viernes, 20 de julio de 2012

El Viejo y la Paloma



La vejez es una etapa misteriosa de la vida. En ella si hay algo que predomina es la lentitud y no en un sentido peyorativo sino como fenómeno de contención del natural desgaste biológico. No hay velocidad vital ni de toma de decisiones, se anudan las pausas y se genera paciencia. Paciencia, el gran ingrediente. Hace días que observo al viejo sentado en su balcón tratando de dialogar con la paloma.

En un principio tan solo se miraban como dos figuras de un cuadro holandés. Más adelante la relación había progresado y ambos parecían estar aproximando una relación de silencio, pero una relación al cabo. Hoy les he visto confraternizados, la paloma comiendo de la mano del anciano. ¿Qué no es nada extraordinario?. Claro que lo es. Un hombre solo, tan solo como muchos ancianos, recibe la atención de un ave a cambio de migas de pan, y ha dejado de ser una figura de cera recostada en un sillón al fresco. No sé si esa paloma es su único visitante, pero acaso sea el único que busca su mano.

domingo, 15 de julio de 2012

ALGO MAS QUE UNA TEORIA: UNA CONJETURA DOMINICAL



Ahora, cuando el hombre se ha vuelto más individualista y materialista que nunca anda preocupado por la globalidad social, como si eso dependiera del sentir de cada uno o del sumatorio de las opiniones e ideas de todos.  Nuestro mundo no funciona así. Nunca ha funcionado así, salvo en alguna novela.  Funciona con acciones no con entelequias ni con  bagatelas de tres al cuarto. Antaño el ser humano se preocupaba menos de sí mismo y más por su entorno, y muy poco o nada por el rumbo de la sociedad; vivía precariamente y confiaba o se confiaba a valores intangibles y a las evidencias de sus cinco sentidos. Empiezo así porque esa es la impresión negativa que me suscita lo que estos días voy leyendo en los medios de comunicación: regeneración/refundación/reinvención del sistema.

Palabras, solo palabras. Desorientación y negación de la mayor, la piedra angular del fracaso no se menciona en esos alegatos estridentes, cuando menos imprecisos. Lo que realmente ha ocurrido es la descapitalización ética de muchos, de muchísimos, y de las Instituciones. Como consecuencia de ello también hemos sufrido una atomización del Poder, todo se ha llenado de gente con cuotas variables de mando que han traído una madeja de vectores de fuerza desorganizada y exclusivista cuya resultante ha sido la detención del crecimiento armónico de cada uno y de la sociedad en su conjunto.

La experiencia social no ha funcionado, ha terminado en fraude masivo. Ha faltado un ingrediente: la buena intención. Es el bien que más escasea, escasea más que el dinero. El dinero es un supuesto especulativo en sí mismo, intrínsecamente no es nada, al menos no lo es más allá de sus cometidos fácticos de lubricante del sistema. El mundo lo mueven las intenciones humanas, no el dinero.

Lo de refundar regenerar reinventar son maniobras orquestales en la oscuridad. Aceptemos que somos cada uno de nosotros los causantes y los solucionadores de esta crisis. Cuando cada uno de nosotros se ponga a hacer algo sensato para salir de ella saldremos. En nuestra mano está. Y si lo fiamos a Gobiernos, Estados, y Bloques, nos estaremos alejando peligrosamente de la auténtica solución. Esos están en un mundo sin sentimientos, y probablemente sin sentidos.

domingo, 8 de julio de 2012

Ramón Trías Rubíes, cirujano. In Memoriam



El Dr. Trías falleció hace unos días. Fue uno de mis maestros quirúrgicos probablemente el mejor de todos, aunque de todos se aprenden cosas importantes. Hombre carismático en lo inmediato, de esos que vuelcan lo excelso de sus conocimientos en el momento necesario , en lo profesional directo, nunca en lo mediático ni en las resonancias públicas, A eso yo le llamo la forma eficiente de la humildad. Y no era ni tímido ni reservado, todo lo contrario. Era una anécdota continua surgida de su gran experiencia. Experiencia. Sí.

Hijo de un insigne médico, Rector de la Universidad Autónoma de Barcelona en los años treinta, toda la familia tuvo que exiliarse al Sur de Francia antes de terminar la Guerra Civil. Años después regresaron a Barcelona. En esa condición social y política estudió la Carrera de Medicina mostrando un temperamento más que una ideología, exhibiendo su capacidad y profesionalidad como el más alto rasgo de identidad catalana y catalanista, obteniendo el respeto y la admiración de todos, hasta de aquellos adictos notables del régimen franquista. Fue un hombre intrínsecamente político y extrínsecamente quirúrgico.

Pero lo más cautivador de su personalidad era su enciclopedismo cultural. Su prolija formación alcanzaba lo humanístico en perfecto equilibrio con su destreza operatoria, y con su actividad clínica: no era solo un brillante cirujano sino también un clínico experto. Un día, en Clase definió el óptimo nivel del profesional quirúrgico, sugiriendo a los alumnos un debate curioso. ¿En que manos se pondrían ustedes como pacientes: en las del cirujano practicón o en las del cirujano académico? Tras unos minutos de dispares opiniones de los alumnos zanjó la cuestión. Miren, -nos dijo- yo ni en uno ni en otro, buscaría un cirujano pensante.

Ese cirujano fue Ramón Trías, exactamente. Amigo de propios y ajenos, incansable y hábil, artífice de más de 200 derivaciones porto.cava para la hipertensión portal, pionero de la sutura mecánica en anastomosis intestinales, tertuliano de Josep Plá, padre de familia numerosa, y convencido de su vocación, Presidente del Colegio de Médicos de Barcelona, y devoto del Empordá donde se transfiguraba en genuino lugareño.

Don Ramón, le sigo teniendo presente en mi día a día como cirujano. Gracias por todo, y siga operando casos difíciles allá donde esté.