miércoles, 10 de julio de 2019

Diálogo al anochecer




Debo ser muy poco observador, porque a mis años acabo de descubrir que el mundo funciona de forma muy distinta a como yo  lo entendía hasta ahora. Supongo que habrá llegado el momento de percibir el nuevo concepto y lo he hecho conversando con un tipo inteligente, padre de familia de clase media y algo más joven que yo, en la placentera terraza de un bar frente a sendas cervezas bien frías. A colación el momento político nacional e internacional.

-El nivel de todos ellos es muy bajo, casi vergonzante, aunque muchos tengan carrera universitaria.
-Cierto y la mayoría con alergia al estudio. No hincan los codos desde hace lustros.
-Dan un espectáculo bochornoso con sus luchas intestinas por hacerse con el poder y lo sustancioso de ejercerlo.
-Si, se disputan un botín, como piratas y corsarios,
- No obstante, creo que nos merecemos lo que tenemos, somos hijos de los mismos lodos.
-Seguramente
-Ningún partido se salva de esta lacra, ni siquiera  los que no han gobernado nunca,
-Completamente de acuerdo. Todos pecan de pensamiento, palabra, y los que llegan arriba de obra
-Y ¿qué me dices de fantasmón del presidente norteamericano?
- Impresentable
-¿Y del nuestro?
-Un vulgar vividor
- Sin más objetivo que perpetuarse ahí, en la poltrona, sin mirar de cara a nada ni a nadie
-Así es. Y ¿para qué?
- Europa tocada gravemente, el mundo una olla a presión, el país infestado de roedores.
-Exacto, Lo dijo Hamlet..."algo huele a podrido en Dinamarca"
- Nuestra sociedad bipolar se da golpes en el pecho con la tragedia humana de los migrantes  mientras enloquece comprando por Amazon.
-Es verdad. Toxicómanos compulsivos del gasto sin deshabituación posible, al tiempo que redomados hipócritas,
-Estamos muy hartos de tanto mangante en lo público y en lo privado pero tan solo les maldecimos varias veces al día,
- Tal cual
-Habría que hacer cumplir las leyes hasta el último resquicio y que quien "la hiciera" "la pagara"
-Es lo justo. Pero con eso solo no basta, Habría que resucitar a la Etica, asesinada hace muchos años y enterrada, por error, junto a la Religión.

Pedimos dos cañas más, hace calor.

-¿Te has fijado como viven las viejas glorias de la Izquierda y de la Derecha?
-De  manera similar.
-¿Y los politicos en activo de la Izquierda y la Derecha?
-También de manera similar, cual rufianes,
-No recuerdan sus ideales, ni sus orígenes
-¿Para que recordar y ponerse una piedra en sus zapatos?

Recogen los toldos para que corra el aire

-Los problemas graves se airean, se amplifican en los medios, y no se resuelven
-Has dado en el clavo, eso de resolver no es lo suyo. Lo suyo es agitar
-¿Entonces para que están, cual es su función?
-Especular
- El futuro, en manos de tanto irresponsable, se ve negro. Algo habrá que hacer.

Se está muy bien en la terraza, pero ha caído la noche y se hace tarde.

- Aunque visto lo visto, ¿qué tal si fundáramos un partido radicalmente opuesto a todos ellos?
-Ni se te ocurra, no sacarías ni un solo escaño.
-¿Y que podemos hacer?
-Nada, o releer 1984, de Orwell. No ayuda pero así sabrás del mal que has de morir.

Cuando me despido del tertuliano la pesadumbre sudorosa de la noche me agobia. Siento una especie de vergüenza ajena por quienes nos dirigen, pero lo que se cierne en mi interior es una profunda impotencia individual. Ya ningún hombre o mujer justo, a titulo personal, puede corregir la deriva del mundo, ni siquiera millones y millones de seres honestos agrupados pueden cambiar nada para bien. El rumbo  de las circunstancias se ha descontrolado, la nave no lleva timonel, y quienes detentan el Poder no saben ni quieren pararla.

