Actuació del 22 novembre al carrer de Santa Cecilia
martes, 24 de noviembre de 2009
sábado, 7 de noviembre de 2009
PARATIROIDES
Cuando opero pacientes con hiperparatiroidismo rememoro la historia
y reflexiono acerca del esfuerzo de quienes, perdidos casi en el olvido, han aportado conocimientos importantes. Largo y difícil ha sido el camino, y siempre lo será para quienes se dedican, seriamente, a la ciencia.
(Foto personal de una extirpación de adenoma paratiroideo. Apreciese al fondo el nervio recurrente derecho, en el surco traqueoesofágico)
sábado, 17 de octubre de 2009
Bravo por Mamadou
LA LECCIÓN DE MAMADOUEn un cajero automático de Manresa, Mamadou se ha encontrado 800 euros. Es una pequeña fortuna para un inmigrante, una oportunidad, un regalo del destino. Pero no. Se ha puesto en contacto con la Policía Autonómica y ha devuelto ese dinero. ¿Suena extraño el suceso?. Suena muy extraño, casi inverosímil, pero es rigurosamente cierto. Nos parece tan insólito que fluya la honradez, tan extraordinario para unos y tan ridículo para otros que ha llegado a los medios como una primicia en los titulares. Es noticia. Debe serlo, pero hay mucho más que aprender de Mamadou.
En sus declaraciones señala que ha actuado así por sus fundamentos religiosos islámicos así como por la educación recibida de sus padres. Rotundo. Directo, inmediato, una decisión interior que pasa a la acción desde un código de ética en perfecto estado. No es solo un buen ejemplo, es un argumento para reflexionar en profundidad.
Ignoro quien es Mamadou pero, sin conocerlo, intuyo que es un buen tipo. Resulta antropológicamente positivo, o encarna una tendencia de superación, o se ha instalado en la fe verdadera. Verdadero es devolver lo que no es de uno. Eso es una verdad, no un relativismo, ni una monserga. Que sustente esos valores no es una casualidad, son los nemes de una tradición antigua transmitidos a través de unos preceptos religiosos intachables y de una comunidad familiar sólida. En nuestra sociedad esos rasgos van decayendo, somos más modernos, más libres, más progres, aunque nuestra refundación laica no consiga cuajar la esencia de los valores y en su lugar se le llene la boca con peculiares altruismos. No sé cuantos de nosotros habremos entregado 800 euros para el tercer mundo, ese que compadecemos, dolemos y reivindicamos, ese tercer mundo que se abastece de armas con las limosnas, limosnas, de Occidente. Nuestro credo debe ser la demagogia, y de paso la indolencia. Convendría recordar que es el prestigio moral de los pueblos, definitivamente, lo que hace avanzar la civilización y no sus riquezas. Tampoco la institución de la familia goza de un merecido respeto en nuestra sociedad del bienestar, colmada de muchas cosas (muchas inútiles, por cierto). La referencia de Mamadou es clara: sus padres. ¿Se dan ustedes cuenta?. Aquí, disolución progresiva de la entidad familiar y persecución incruenta de valores religiosos. ¿Pero aún no les suena?.
La lección de Mamadou es magistral. Está construida con sencillez, con honradez, con verdad. Nosotros vamos en dirección contraria. Nunca nos encontraremos con Mamadou. Si ellos no se corrompen, o no son triturados, poseerán el mundo.
lunes, 12 de octubre de 2009
lunes, 5 de octubre de 2009
Vivos y Muertos
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Reflexiones nada espúreas

TODO PASA Y TODO QUEDA
Corrían los años sesenta, años de adolescencia. Dicen que fueron difíciles esos tiempos, y menos mal que lo fueron. Para ir a cualquier parte había que caminar, sano ejercicio. Para comprar o diligenciar papeles había que hacer cola, santa paciencia. No siempre teníamos el estómago lleno, y mucho menos agradecido, bendita templanza. Pero soñábamos, como nunca. Soñábamos con lo tangible, o con lo intangible humano, tan real como el agua del mar. Trolebuses en el amanecer para ir a jugar al fútbol los domingos. Tranvias abarrotados en el anochecer, de vuelta a casa. Todo impecablemente esforzado, todo en consonancia con nuestra propia realidad, ninguna virtualidad. Y es que la realidad, per se, es infinitamente prolija. Abarca lo inabarcable, contiene todas las oportunidades y nos ofrece un horizonte inmenso. De aquellos días han quedado cosas para continuar, a pesar de muchos. Nos queda la ilusión, una vez perdida la esperanza. Nos queda el sentimiento, una vez perdida la fe. Nos queda el honor, una vez perdida la compostura.
Que todo pasa y todo queda, ya se ha dicho, y no por rimar unos versos. Tampoco se trata de volver al pasado, eso es termodinamicamente imposible, sino de reflexionar las estrofas del poeta y conservar lo que queda, y sumar la experiencia, reconocer los errores y aprender, como dijo Popper.
Me quedo con una imagen y un sonido, la magia de la música de rock en una calle de Gracia. Una caterva de chavales apostados frente a la puerta de un almacén escuchando los acordes de las guitarras ensayando una mañana festiva de primavera. Que, ¿quiénes eran los músicos?. ¡Y que más da!. Era un instante de encantamiento sideral.
Pasados mas de cuarenta años, si, me he comprado una Fender stratocaster. Es la fuerza del ayer.
Corrían los años sesenta, años de adolescencia. Dicen que fueron difíciles esos tiempos, y menos mal que lo fueron. Para ir a cualquier parte había que caminar, sano ejercicio. Para comprar o diligenciar papeles había que hacer cola, santa paciencia. No siempre teníamos el estómago lleno, y mucho menos agradecido, bendita templanza. Pero soñábamos, como nunca. Soñábamos con lo tangible, o con lo intangible humano, tan real como el agua del mar. Trolebuses en el amanecer para ir a jugar al fútbol los domingos. Tranvias abarrotados en el anochecer, de vuelta a casa. Todo impecablemente esforzado, todo en consonancia con nuestra propia realidad, ninguna virtualidad. Y es que la realidad, per se, es infinitamente prolija. Abarca lo inabarcable, contiene todas las oportunidades y nos ofrece un horizonte inmenso. De aquellos días han quedado cosas para continuar, a pesar de muchos. Nos queda la ilusión, una vez perdida la esperanza. Nos queda el sentimiento, una vez perdida la fe. Nos queda el honor, una vez perdida la compostura.
Que todo pasa y todo queda, ya se ha dicho, y no por rimar unos versos. Tampoco se trata de volver al pasado, eso es termodinamicamente imposible, sino de reflexionar las estrofas del poeta y conservar lo que queda, y sumar la experiencia, reconocer los errores y aprender, como dijo Popper.
Me quedo con una imagen y un sonido, la magia de la música de rock en una calle de Gracia. Una caterva de chavales apostados frente a la puerta de un almacén escuchando los acordes de las guitarras ensayando una mañana festiva de primavera. Que, ¿quiénes eran los músicos?. ¡Y que más da!. Era un instante de encantamiento sideral.
Pasados mas de cuarenta años, si, me he comprado una Fender stratocaster. Es la fuerza del ayer.
martes, 29 de septiembre de 2009
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