hiciera como un fantasma invisible. Y qué más da.

Albergo la esperanza de que todos los pensamientos amables de los vivos no sean destruidos por la bioquímica enzimática del cerebro sino que pasen, en formato aún desconocido, a algún lugar (también aún desconocido) donde se guarden (y evolucionen) para siempre. Sería una lástima y una estulticia imperdonable de la Naturaleza que se borrasen. Amén.

lunes, 4 de junio de 2018

La Flecha Amarilla




Acabo de regresar del Camino de Santiago. Otro de esos tramos que hago periódicamente, tal vez el último, este que he concluido en Astorga, porque hace veinte y tantos años (y por dos veces)  ya lo recorrí de Astorga a Santiago. Ahí queda eso. Esta vez lo he hecho en solitario, como solitario se siente uno a medida que avanza la vida, e intuyo que no es por casualidad sino por una extraña percepción interior que impone sus designios sin pedirte opinión. Lo más relevante, ahora, no han sido las experiencias ni los seres del Camino, ni siquiera la evocación mística de lugares ni de los mismos cielos portentosos en esos páramos inmensos, sino la interpretación, a través del prosaicismo de andar y andar y de sufrir los dolores de los pies y de la espalda, de cada momento y cada lugar en clave vital, tanto personal como general.  Y me he puesto a descifrarlo en la medida de lo posible.

Cerca del fin de etapa, en una majada boscosa, vi la enésima flecha amarilla que indicaba la dirección a seguir. Detuve la marcha, le hice una foto y me senté a contemplar su significado. Por donde señalaba continuaba el Camino, era obvio. Dirigía al peregrino en la dirección correcta, hacia Santiago de Compostela o , cuando menos, en el rumbo certero. Y súbitamente apareció en mi cabeza otro icono: el lazo amarillo, el símbolo del independentismo catalán. Los lazos siempre acaban por oprimir, me dije, no son un gran acierto semiótico. Los lazos llegan a asfixiar si se aprietan demasiado. Los lazos subyugan, atan. capturan, inmovilizan. Encendí un pitillo y con la primera voluta que exhalé concluí que...hasta en eso se han equivocado en el afán de dar una imagen benigna de su "proceso". ¿Un lazo para pedir libertad? ¡Qué fallo simbólico más clamoroso!

Y entonces reanudé la marcha.

Señor Joaquim Torra, le sugiero que haga el Camino de Santiago con intención terapéutica curativa. Por esos senderos, veredas, arcenes de carreteras, calles, plazas, pistas y puentes, camina mucha gente de distintas nacionalidades, confesiones, intenciones, sentimientos y categorías, pero todos somos y nos sentimos iguales. Nos ayudamos, hablamos, reímos, sufrimos, gozamos. En ese peregrinar no hay más víboras que las zoológicas, a las que respetamos. Por esas tierras hay inmensidades solitarias yermas o cultivadas que permiten el paso de todos y cada uno de los peregrinos, libremente, sin barreras. En el Camino se hablan todos los idiomas, tantos como tengan  quienes lo andan, incluido el catalán. Nadie sabe quien es quien cuando comparte el pan o el vino, nadie tiene más que nadie, nadie pide tratos de favor por su origen o su condición.  Los lugareños no nos parecen monstruos informes  ni bestias carroñeras, nos acogen y nos dan lo que hay. Si alguien duda se le anima. Al pasar se pronuncian siempre las mismas palabras: "buen Camino".  No es cortesía, es amor al prójimo, a ese prójimo desprovisto de galones enfundado en sus botas y en su pesada mochila que se refleja en cada uno de nosotros mismos. Iguales. Entérese señor Torra: iguales.


Se lo recomiendo encarecidamente, de nuevo, haga el Camino, aunque no pase por Catalunya. Tal vez así se lavará, bajo la lluvia y el viento de Navarra, La Rioja, Castilla y León, ,y Galicia, de las deyecciones inoportunas que han manchado su cabeza.

jueves, 17 de mayo de 2018

Hoy era el día







Hoy era la fecha en la que yo quería jubilarme, pero resultó ser un año antes y el tiempo ha llegado hasta aquí, al día de hoy.  Dicen que el hombre propone y Dios dispone, y algo de cierto habrá en ello, al menos metafóricamente, porque no era capricho mi aspiración a seguir en mi trabajo sino un designio interno que contenía además de razones personales algunos proyectos coyunturales bien definidos en el ámbito profesional. Pero la historia no fue así, y todo ello quedará como una ucronía más en la vida. Ahora, con la ingrávida perspectiva que da el pasado, puedo empezar (y terminar) de hacer balance de estos cuarenta años como cirujano.

