martes, 19 de julio de 2011

JAVIER AMOR


Era cordobés, bien plantado, rubio, capaz de derrochar la manera de hacer divertida la vida cotidiana. Divertida, si, y contagiosamente divertida. El fue quien me enseñó a conducir en una
auto-escuela de barriada, exactamente en 1970. De aquellas semanas, y de la relación laboral que además tenía con mi padre, guardo buenos recuerdos, tan buenos que hoy, cuarenta años despues, y treinta desde su fallecimiento, me han venido a la cabeza inesperadamente. Es posible que, además de un excelente profesor de conducción, fuera una de esas personas que, sin apenas percibirlo, dejan impronta en la vida, uno más de los grandes anónimos cuya biografía, sin oropeles, resulta intensa y emocionante.
Guardia Marina, a bordo del Juan Sebastián Elcano, luego marino mercante surcando mares y oceános. Además, enamorado de la vida, seductor y padre de familia, plurimepleado, palabra certera, gracejo invariable, y...alcohólico. Alcohólico aceptado y jaleado. Eso le hizo perder la partida, la de la vida. Todo cabía en su apuesta figura, todo, hasta los sucesivos refrescos de brandy 103 con sifón. El esbelto navío de su personalidad tenía una via, no de agua, sino de alcohol. No prestó atención al percance, y una mañana de otoño se hundió en las ocuras aguas de lla Unidad de Cuidados Intensivos. Allí quedó, en el fondo arenoso del recuerdo. Dejó esposa y un hijo de diez años. Nada supe nunca más.
He quedado en deuda con él, me enseñó el arte de ja conducción, y mi visita al box de la UCI, a su cuerpo acribillado de catéteres, intubado, en coma inducido, no creo haya sido suficiente. Tal vez recordarlo sirva de algo, o tal vez no, pero cuando menos confío en que estas reflexiones se conviertan en una leve poesía a su memoria. Sentir es lo único que nos queda de cierto en la vida

sábado, 16 de julio de 2011

DELICUESCENCIAS


En el panorama político actual todo es delicuescencia, la propiedad química de absorber humedad y disolverse lentamente. El fenómeno es además de curioso inquietante, porque da la sensación de que nos hemos quedado huérfanos de personajes singulares, y sobre todo capaces para dirigir y organizar con rigor y eficiencia, aceptando que la intelectualidad de nuestros gobernantes ya hace años que no pasa del suspenso. Son tiempos confusos intrínsecamente y me pregunto si la clase política, globalmente, está abocada a su regresión e ineficacia por la durísima competencia de las tecnologías emergentes. Es solo una hipótesis, pero llama poderosamente la atención que lo mediático haya alcanzado un grado superior al de herramienta, que lo auténticamente evolutivo sea la informática, donde un simple chip modificad0 abre un universo de aplicaciones y , claro está, el discurso rancio y monocorde del Poder Ejecutivo no puede someter a la vorágine de la ciencia aplicada, cambiante y más poderosa día a día. En otros tiempos, no tan lejanos, la palabra oficial era la máxima referencia social mientras que ahora suena hueca y trasnochada, ha perdido vigencia y sobre todo efectividad.
A todo ello se le pueden poner ejemplos. Un botarate de tomo y lomo ha llegado a presidente de España y otro, un poco más culto, le sucederá. Qué panorama. En esa ciénaga de incompetencias se ha alterado fuertemente la ecología social, con un deterioro peligroso de las relaciones de convivencia social. Todo es progresivamente más cutre, la educación brilla por su ausencia, y el espectro de la desintegración de los valores no solo amenaza, sino que empieza a reinar en nuestro día a día. Se omite el compromiso sincero, la dedicación, la acción solidaria, el decoro, la transparencia de intensiones, el rumbo estable de la vida, los objetivos humanísticos. Y en esa debacle aparecen mutaciones patológicas de revolucionarios con graves taras físicas y mentales que infestan la vida pública con sus detritus. Estamos jodidos, jodidamente jodidos, y lo peor es que esta profunda crisis es fundamentalmente social, más que económica. Nuestros politicos no sirven, no pueden resolver nada. Nuestra sociedad se ha hundido en el barro, y no sabe salir. El dinero no es la solución, es un agravante a mi entender,
Si alguien supiera reestratificar el edificio social, y colocase en buena posición los elementos, se podrían albergar esperanzas, pero lo más propio es que la ceremonia de la confusión continúe, y en una larga agonia, delicuescente, se vaya disolviendo todo. Tristemente.

sábado, 9 de julio de 2011

CAN BARÓ



De los orígenes históricos de aquella casa solariega, que perteneció al Barón de San Luis, nunca nos hablaron en clase. El colegio era público y asesorado por los Jesuítas en aquellos años, pero salvo el Padre Espiritual el resto del claustro docente eran seglares. Teníamos un director mallorquín y farmacéutico, creo que también era falangista aunque nunca lo publicitó. De los profesores los había de toda casta, un exalférez provisional, un rojillo valenciano, un joven de Soria, lánguido y muy alto, un maestro aragonés pura cultura, un alcohólico de Reus, y un expolicía armada. También los había muy ancestrales, de Lérida. Tuvimos a un cura pederasta que a mi solo me besaba las manos cuando me confesaba pero que con otros alumnos la cosa pasó a mayores por lo que el director tomo cartas en el asunto y amenazó a las autoridades eclesiásticas con tirarlo por la ventana. A los pocos días lo trasladaron como capellán a una leprosería de Alicante. En su puesto llegó un gran hombre, también sacerdote jesuíta, que nos enseño el mundo y nos llevo de campamento a Ibiza, en los tiempos de Pink Floyd. ¿Extraño?. Puede, pero no lo creo.
Estas son algunas de mis reflexiones, mejor que recuerdos, que tal vez no vayan ninguna parte, pero si algo es obvio es que desde aquel tiempo atrabiliario de Can Baró he llegado hasta aquí. No es apología del pasado, no es pensar que el ayer fue mejor, es simplemente reconocer que cada cual debe recomponerse con los restos del naufragio intransferible de su adolescencia.

Hice buenos amigos, y aún conservo algunos con los que incluso me veo y con los que me comunico por internet, porque la amistad nunca fue reprimida en aquel tiempo, y con la amistad se puede superar hasta lo más aciago.

Todavía existe mi colegio, es el de la foto, con su tejado ondulado de dos aguas recogiendo y drenando las lluvias y las esperanzas de quienes allí nos educábamos. Sentado a horcajadas, en la arista roma de ese tejado siglo XVIII, vi claro el inmutable entorno social: hay gente buena y gente mala, por partes iguales, entre ricos y pobres, solo la grandeza interior define a las gentes. Que no se nos olvide.

martes, 5 de julio de 2011

SGAE


Que algo flotaba en el aire corrompido de la Cultura yo lo presentía hacia unas semanas, y no hay más que releer con atención la anterior entrada del blog. Y no digo más. Solo...¡cuánta gentuza institucional morreando con golfos políticos!. Teddy y sus secuaces... Asco.