-Buenas noches
-Felices comicios de otoño. Nos vemos..



martes, 4 de junio de 2019

La invasión del ocio




Cada vez me apetece menos viajar porque hay demasiados que lo hacen y atiborran sitios lugares y ciudades hasta límites con la obscenidad. Tampoco, y no por falta de fuerzas y estado físico, hace años que dejé de esquiar al darme cuenta que la beatitud de los montes nevados había perdido su virginidad ante las hordas metropolitanas que se disparaban los viernes de invierno por la tarde o en torno a la sagrada Navidad. También dejé de ir al fútbol cuando la deleitación emocionante de ver jugar (y  ganar?) a mi equipo se había convertido en una seña identitaria mucho más allá de lo deportivo. Poco a poco fui renunciando a degustar las excelencias gastronómicas de los restaurantes distinguidos al advertir que tanta martingala al final no es más que un sacacuartos o un cutre aquelarre donde te venden crecepelos infalibles o elixires mágicos, eso sí... siempre los locales a rebosar. 

Lo más `probable, por mi edad, es que haya iniciado un imparable proceso de atrofia neuronal totalmente natural, pero bienvenida sea. No me gustan las muchedumbres ni las tendencias, precisamente lo que ahora se está imponiendo en el orbe del, mal llamado, estado del bienestar. Precisamente no sufro de agorafobia. Cuando hacía el Camino de Santiago, llegando la una o las dos de la tarde en las etapas, era cuando experimentaba vitalmente sus inequívocas señales sobrenaturales, es decir cuando la jauría de guiris y sucedáneos se habían parado a comer según su luterana tradición, y Castilla, ancha como es, quedaba totalmente despejada. Recuerdo un singular pasaje tras remontar a la meseta después de Castrojeriz en el que se divisiva un horizonte infinito vacío de todo elemento vivo, Campos en barbecho, un cielo bíblico, silencio absoluto que ni siquiera mis pasos conseguían romper. Entonces me pellizqué, físicamente, para comprobar que no estaba muerto, que no había sufrido un infarto y que mi cuerpo  yacía en la tierra del Camino rodeado de  caras coloradas de  yanquis y teutones a la espera del 112. Al menos me  quedé con el dato, no comprobado, de que en el otro mundo podía ser la cosa así de parecida, y aunque no era un estado de absoluta felicidad al menos reinaba la soledad y caminabas hacia la eternidad sin encontrarte con turistas por todas partes.

Tengo dudas acerca del diagnóstico exacto del síndrome que padezco, pero una cosa si es cierta: estoy hasta los huevos de turistas y de ser turista.

martes, 16 de abril de 2019

El Hôtel-Dieu y Nôtre Dame





Una agradable tarde de septiembre, hace  cuarenta años, me encontraba sentado en un banco frente a la catedral de Nôtre Dame. Su imponente fachada lo presidía todo, como el mismísimo Dios hecho piedra, hasta el punto de mantenerme embelesado. De pronto uno de mis acompañantes me indicó señalando a mi espalda lo que había detrás: el Hospital Hôtel- Dieu. Allí se alzaba, bajo la divina mirada de la catedral, un sobrio edificio sin filigranas ni fulgores que no era sino uno de los hospitales más antiguos del mundo en funcionamiento. Habían pasado casi mil trescientos años y sin embargo mantenía su compostura y su actividad, una grandeza oculta a la sombra del templo majestuoso que ayer tristemente ardió. Pasé un buen rato contemplándolo y discurriendo acerca de cuantas vidas y cuantas almas habían pasado por sus salas, por sus quirófanos, por sus consultas, y me perdí en una fantasmagórica recreación en el tiempo.  Concluí mi ensoñación con un pensamiento de admiración absoluto mientras los últimos rayos de sol ponían notas a la sinfonía de colores que ofrecía el rosetón de Nôtre Dame. El Sena fluía alrededor de la isla como un abnegado sirviente lavando los pies  de sus señores  mientras las gabarras y el bâteau-mouche vigilaban, en sus idas y venidas,  esos sagrados lugares. La conjunción de lo divino y de lo humano, de la gloria y del dolor, se sumaban en una misteriosa fuerza que  emanaba sigilosamente del lugar hasta ayer, quince de abril. 