Yo me hice médico por alguna misteriosa y profunda razón que todavía no me explico. Cierto era que por entonces un halo casi sobrenatural revestía a nuestra profesión y que su trascendencia social era muy palpable. No obstante, ingresé en la carrera cuando el estatus económico del gremio empezaba a declinar aunque ese aspecto nunca fuera mi prioridad ni mi objetivo vital  He recogido, biográficamente, la trayectoria de mis estudios y de mi etapa de especialización en Cirugía en una novela que probablemente nunca publicaré y en la que me reafirmo en unos principios bastante acusados de entrega al servicio público y de crítica a la rentabilidad comercial de la medicina privada sin que ello suponga un enfrentamiento radical a la misma, solo que, yo, no nací para poner precio a mis actividades. Nunca he considerado este posicionamiento como  fruto de adscripciones políticas ni ideológicas, ni siquiera religiosas, sino desde una concepción gratificante del ejercicio profesional hasta los umbrales del gozo, tal vez como buen hedonista nacido en mayo.

A lo largo del tiempo he vivido la excelencia de los avances científicos y técnicos, ese brazo armado de la Medicina tan poderoso, pero al mismo tiempo he sufrido (en propias carnes) el hostigamiento creciente de la política y de la invasión burocrática hasta extremos asfixiantes. Sin duda es una lacra difícil de combatir, toda vez que la salud de las personas ha sido capitalizada por los poderes  y se ha convertido en moneda de cambio electoral sin más objetivo que los intereses individuales y personalistas de las castas mandatarias, un claro ejemplo de como se puede subvertir una razón social  universal en un negocio particular y fraudulento. No hay excepciones en ninguna de las formaciones políticas que han detentado el poder a lo largo de mi vida profesional aunque es probable que la Corporación Médica, como Ente, hubiese actuado de forma similar de haber retenido íntegramente el control global de la Sanidad. Parodiando el tema pienso que ha sido una lucha entre piratas o entre cárteles con un claro vencedor, y no me retracto de mis palabras ya que ambos engendros son equiparables en su miseria moral y en sus abyectas intenciones.

De la convivencia humana en mi trabajo, experimentada durante todos estos años, puedo resumir que no es exactamente igual que la vida misma. Aunque hay buenos, regulares , y malos, he conocido innumerables categorías de compañeros en todos los estamentos. En la cara amable del sistema ha predominado la sociabilidad, la inmediatez, el trato llano y directo, y unos pocos (muy pocos) han sido los verdaderamente comprometidos con la misión, mientras que  la cara oculta ha estado poblada de indolentes  y haraganes así como por algunos francamente peligrosos. Las Instituciones Públicas que manejan material (humano) sensible, concretamente vidas, no deberían aceptar una estructura tan irregular de cualificación profesional, moral, y laboral, pero sus procedimientos de selección de personal son atávicos y todavía llenos de prevaricación administrativa. Aunque siempre me quedaré con el recuerdo entrañable de cuantos han derrochado su categoría y buen hacer debo reconocer que han sido demasiados los sinsabores y decepciones con muchos en cualquier momento.

Por último quiero incidir en un aspecto demográfico observado que contiene potenciales amenazas ya en el presente y para el futuro. Se trata de la distribución de profesionales en los distintos niveles sanitarios. He podido comprobar que la cualificación profesional elevada se asentó hace varias décadas en hospitales periféricos fruto del bloqueo de puestos de trabajo en los grandes hospitales por diversas razones. Ese efecto ha sido muy positivo en comarcas alejadas de las ciudades durante el tiempo que ha durado pero actualmente ha empezado a declinar porque son ahora los grandes Centros quienes retienen e incorporan a los mejores en detrimento del ámbito rural que parece haber perdido su capacidad de atracción y tampoco cuenta con ningún tipo de incentivación.  Con este panorama puede generarse una peligrosa asimetría en términos de asistencia eficaz, pueden multiplicarse los traslados a grandes hospitales hasta colapsarlos, y sobre todo pueden instaurarse dos modelos sanitarios desiguales en función de la geografía humana. Tomen nota de ello los jerarcas.

