domingo, 29 de mayo de 2011
sábado, 26 de marzo de 2011
EL BELLAMAR

Dicen que hasta una noche actuó Antonio Machín, y entre canciones y susurros, durante medio siglo, se enamoraron muchas parejas. Seguramente por eso ha ido creciendo su leyenda urbana, tan romántica que hasta yo mismo la percibí en mi preadolescencia. Todos los días de aquel verano, al llegar a la playa, contemplaba su aspecto seductor, como un reclamo de sensualidad mediterránea, y los domingos por la tarde, desde sus aledaños, se escuchaba a la orquesta interpretando "Bésame mucho" o "La vie en rose" con ese ritmo deliuescente que reverberaba en el aire sereno del atardecer.
Todos hemos tenido nuestro planeta de amor inexplorado, y el mío fue el Bellamar. No está nada mal encomendarse a su advocación romántica, como si de un virtuoso lugar se tratase. A fin de cuentas el amor es algo divino y humano.
sábado, 19 de marzo de 2011
¿NOS REMUERDE LA ENERGÍA?
Es cierto que la Humanidad se ha desarrollado en la precariedad de la energía, pero ello ha llevado mucho tiempo. Hasta el siglo XIX no se descubre la termodinámica, y es entonces cuando se inicia el gran despegue energético. Carbón, máquina de vapor, electricidad, combustibles fósiles, radioactividad. Y al final todo electricidad y todo petróleo. El objetivo es que las cosas funcionen, y que cada vez funcionen más cosas. ¿Hay alguien dispuesto a retroceder? Alguien sensato no. La demanda crece y nadie repara en ello cuando conecta un aparato o cuando enciende la luz. Todavía no está prohibido encender la luz de casa, ni poner la televisión, o la calefacción. Pero, tal vez, nos lo lleguen a prohibir. ¿Hay alguien que lo dude? Por ahora no se apuren, porque hay un triángulo omnipotente: Progreso-Economía-Poder. El Poder se pliega a la Economía, y ésta al Progreso. Porque solo progresando se incrementa la Economía, y con ella crece el Poder. Pueden jugar toda la tarde con los tres lados, verán que divertido. No obstante, tiren de Pitágoras porque no es un triángulo equilátero. Para complicar más las cosas.
Y para acabar, por hoy, E=MC2 sigue siendo irrefutable. Lo dijo Einstein, que murió por la rotura de un aneurisma de aorta abdominal, en aquel tiempo. Si el lucidísimo físico hubiera contado con una prótesis vascular de PTF, un polímero derivado del denigrante petróleo, hubiera podido decir algunas cosas más, y quizás habría callado bocas ignorantes que estos días me están recordando algunos con lo de la central nuclear japonesa a los curas con el SIDA y la homosexualidad. Por cierto, los únicos muertos por accidente de energía atómica en España fueron unos pacientes tratados con radioterapia en el Hospital Clínico de Zaragoza hace unos años, si mal no recuerdo 18 fallecidos. ¿Cerramos también las bombas de cobalto y aceleradores para el tratamiento del cáncer?
Les propongo una iniciativa: retiremos todas las fotos y estatuas, nombres de calles , de plazas, de institutos y colegios que hagan directamente alusión a Einstein, ese malévolo personaje que desentrañó los horrores de la física nuclear y en su lugar pongamos, por ejemplo, egregias imágenes de Al Gore, a bordo de su jet privado y soltando unos chorros de maná ecológico derivado del keroseno quemado en los motores Rolls-Royce del aeronave, empresa en la que invierten (directa o indirectamente) la Reina de Inglaterra, el Vaticano, la mafia rusa, el mismo Al Gore, el Señor Botín, y un larguísimo etc, hasta el cura de Villalpando.
domingo, 27 de febrero de 2011
TIBIAS VARAS

Lo que puede llegar a transformarse, y también a degenerarse, la personalidad y la propia psicología de las personas resulta casi increíble, cuando estos seres se encuentran influidos y sujetos a un entorno potente que les mete en una dinámica especifica de utilitarismo, es decir, que les exige sin cesar un rol determinado y no siempre apetecido. La sociedad, el mundo, la Historia, están llenos de millones de ejemplos. En cercanía, los más esperpénticos, que no los únicos, son los políticos, las figuras mediáticas, o los famosos. Pero sin duda el proceso nos alcanza, en mayor o menor medida, a todos. Me viene a la memoria una anécdota puntual, al respecto, de hace unos años.