Todo se puede interpretar y de muchas formas distintas aunque  hoy solo se admita la evidencia científica, pero en la intimidad de cada ser hay muchas posibilidades de razonar  a gusto propio y librarse de la tiranía de lo materialmente demostrable, Tal vez esa propiedad sea  la única (e inexpugnable)  posesión de toda persona,  y ha sido a su través como he elucubrado sobre la lección de la catástrofe de Nôtre-Dame., una sensible pérdida patrimonial y cultural pero sobre todo  una clamorosa advertencia dirigida a nuestro mundo actual. A mi entender ha ardido un símbolo reconocible de lo espiritual por encima de lo religioso y en sus aledaños la mirada llorosa del hospital  así lo atestigua, 

Los accidentes forman parte del devenir de cualquier elemento tangible, desde los seres vivos hasta los objetos inanimados, pero también del inframundo sobrenatural. El incendio de esta belleza artística es un aviso angustioso sobre el rumbo materialista exclusivo que ha secuestrado de forma universal  a las sociedades que componen nuestro mundo. No se trata, ahora, de hacer apología de la fe religiosa sino de reflexionar muy seriamente acerca de la dimensión espiritual que está siendo erradicada por la concepción utilitarista de la vida y que se ha instalado en el pensamiento general  como alternativa única hacia el futuro. Es, creo yo, un camino equivocado, el mismo error historicista que el de las Iglesias en su afán de monopolizar una única  razón de vivir para todos los fieles. Si el advenimiento de la Ciencia y del progreso tecnológico salvó hace doscientos años al mundo de una deriva autolítica exterminadora ahora se necesita de forma perentoria un fuerte avance en el desarrollo del pensamiento, capaz de incorporar recursos éticos a nuestras vidas de forma paralela a la imparable evolución material.  Esa es la lección ayer aprendida: hospital triste viendo arder el templo.

Toda la simbología religiosa ha ayudado mucho. durante siglos, al mundo, predicando conceptos morales indiscutibles y absolutamente necesarios para estructurar la convivencia social, pero su argumentación pedagógica ya ha declinado, aún manteniéndose impecables sus principios. Es tiempo de volver a creer en esos mismos valores  con otros prismas de entendimiento. Admiro la labor ejemplarizante y filosófica de las religiones que durante miles de años han trabajado por elevar el rango del ser humano más allá de sus primarias voluntades, pero su método ha quedado obsoleto, me lo sugiere  Nôtre Dame: arde el contenido y resiste el continente (aún perdiendo algunas partes),  A su lado, como un fiel compañero, resiste el Hôtel-Dieu. Ambos deben seguir juntos.

martes, 26 de marzo de 2019

Pepe Molina Aldana




La foto corresponde a una intervención llevada a cabo por su padre, el Dr. José Molina Orosa, aquel gran personaje inmortalizado para siempre como hijo preclaro de la isla de Lanzarote, con calle a su nombre y escultura incluidas.  Pero a quien yo conocí fue a su hijo, José Molina Aldana, también cirujano, también oriundo de Arrecife, también hombre irrepetible donde los haya aún sin  los laureles egregios de su progenitor. Fue Pepe,  Pepe Molina, uno de los seres más asequibles con los que dado en mi vida profesional, cualidad bastante escasa, y por tanto preciosa, entre los médicos.  Lejos de los oropeles oficiales y de la insigne biografía paterna su gloria (distinta y peculiar) está en mi memoria. Me quedé con las ganas de darle un fuerte abrazo de despedida cuando abandoné Lanzarote en 1987 y, tal vez por ello,  por esa deuda impagada hoy me he puesto a recordarlo.

