viernes, 27 de agosto de 2010

San Francisco de Asís

Luminosas cristaleras de la Iglesia de La Porciúncula, convento franciscano que visité en 1959, siendo niño. Volví este verano y junto al viejo seminario, sobrio y muy mallorquín, se había construido una joya de iglesia en 1965. Diseño circular, no muy grande, como un corazón acristalado con vidrieras espectaculares recreando la vida del Santo y su empatía absoluta con la Naturaleza. Aquella mañana percibí soledad en el lugar, siendo yo el único visitante, un vacío que no era doloroso pero si nostálgico. Al salir, entre los frondosos pinos de la finca, intuí que algún día recobraremos la fé.

martes, 17 de agosto de 2010

mi finisterre de ayer


De niño observaba de lejos la silueta del Coma Negra y el Pic de les Bruixes. Alli terminaba España y empezaba una Francia desconocida, misteriosa, vetada. Cincuenta años despues subí a ellos y por la arista de los Pirineos percibí mucho más misterio. No se cual es la razón, tal vez unos límites de la noción de la existencia. O tal vez...¿será esa mi última frontera?

domingo, 11 de julio de 2010

PREVENCION DE LAS ENFERMEDADES DE TRANSMISION POLITICA





Ignoremos todo conocimiento inútil como primer movimiento orquestal. Así que apaguemos la tele, la radio y el ordenador, pleguemos los diarios, que es como replegar velas en la tormenta. Capeemos el temporal y que las olas nos lleven a mar abierto, donde no se escuchen los bramidos de esos predadores de la ley y de la trampa. Les digo que estoy harto de políticos, como muchos de ustedes, como la mayoría. ¡Vaya! Somos mayoría y andamos bajo su tambor a paso ordinario. Yo no pretendo dar lecciones a nadie, solo aspiro a huir de sus pompas y vivir de la manera más digna .Será por eso que no sintonizo con esos contorsionistas de las palabras huecas.
Me vienen ahora a la memoria dos historias bastante parecidas entre sí, una sencilla y otra gloriosa, ambas con un mismo destino: liberarse de la presión ambiental. Allá por 1969 en la presa de la Restanca, que se encuentra al pie del Montarto, volvíamos de la ascensión y pernoctamos en el lugar. Entre el personal de mantenimiento y obras conocimos a un andaluz, enjuto y pulido, que se encargaba del manejo de un funicular rudimentario con el cual transportaban materiales desde el final de la pista, en el valle del Valertíes, hasta la cota de la presa, unos 300 metros más alta. Como quiera que nosotros, al dia siguiente, teníamos que descender indagamos la posibilidad de montarnos en “la mesilla”. El viaje estaba terminantemente prohibido por un capataz tan desagradable como autoritario, por lo que recurrimos al mesillero. A la entrada de la estación, excavada como una gruta en la roca granítica, nos recibió. Le comentamos nuestras intenciones y accedió con la condición de que llegásemos muy temprano y sin que el capataz se diera cuenta. Todo el entorno era bastante parecido a las secuencias cinematográficas de Indiana Jones, con vagonetas, túneles, y aquel misterioso funicular, créanme. Pero lo insólito fue lo que nos reveló a continuación. Se había instalado allí huyendo del mandamás a quien no soportaba y hasta se había construido una cama de madera. Tenía una modesta vajilla e instrumentos de cocina y un hornillo eléctrico también fabricados por él. “Aquí estoy tranquilo, sin verlo ni oírlo, y cuando sube la mesilla cargada con provisiones me lío a robar p’adentro y así ni tengo que acercarme al comedor. Ese tío es un malaje que no deja vivir a nadie, como un taladro que no cesa”. Se le veía un hombre feliz, un Robinson Crusoe pirenaico sin el criado Viernes, orgulloso de su libertad y lejos del martilleo jerárquico. Al día siguiente descendimos por una vertiginosa pendiente de raíles sobre una especie de plataforma de madera. Un viaje de 12 minutos que puedo calificar como el más alucinante de mi vida.
La segunda historia se halla recogida en. la Autobiografía de Charles Darwin durante su trascendental viaje de cinco años a bordo del Beagle. En uno de los capítulos describe enardecidamente las numerosas peleas y discusiones que sostuvo con el capitán Fitz-Roy, autoritario y visceral., Difícil relación la de un joven científico con un experto marino militar de ascendencia nobiliaria. Pero Darwin consiguió su objetivo. ¿Cómo?. Dedicándose a lo suyo, eludiendo el férreo ambiente del barco. Simplemente fue a lo suyo, y dejó la contienda jerárquica de lado. Pues vayamos a lo nuestro, que también es factible aunque no seamos genios de la Ciencia. No demos crédito a la esterilidad política, a sus ridículos recurrentes, a sus declaraciones de caverna. Nosotros a nuestra vida, a nuestra gente, a nuestras ilusiones. No es por desprecio, es simple y llanamente porque su maraña no es nuestra existencia. Si hay que escuchar a alguien con suma atención no es a estos especuladores de las urnas. Ya veran que pobres suenan, comparativamente, los discursos de la jauría política actual.
Pongamos la coda. En el mismo libro, Autobiografía de Charles Darwin, se recoge una frase lapidaria, que es del padre de Darwin, y que casualmente viene a cuento, cuando le dice: “hijo, nunca seas amigo de nadie a quien no puedas respetar”. Dura, muy dura. Para reflexionar.