Paseaba un sábado de agosto por las elegantes calles de Bagnères de Luchon, en el Pirineo francés, y en estas que me fui cruzando con un grupo de futbolistas que volvían caminando a paso lento hacia su hotel, con sus equipamientos de entrenamiento, algunos embarrados tras la supuesta dura sesión. Eran jugadores del Lleida, que entonces militaba en Primera División, realizando su stage de pretemporada en un lugar de aire puro buen clima y altitud. Me llamó poderosamente la atención el caminar de algunos de ellos, bastante desgarbado, fruto de una peculiar deformidad que se da en algunos profesionales del fútbol: las tibias varas, arqueamiento anómalo de las piernas. En uno de ellos resultaba hasta grotesco, pero lo evidente es que estaba en plantilla y seguramente era uno de los puntales del equipo. Gajes del oficio, como suele decirse, pero lo cierto es que el continuo ejercicio a máxima intensidad, para dar patadas a un balón, defender o meter goles, le habían doblado una parte de su anatomía y convertido en un perfil desaliñado muy similar al de las mujericas que sufren la enfermedad de Paget. Y eso quedaba para siempre.
Algo mucho peor que las secuelas de la alta competición sucede en el orden mental de quienes se exponen, voluntariamente, al mundo de la notoriedad. La carrera por la ambición, o por la consecución de objetivos codiciados, deforma la solidez mental de la mayoría, hasta lo terrible en ocasiones. Cuando menos les priva, para siempre, de un paso elegante en lo humano y en lo ético. No pueden pisar bien y andan mal por lo coherente y por lo sensible. Es posible que en su cama, tapados y antes de dormirse, recuperen un sueño de honestidad y de humildad entrañable, pero en cuanto ponen en pie su cerebro y se relacionan con amigos o rivales, exhiben la fealdad de un discurso taimado y deforme causado por el rol incesante a desempeñar. ¿No sería posible, en lo anímico y en lo mental, mantenerse en un estado saludable y sin deformidades?. Posiblemente sí, pero ello requiere un plus de intelectualidad moral que supone una especie de ejercicio de recuperación post-esfuerzo, un regreso a la normalidad colgando el ropaje de la notoriedad. Lamentablemente, la mayoría de estas gentes no están dispuestas a ese esfuerzo reparador. Prefieren que se les deforme la mente y seguir viviendo de su oportunidad alejados de la llaneza humana más elocuente. Se convierten en seres patológicos sin remisión. Una pena, porque además nos afecta a todos. Lo de esos chavales del fútbol no es nada, solo un símil. Lo peor está en el arqueamiento mental de los nos gobiernan o toman decisiones por nosotros, esos “notables deformados”.
sábado, 12 de febrero de 2011
Juan Antonio Guirado

Hoy, trasteando por Internet, he buscado noticias de mi amigo Juan Antonio y he descubierto que falleció en julio del año pasado. Una gran pena y una gran pérdida, porque él era un genuino de la pintura, un singular e irrepetible. Pero también era muchas cosas más.
Le conocí en Lanzarote en 1985, a través de su compañera, Lali, quien trabaja como anestesista en el hospital Virgen de los Volcanes, yo como cirujano. Con Juan surgió una empatía inmediata. Su extroversión y su transparencia vital me cautivaron, máxime tratándose de un hombre de gran talento y lleno de arte en estado puro. Tal vez esa grandeza explicaba esa sencillez y predisposición, y tal vez por eso cuando supo que me gustaba la pintura me ayudó a pintar mi primer cuadro: un paisaje de la Gería. Nunca olvidaré como me sugería como me dirigía mientras yo trataba de manchar el lienzo, Unos días antes me había acompañado a la tienda para comprar un caballete, un lienzo, pinturas y pinceles, y hasta escribió una dedicatoria en el reverso del caballete, que por supuesto aún conservo y utilizo. Pero además de iniciarme, y hasta de aconsejarme de que me dedicase a la pintura (cosa que no hice por falta de fe en mis supuestas cualidades), descubrí a un hombre integramente espiritual. Me habló de la muerte como una simple puerta que se traspasa sin horror, que él ya había estado varias veces en este mundo, que la paz era el gran activo del alma. Me impresionaba, sí, pero mi adscripción terrenal limitaba el convencimiento. Hasta una tarde en la que Lali me telefoneó, bastante asustada, porque Juan había sufrido un infarto y se encontraba ingresado en una habitación de Medicina Interna. Llegué raudo al hospital y, en efecto, el electrocardiograma y la analítica lo confirmaban sin dudas pero...su aspecto y su estado de ánimo lo desmentían. Nunca vi cosa igual, era como si el percance estuviera fuera de él, hasta el punto de que se incorporó de la cama para buscar algo que darme, creo que un boleto de la Primitiva para que se lo llevase a sellar, y en aquel momento el monitor registró una salva de extrasístoles temibles. El grito de Lali fue inmediato y mi angustia al unísono, pero él seguía a lo suyo sin inmutarse, sin sentir alteración alguna, desdeñando nuestro horror. Increíble pero cierto.