Después de más de treinta años como único cirujano de la isla se quedó como jefe de cupo quirúrgico, fuera de la estructura orgánica hospitalaria, obviando así una carga innecesaria y farragosa en las `postrimerías de su ejercicio profesional. Treinta años de soledad son muchos años para un médico al servicio de la comunidad y, sobre todo, disipan cualquier atisbo de fútiles prosperidades dentro del sistema sanitario de la Administración. Eligió bien el rumbo por donde aterrizar después de un larguísimo vuelo cuajado de aventuras y tomó tierra suavemente en las sosegadas consultas de aquel tiempo, Ese caché que otorgan las vicisitudes repetidas le sirvió de mucho para renunciar sin sufrimiento al mando de un Servicio, y cuando le conocí, de inmediato, me percaté de estar ante un hombre feliz. Por siempre envidiaré ese rasgo tan evidente y contagioso que mostraba de disfrutar  sus circunstancias aunque supuestamente había quedado relegado en última instancia del merecido premio. Era así, y todo ello lo catalizaba con humor y chispa inteligente.

A la gente brillante se la conoce antes por una sonrisa que por sus palabras, y  de esa clase era Pepe. Tenia un porte señorial que irradiaba, sin parafernalias, unos gustos refinados. Estaba en muy buena posición económica, y había dado con la clave para gozar del  soplo divino que otorga el éxito de su trabajo en durísimas condiciones y de lo humano, cuando se nace con la virtud de saber divertirse. Los testimonios de gente que había colaborado con él así lo refrendaban.

  
     -Cuando le localizábamos, en la playa del Reducto, o en el club Naútico, o en el puerto volviendo de hacer esquí acuático, mandábamos un taxi y lo traíamos al hospital -me relataba un viejo celador de su tiempo-. Alguna vez que otra le tenía que meter en la ducha para "despejarlo" , hacerle un café, y... a operar.


La grandeza de su vida fue precisamente  no tomársela con excesivo rigor. Así pudo resistir tantos años de aislamiento y resolver miles de casos mayoritariamente con éxito. Lanzarote era una tierra olvidada por entonces que casi solo constaba en los mapas, un planeta lejano del que apenas se sabia, por donde pocos pasaban, y quienes vivían allí tenían asumido el implacable orden natural como un designio inexorable. Contar con Pepe como cirujano había obrado un cambio profundo en su devenir,  todo un milagro: salvar las vidas que hasta entonces eran segadas por una apendicitis, una perforación duodenal, o una hernia estrangulada. Nunca se le reconocerá lo suficiente y el tiempo, sin remedio, irá erosionando el recuerdo hasta hacerlo desaparecer, tal y como ha sucedido con miles de millones de gentes, anónimas y solidarias, durante miles y miles de años.

Su afición a los coches deportivos y a los viajes añadían un toque exquisito a su glamour personal, pero sobre todo una genuina ironía, que entre sonrisas transmitía, le hacían encantador, No creo que fuera rencoroso pero si finamente, muy finamente, crítico. Al referirse a quien había sido nombrado jefe de Servicio, un personaje nada encomiable que a la sazón era entonces mi jefe, Pepe  me confesó en un bar cercano al hospital que a ese local  su oponente nunca entraría. Muy extrañado le pregunté el por qué, y con media sonrisa me señaló un cartel escrito a mano y en mayúsculas que colgaba de la puerta como especialidad gastronómica: "SE ASAN PATAS DE CERDO".