Si volviera a nacer no se si escogería la misma profesión porque las opciones en la vida, afortunadamente, son tan ricas y diversas que ponen muy difícil la elección del camino a la realización profesional. Por lo pronto no sucumbiré a las nostalgias y esta etapa la doy por cerrada aunque no por olvidada. La existencia de toda persona es un mosaico, un mosaico gaudiniano de muchos colores cuya combinación debe  configurar la perspectiva necesaria  para  expresar el arte, aunque predomine  el blanco.

domingo, 6 de mayo de 2018

Nechaev y las mujeres








Desde hace algún tiempo el populismo está reeditando El Catecismo revolucionario, al menos  en ciertos pasajes y por fortuna no en todos. Su autor, Sergei Nechaev, fue un siniestro personaje de la revolución rusa al que los mismos Marx y Engels tacharon de infame y  el propio Bakunin (fundador del anarquismo) aborreció cuando captó su malvada esencia nihilista. No obstante, su legado panfletario ha resucitado entre aquellos que hoy abrazan enardecidos las tesis mas radicales en la actualidad. No se dan cuenta de que lo único que persiguen sus soflamas es la aniquilación total de la sociedad sin considerar el futuro y sin atisbo alguno de esperanza humana. Una inquietante  propuesta para "cambiar el mundo".

Al hilo de ello me he detenido, leyéndolo, en uno de los puntos textuales menos sangrientos pero más perverso de la obra, el que hace referencia a las mujeres:

21. La sexta, y muy importante, categoría, son las mujeres. Éstas deben ser divididas en tres categorías. Primero, aquellas mujeres "cabeza hueca", inconscientes y desalmadas, que pueden ser utilizadas de la misma manera que los hombres de las tercera y cuarta categorías. La siguiente categoría es la de aquellas mujeres que son apasionadas, devotas y talentosas, pero no son propiamente nuestras, ya que no poseen aún una comprensión cabal, austera y revolucionaria. Ellas deben ser utilizadas como los hombres de la quinta categoría. Finalmente, están aquellas mujeres completamente nuestras, es decir, aquéllas que han aceptado nuestro programa y están totalmente dedicadas a él. Ellas son nuestras camaradas, y deberemos considerarlas como nuestro tesoro más preciado sin cuya ayuda no podemos triunfar. 

Obviamente los años finales del siglo XIX fueron convulsos, que duda cabe, y los primeros del siglo XXI parece que también, salvando las coyunturas. Hay un tufo agrio y desolador en  todos los radicalismos, incluyendo el feminista, e intuyo que algo de estas pestilentes ideas esta germinando en la tierra contaminada que pisamos. La lucha por la igualdad entre hombres y mujeres no admite reservas, es un objetivo inapelable, pero hay que tener mucho cuidado con las categorizaciones femeninas cuando se impulsan desde sectores populistas. Ser mujer es algo tan grande como ser hombre y así debe considerarse en cualquier circunstancia. Lamentablemente los aprendices  y aprendizas de Nechaev no lo entienden de esta forma. Ese texto revolucionario apologiza la destrucción de todo sentimiento y de cualquier valor sensible, en cuyo caso estamos ante una ideología exterminadora que no sostiene más que al objeto de la revolución en  si misma. Para mí, tan delirante finalidad subyace amenazante en las recientes manifestaciones contra la inefable sentencia de "La Manada". ¿Es la víctima una de sus "camaradas", como puntualiza El Catecismo Revolucionario? Me lo pregunto ya que tamaña  reacción feminista en nuestras calles no se ha dado en otros casos con infausto desenlace incluido. Tal vez, esas otras mujeres violadas y asesinadas fueran de cuarta o quinta categoría según el protocolo revolucionario,

Yo creo en los seres humanos, sean del sexo que sean, pero me niego a tomar partido en esas tóxicas manifestaciones que discriminan a las mujeres dentro del propio sexo femenino. Eso lo considero execrable.