domingo, 20 de junio de 2010

SARAMAGO


No ha sido del todo feliz ni nos ha hecho felices del todo con su literatura. Una pena, porque en sus albores apuntaba muy bien. Hace bastantes años, en 1999, me alojé en un hostal de la Rua do Villar, en Santiago de Compostela, tras concluir mi Camino en bicicleta. Suso, el propietario de la fonda, era un gallego genuino muy mayor pero muy despejado y estudiado en esas sucursales de la Universidad de la Vida que son los establecimientos inmemoriales que dan de comer y de dormir a los de a pie (no los hoteles). Por razones que aún hoy no he aclarado prendió una intensa empatía en ambos y entre vasos de Ribeiro me confesó: "Saramago estuvo aquí, lo tuve alojado hace unos años. pero te diré una cosa, cirujano, ...no vale nada, nada de nada". Fue categórico, directo, con el desparpajo de un consumado patrón capaz de decir en voz alta sus conclusiones al final de una larga vida. Aquellas palabras me resultaron algo insólitas, pero les concedí el crédito de retenerlas como una opinión "muy autorizada". Los años, en su curso fluvial, le daban la razón.

Saramago nunca alcanzó credibilidad en su mensaje, por bien que escribiera. Ocultó en las sombras de su ideología las crudezas de lo que defendía y mintió. Ahí se encuentra el Rubicón de un gran hombre, que lo quiere ser, cuando miente y oculta la verdad. Terminó en Lanzarote, viviendo placidamente de su jugosa cuenta corriente como un millonario alemán que se retira al sol amable de la isla y al vinillo de la Geria. Comunista. Purísimo comunista. Otra decepción, una más.

Hay un tránsito maligno en muchos valedores de la justicia social marxista: terminan viviendo instalados en los oropeles y disfrazados de proletarios. Pero que quieren que les diga...."por sus hechos les conocereis". Saramago y otros han sabido instalarse en el mar de la impostura moral y convertirse en agentes desestabilizadores de cualquier movimiento eficaz y reformista contra la desigualdad social. Son sus verdugos, los que cercenan la consecución de la autentica conquista popular, instigando odios pero sin el compromiso decidido en favor del bien común. Odian politicamente pero no aman a quienes dicen defender. Ese fue Saramago, y muchos más.

domingo, 16 de mayo de 2010

Menhir de Merli

Lleva ahí miles de años, y nos observa. Creo ahora nos mira con cierta displicencia, y no es para menos. Al margen de ello estoy convencido de que algún día se podrán descifrar los sentimientos y los pensamientos que ha captado este elemento perdurable. Y lo hicieron, expresamente, perdurable, con la voluntad de legarnos lo acontecido en aquellos tiempos. No es una simple piedra. Es un enorme disco duro que contiene más que información.

domingo, 9 de mayo de 2010

Un olivo de más de 600 años

Lo que habrá visto este olivo. Su mirada durante 600 años es imperturbable. Se encuentra en Colungo , Huesca. Lo he acariciado, pero no como a un viejo sino como a un sabio que emana inteligencia emocional
Nos creemos el centro del universo, pero no... somos muy poca cosa.