Pepe.





miércoles, 6 de marzo de 2019

8 de marzo






Hoy toca superar los arcaicismos, sin duda, que discriminan a la mujer respecto al hombre, y de la ruta que se escoja dependerá el éxito de su logro. Los agravios, las desigualdades, y toda suerte de perjuicios ocasionados son  una evidencia que  clama justicia en pleno siglo XXI y cuyos orígenes, lejanísimos, hay que analizar. En el primitivismo las funciones sociales se establecieron como adaptación natural al medio en una prolongación similar a la de numerosas especies animales. Por suerte, o no, la Naturaleza ha permanecido casi invariable durante millones de años y en ese aspecto  nos sirve de referencia cada vez que contemplamos su comportamiento. Así  pues, por entonces, los roles cotidianos y el perfil global del ciclo vital de los "Sapiens" quedó establecido en el binomio Fuerza+Cuidados, única opción posible en aquel entorno hostil para sobrevivir y reproducirse. A grandes rasgos y de forma primigenia esos fueron  los principios familiares de las parejas en tiempos remotos, Como cualquier adquisición evolutiva viable para el mantenimiento y la continuidad de la especie, el modelo  quedó fuertemente anclado al aparato genético determinando su conducta. La aparición del pensamiento racional, más adelante, apenas modificó  la estrategia original, si bien fue especificando de forma paulatina las características inherentes a cada sexo. Después de miles de años persiste dicha dinámica ancestral pero ha empezado a cuestionarse, lo cual también supone un hecho natural relevante que debe mutar hacia la mejor opción , no de cualquier forma. Y lo hará.


 Partiendo de otro escenario, el mundo actual  -bien distinto al de las cavernas-, en el que el imperio de lo cerebral (no siempre lo inteligente) ahora predomina sobre la fuerza física merced a los conocimientos y sus aplicaciones, las cosas han dado un giro drástico,. En este sentido ya  se ha traspasado la frontera de la supremacía masculina y es la mujer quien, conservando las funciones propias y ancestrales a las que había sido relegada, sigue poseyendo la maternidad (en términos estrictamente biológicos) como valor añadido para superar al hombre, aunque haya que puntualizar que la Ciencia, a no tardar mucho, posibilitará a los varones tener descendencia sin su concurso, pero ello , en conjunto, solo confirma la posibilidad replicativa de la especie, sin otorgar una ventaja renovada a los hombres . No es solo eso, por supuesto, ya que ella también ha incorporado el caudal de su sensibilidad, acuñado desde la Antigüedad tribal, como  cualidad poderosa con capacidad de transformar el pensamiento y las relaciones humanas, un hecho de máxima trascendencia evolutiva que ha activado su ascenso intelectual de forma imparable.  También los logros en el empoderamiento de su libertad sexual, cuyo despertar temían desde siempre las principales religiones, han aportado claras muestras de avance como colectivo, haciendo de un tópico segregacionista (y tildado de vergonzoso por las sociedades clásicas) un arma eficaz en sus reivindicaciones. Inmersas en estos importantes cambios, no obstante, persiste sobre ellas una notoria desigualdad, no como un arcaico vestigio sino como una cruda y extensa realidad que todos deberíamos reprobar. Aunque el mundo occidental no es el mejor ejemplo de tales discriminaciones  es precisamente donde con voz más alta se está denunciando el hecho y las razones no son otras que su marco de libertad y democracia.

A mi juicio este proceso de equidad y justicia no debería emprenderse como una batalla sino como un reto para la Humanidad del que todos saliéramos victoriosos. En primer lugar habría que apelar al compromiso ético en avanzar hacia el objetivo sin instrumentalización de venganza y sin determinismos políticos. La igualdad de derechos fundamenta la pureza de una democracia sana y todo menosprecio, hostilidad, o injusticia contra cualquier ser humano no tiene cabida  en la pacifica convivencia y en el respeto al prójimo como valor supremo. No hay más que aplicar los códigos de buenos sentimientos y plasmar su autenticidad en las normas que rigen nuestra sociedad, pero también en todos y cada uno de nuestros actos cotidianos de relación. Superar  el mundo encadenado a la voluntad, como dice Schopenhauer, es difícil, en tanto que sigue el dictado de todo tipo de egoísmos, pero no es imposible. En segundo lugar hay que entender, sin perder la calma, las muestras de reivindicación como un legítimo derecho de las mujeres, como parte de los mecanismos históricamente necesarios, y enfatizar en que su repulsa sectaria como adversarias solo conduce a la beligerancia indefinida. Por último  la consecución real  de sus aspiraciones,  si es obra conciliatoria de ambos sexos, puede convertirse en un decisivo paso para el devenir del planeta. Intuyo que no estamos ante un fenómeno de masas esporádico sino más bien ante un peldaño evolutivo trascendental.