Al cabo de unos meses yo dejé Lanzarote y nos mantuvimos en contacto unos años. El volvió a Los Villares y más tarde a Mojácar, según he leido en el obituario. Le he recordado muchas veces, sobre todo por su autenticidad pictórica y su creencia profunda en el Ser Superior que a mi se me hacía difícil de entender y a él muy fácil. Con él pude compobar que existen seres inmensamente profundos mucho mas allá de nuestra cicatería mental, que son mucho más libres, mucho más amables, y mucho más sensibles que la mayoría a la que pertenezco.
Pero lo insólito, lo misterioso, es que Juan moría un día de julio de 2010 y ese mismo día yo entraba a visitar el convento de La Porciúncula, en S'Arenal (Mallorca), (véase una referencia anterior en este blog personal), y ese día sentí un extraño soplo de fe. Un año antes, en 2009 pasé una semana en el Cabo de Gata y estuve muy cerca de Mójacar (yo sin saber que el residía allí), y lo mas sobrecogedor es que esta mañana...antes de conocer la noticia... he estado tratando de escribir unos versos para una canción sobre pintores. Me da que pensar todo esto.
sábado, 29 de enero de 2011
LAS TRES LLAMADAS

Ha hecho tres llamadas desde Schiphol. La primera a su hijo. La segunda a su amante. La tercera a su marido. El avión tiene una avería y han desembarcado a todo el pasaje. Le da detalles de la situación, al hijo. Pasan las horas y el avión no vuela, se cancela el vuelo de Vueling, valga la redundancia. La mujer es madura y obesa, lleva el pelo corto y viste de negro, cómo no. Ha perdido, negligentemente, su figura, su elegancia, su caché, en una diáspora de aplazamientos para la acción y los propósitos. Y así, en un letargo sedicioso, se ha rellenado de monotonía, kilos y kilos de redondez centrípeta e, inevitablemente, ha contraído un síndrome de amargura mórbida hasta que al fin se ha echado un amante en Flandes, para recibir un placer que se adivina de pocilga sudorosa, lejos de su casa, de su entorno, sin rastros ni pistas, en una clandestinidad casi perfecta. Casi. La segunda llamada es al amante, para comunicarle que queda un tiempo añadido al partido, que la llevan a un hotel con cargo a Vueling y que le apetece un último ataque a la heroica en busca del gol del empate, o algo así. La avidez de esa mujer no deja dudas, a pesar de que uno la hacía más morigerada, más hipotiroidea o más cristiana, a primera vista. Las maletas no aparecen en la cinta, son las secuelas de la modernidad. Desde la 15.30 la avería tiene en jaque y reclusión a 182 pasajeros y entonces, en ese hastío de laboratorio nazi, hace la tercera llamada, al marido. Escuetamente le cuenta lo de la cancelación, lo del vuelo al día siguiente y apostilla con un “así te dejo un día más de tranquilidad”. Y cuelga. Su rostro resplandece y la noche cae sobre el aeropuerto. Sin comerlo ni beberlo, por el mero hecho de estar allí he descubierto una procelosa circunstancia, o no tan procelosa, de cuernos. Pero el mundo sigue y las apariencias siguen engañando, y la infidelidad se sigue cotizando en bolsa, aún con crisis. A mi juicio esta historia no tiene nada de romántico, qué lástima, ni el mundo actual tampoco
sábado, 8 de enero de 2011
El huevo de la serpiente