No equivoquemos el camino. Sin vencedoras ni vencidos


lunes, 18 de febrero de 2019

El permiso

Resultado de imagen de edificio seminario zaragoza
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Me dirijo  a las dependencias de Urbanismo para obtener un permiso de obra menor, a adquirir algo, a comprar.  Atravieso el control de seguridad y pregunto. Me indican una puerta y allí guardo una pequeña cola. La funcionaria no me tramita el permiso, me entrega tres impresos ("para que le hagan la valoración") y me indica otra puerta, al otro lado del oceánico hall. Entro y saco número de turno. Relleno los impresos con la suerte de llevar un bolígrafo encima. Me siento y aguardo. Pasan los minutos y por fin me toca a mí. Otra funcionaria, por fin, gestiona el trámite. Me pide los documentos, uno a uno, y comienza, torpemente, a introducir en el ordenador  los datos manuscritos que he consignado con pausas operativas (será lo lento que va hoy, o siempre, o ella). Finaliza sus actuaciones y entonces estampa tres sellos. Suspiro, pero el asunto no ha terminado, Me remite al pago, en caja, en otra puerta, saliendo a la derecha. La sección, esa si, está perfectamente identificada; CAJA, siendo además la única que luce rótulo. Vuelvo a sacar número, y vuelvo a sentarme. Me toca. Entrego los papeles timbrados, 34,60 €. Pago con tarjeta, inmediato. El administrativo pone otro sello y  estampa una firma ilegible ( trazos dignos de estudio psiquiátrico). Pero el periplo no ha concluido. Debo acudir al punto de partida, a la primera puerta. De nuevo mi vieja conocida recoge la documentación y me da otro número de turno. Ya han pasado 47 minutos (¿y qué son  47 minutos en la vida de un ser humano?). Trato de relajarme y pensar en cosas bonitas, pero nada positivo acude a mi mente esa mañana de invierno. Un sin fin de puestos de oficina, equipados y silenciosos, se encuentran frente a mí. Llevo el A046, un dato que no ofrece pistas de espacio-tiempo. Curioseo el móvil. consulto los titulares, y me percato de que casi todos, los que esperamos, hacemos lo mismo. Empiezan a levantarse de sus puestos algunos funcionarios (debe ser la hora del desayuno reglamentario, indiscutible, innegociable, la gran conquista del legado eterno de Sacco y Vanzetti) Ya me he leído los titulares y un artículo de fondo. Una hora y diecisiete minutos cuando anuncian mi turno. Esta vez me atiende una señora o señorita joven pero igualmente torpe con el ordenador que teclea con los índices, sobre todo con el derecho. El evento bien podría haber inspirado la novela de Milan Kundera: La lentitud. Imprime varios folios, vuelve a imprimirlos y  por fin, por fin, pone otros dos sellos. Sin comunicación verbal me los entrega y escuetamente dice: seis meses. ¿Cómo?.  Que tiene seis meses para ejecutar la obra. 
Recupero el aliento.

Salgo a la niebla de la calle. Una hora treinta y tres minutos. Todo un record para la Era digital en la que vivimos. Habrá que consolarse al entender que se trata del concepto aplicado de redistribución social de la riqueza, tan en boga y tan presupuestado. ¿Qué sería, si no, de esos probos funcionarios? ¿ Cómo y con qué se ganarían la vida?. Una vergüenza. 

Doy gracias al Cielo por no tener que seguir los mismos trámites para adquirir  un billete de avión o un recambio de la Rumba por Amazon. ¿Hasta cuando esta burla morbosa de las Instituciones Públicas hacia los ciudadanos? 
.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Verano de 1975




Trato de conciliar aquel verano de 1975 pero me resulta imposible, cuando me llevaron a Madrid para cumplir el segundo ciclo del Servicio Militar. Probablemente fue una de mis circunstancias vitales más inéditas y perturbadoras de cuantas me han ocurrido, aunque no la peor. Yo debía estar, salvo por ese imperativo legal de mozo español, disfrutando de las bucólicas montañas que orillaban la frontera francesa entre paisajes románticos y verdecidos, pero la llamada de la Patria impuso inefablemente su mandato. Allí, en ese enclave de Naturaleza privilegiada, por entonces no se notaba la disidencia independentista, o al menos no se expresaba a cara descubierta y en los términos avasalladores actuales Era otro tiempo más silencioso en el que las hegemonías estaban concentradas muy lejos de esos pagos, precisamente en el sitio al que, el Ejército, me había destinado,

Después de un larguísimo y sofocante viaje en tren llegamos a Chamartín, ataviados de uniforme y cargando con el petate. Todo estaba organizado, eso sí, con tosquedad. Formamos en columna de a dos en el andén y de allí, a paso maniobra, nos hicieron subir en unos GMC descapotados, A mi se me antojó que aquello debía ser la misma sensación que experimentan las reses en su viaje al matadero, aunque nuestro destino era otro.  Cuando los cochambrosos camiones se pusieron en marcha, en riguroso convoy militar, comencé a observar con mucha sorpresa todo cuanto aparecía ante mis ojos ya que era la primera vez que veía Madrid. La noche era tórrida y los paseos y calles estaban abarrotados de gente sudorosa que aplacaba la sed en los veladores. La luz del crepúsculo llenaba de añiles el cielo de poniente satinando con sus reflejos los altos edificios y las copas de los frondosos árboles en la vía pública. Todo era nuevo para mí, dolorosamente desconocido pero solo hasta cierto punto, porque al fin comprobaba "in situ" la existencia y esencia de esa metrópolis tantas y tantas veces  referenciada y omnipresente.


Alcé  la vista y columbré lujosos áticos con terraza, iluminados y concurridos. Ricos. Muchos ricos. Había muchos ricos en aquel oasis meseteño que parecía tener de todo y más, hasta soldados de reemplazo servidores y patriotas. ¿Patriotas? Dejemoslo  en  reclutados. Estaba transitando la fortaleza del Poder Nacional que se me aparecía como un enclave hostil e inexpugnable, cuajado de una pléyade de elementos conspicuos y amenazantes  Miles, o algún que otro millón de almas, agazapados a la sombra de un árbol gigantesco que tocaba el cielo carmesí en aquella noche de verano. Ni mas ni menos había llegado, o mejor...me habían llevado forzosamente, al corazón mismo de la autoridad. ¡Cuan distinto olía ese aire oficial del de las plazas y calles de mi ciudad, de la dársena del puerto, o del Parque Güell!

He conocido, posteriormente, muchas capitales y debo reconocer que todas ellas, como rasgo en común, tienen un aire chulesco. Madrid, en ese sentido, no es muy distinto a Roma, Paris, o Viena. Tal vez, aquellas circunstancias de 1975 fueran muy especiales, concedido, pero debo afirmar que  esa noche sentí todo el influjo agobiante de una supremacía construida en derredor de que quien manda y firma, Al final surge siempre el mismo dilema: quien no sabe compartir acaba siendo asediado, y actualmente todo apunta que además será usurpado.

Ad neminem bona mens venit, quam mala. (A nadie le llegan las buenas intenciones antes que las malas) . Séneca.